VALENTINA TERESHKOVA, LA PRIMERA MUJER QUE VIAJÓ AL ESPACIO

Cuando se cumple el 50º aniversario de la llegada del hombre a la Luna, se hace necesario recordar a la primera mujer – y también la primera civil – que voló al espacio, seis años antes de que Neil Armstrong pusiera su pie sobre la superficie lunar y tan solo dos años después de que Yuri Gagarin se colgase la medalla de ser el primer humano en viajar al espacio exterior.

Valentina Tereshkova, a quien apodaban “Chaika” (gaviota, en ruso), era una joven proletaria, sin apenas estudios, que trabajaba en una fábrica textil. Pero el 16 de junio de 1963, cuando tenía 26 años, se convirtió en la primera mujer en visitar el espacio a bordo de la nave Vostok 6, cumpliendo con éxito una misión clave para la historia espacial rusa, pero también para la historia de las mujeres: 70 horas de vuelo y 48 vueltas alrededor de la Tierra.

Ya desde muy joven, Valentina demuestra un gran interés por el paracaidismo y se une al Aeroclub local. Más tarde, como miembro del partido comunista, Tereshkova entra a formar parte de las candidatas menores de 30 años, con menos de 1,70 de altura y 70 kg de peso que pueden ser seleccionadas para participar en una pionera misión espacial. Valentina abandona el taller textil al ser reclutada e incorporada de manera honoraria a la Fuerza Área Soviética y empiezan a entrenarla exhaustivamente para poder convertirla en la primera civil en viajar al espacio: vuelos de ingravidez, pruebas de aislamiento, pruebas en centrifugador, teoría de cohetes, naves espaciales de ingeniería…

Durante su vuelo, que dura unos tres días, Tereshkova sufre nauseas, malestar físico y se enfrenta a un error en la programación de la trayectoria que debe corregir para que la nave no se aleje de la Tierra. Aún así, mantiene como está previsto un registro de vuelo y toma fotografías del horizonte, que serán utilizadas posteriormente para identificar las capas de aerosol de la atmósfera.

Tras aterrizar a salvo en tierras kazajas, después de abandonar la cápsula de vuelo y descender desde 6.000 metros de altura en paracaídas, su madre, que hasta entonces la creía en un campeonato de salto, le pregunta al quitarle el traje de astronauta si en el espacio exterior ha visto a Dios.

Tras su misión, Tereshkova se gradúa como ingeniera espacial en 1969 y se dedica a la política durante y después del colapso de la Unión Soviética. La cosmonauta sigue siendo considerada una heroína en la Rusia post-soviética, hasta el punto de que en la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014, portó la bandera y recorrió las calles de San Petersburgo con la antorcha olímpica.

 

Hoy anciana, con 76 años, y ante la noticia de los próximos viajes espaciales tripulados a Marte, sorprendió a muchos expresando su deseo de viajar al planeta rojo, incluso si su viaje fuera solo de ida. Aunque no consiga ser reclutada de nuevo, Valentina Tereshkova es pura historia terrícola y ya existe un cráter en la cara oculta de la Luna que lleva su nombre.

 

Posiblemente ustedes no puedan imaginar lo hermoso que es. Cualquiera que vea La Tierra desde el espacio exterior, no puede dejar de ser asaltado por una sensación de reverencia y amor por este planeta, que es nuestro hogar.