Rukhmabai, de novia infantil a médica y activista

Rukhmabai tenía apenas 11 años cuando su madre decidió que ella debía contraer matrimonio, como dictaba la tradición de su casta familiar. La chica había nacido en Bombay hacia el año 1864. Cuando era apenas todavía un bebé, su padre falleció. No obstante, su madre volvió a casarse un tiempo más tarde gracias a que los miembros de su grupo social permitían el matrimonio de viudas.

La pequeña acompañó a su madre cuando esta formó un nuevo hogar junto a Sakharam Arjun. El padrastro de la niña gozaba de cierta notoriedad en la ciudad. Era médico y distinguido por sus labores como activista social. Sin embargo, las ideas progresistas del nuevo esposo no fueron suficientes para debilitar las concepciones tradicionales de la madre.

Ella insistía en que su hija debía casarse lo antes posible, de acuerdo a las costumbres de su casta. A pesar de las retistencias, comenzó los preparativos para convertir a Rukhmabai en una mujer casada.

El novio escogido fue Dadaji Bhikaji, un joven de 19, primo de Sakharam Arjun. A pesar de este vínculo sanguíneo, el esposo de su madre se convirtió en un valedero apoyo para evitar que la joven fuese sometida a lo que él consideraba una vida poco acorde “con los tiempos”.

Luego de extensos preparativos y acuerdos, el padrastro logró que la familia del novio aceptara enviarlo a vivir con él, su esposa e hijastra. El médico se encargaría de mantener a la pareja durante el tiempo necesario para que el joven adquiriera una “adecuada” educación que le permitiera estar al nivel cultural de su prometida. Aunque había muchas expectativas respecto al muchacho, no parecía muy interesado en las nuevas posibilidades a su alcance.

Seis meses después de la ceremonia, Rukhmabai tuvo su primera menarquia. La tradición establecía que tras ese momento los esposos debían consumar el matrimonio a través de un ritual ceremonial. El doctor Arjun se opuso rotundamente pues la chica todavía no cumplía los 12 años.

La decisión del jefe de familia prevaleció pero el novio, con 20 años, quedó contrariado. Comenzó a faltar a las clases que recibía gracias a los contactos de su familia política y, tras la muerte de su madre, decidió vivir con una tía que le impulsó a los juegos de azar. Poco a poco el joven acumuló cuantiosas deudas que cubrió despilfarrando la dote que acompañaba a su esposa.

Sin embargo, por aquella misma época, Rukhmabai continuaba estudiando en casa bajo la tutela de su padrastro. El doctor Arjun la impulsó a conseguir libros en una biblioteca organizada por la Misión Free Church a la cual el gobierno británico, entonces metrópolis de la India, permitía operaciones.

Además, asistía a eventos donde mujeres de alta jerarquía social abogaban por los derechos femeninos, así como otras reuniones que ampliaron su percepción sobre la realidad social. Un poco más tarde, se negó a abandonar la residencia familiar para ir a la casa de Bhikaji según la costumbre. Una vez más tuvo el apoyo de su padrastro.

Un largo divorcio

A mediados de marzo de 1884, el esposo de Bhikaji contrató a dos prestigiosos abogados de la época. A través de ellos envió un aviso legal a Sakharam Arjum para que le permitiera que su esposa se reuniera con él. La familia de Rukhmabai buscó ayuda con el bufete Payne-Gilbert, quienes consiguieron distender un poco más la separación.

El conyugue no aceptó esta nueva negativa y, a finales de 1885, consiguió presentar su caso ante un juzgado. El letrado a cargo de decidir la situación realizó una extensa investigación. Si bien encontró varios ejemplos en la ley británica sobre la anulación de un matrimonio contraído por la fuerza durante la infancia, no halló homólogos en la hindú.

Finalmente, y contra las expectativas el juez dictaminó que Rukhmabai no había consentido en ser casada en su “indefensa edad”. Y por lo tanto, no podía ser obligada a mantener la unión.

Poco tiempo después, la decisión llegó a los periódicos locales y en breve a los de alcance nacional. La críticas al respecto fueron diversas pero las más sonantes recriminaban al abogado por desconocer las leyes y costumbres indias en detrimento de las británicas. Una nueva apelación, de parte del novio, no se hizo esperar.

Esta vez, Bhikaji expuso sus demandas ante el Tribunal Supremo. No obstante, Charles Sargent, presidente de la institución jurídica, ratificó el veredicto anterior. Para 1887, un juez indio decretó que la joven debería reunirse con su marido y vivir junto a él o enfrentar la cárcel durante seis meses.

Rukhmabai respondió a este mandato que prefería la prisión a aceptar el veredicto. Las decisiones de la muchacha, su familia y los letrados se habían ganado en puesto en el seno de grandes debates públicos y sus palabras causaron agitación y cuestionamientos sociales.

Algunos medios locales afirmaron que esta actitud desafiante no era más que el resultado de una educación inglesa. Para muchos, “el verdadero hinduismo” estaba en peligro. La siguiente apelación de la chica estaría dirigida directamente a la reina Victoria.

La soberana inglesa anuló todos los tribunales compuestos para analizar el caso y disolvió oficialmente el matrimonio. Rukhmabai agradeció esta disposición mediante una carta pública que una vez más elevó los ánimos entre sus contemporáneos.

Más allá de todo esfuerzo, en julio de 1888 Bhijaji desistió formalmente a sus reclamos de vida conyugal. No obstante, un acuerdo le otorgó dos mil rupias por su renuncia.

La determinación de la joven y el apoyo familiar que recibió, así como el debate público, fueron claves para generar una reforma interna. Gran Bretaña y la India finalmente se abocaron la búsqueda de medidas que frenaran el elevado número de matrimonios infantiles. Como resultado, en 1891 se promulgó una “Ley de edad de consentimiento” que elevó de 10 a 12 la edad en que las niñas podían decidir o ingresar a una unión conyugal.

La ciencia como nuevo horizonte

Aunque el proceso de separación fue largo y desgastante, Rukhmabai seguía siendo impulsada por su allegados a elevar su educación. Poco a poco, se hizo muy cercana a la doctora Edith Pechey. Junto a ella, se involucró en diferentes proyectos para recaudar fondos que facilitaron su acceso a la educación superior. Más adelante, también obtuvo una ayuda económica de parte de los defensores del sufragio universal en la India.

Luego de varias estrategias, la joven recaudó el dinero suficiente para pagar sus estudios. En 1889, se trasladó a Inglaterra con el objetivo de licenciarse en Medicina.

Hacía el año 1894 obtuvo su doctorado en dicha especialidad en la Escuela de Medicina para mujeres de Londres. Además, recibió amplia preparación en el Royal Free Hospital de la capital británica. A pesar de que otras dos mujeres de su país se habían graduado en dicha institución, solo una de ellas llegó a practicar la profesión. Por lo tanto, Rukhmabai se convertiría en la segunda mujer india en convertirse en médica.

Un año tras su graduación determinó que era el momento de volver a casa. A su regreso, le ofrecieron el puesto de Directora Jefe del Hospital de Mujeres de Surat. Luego de estas fechas su recorrido se hizo constante, encaminado siempre hacia el trabajo.

Con el paso del tiempo, sería candidata para cargos más prestigiosos. En 1918 fue seleccionada para una posición en el Servicio Médico de la Mujer, a título real. Sin embargo, declinó la oferta con el objetivo de trasladarse al Hospital Estatal para Mujeres Zenana,  en Rajkot.

En esa región fue una de las impulsoras del establecimiento de la Sociedad de la Cruz Roja. Finalmente, alcanzó a ver este objetivo materializarse.

Poco más de una década transcurriría hasta el retiro de Rukhmabai. Al obtener su jubilación, finalmente regresó a Bombay, su ciudad natal. Desde ahí se encargó de ver salir a la luz su panfleto “Purdah-la necesidad de su abolición”. En este documento defendía la necesidad de que las jóvenes viudas tuvieran más oportunidades de contribuir activamente a la sociedad india.

Sus labores como activista social y defensora de los derechos de la mujer continuaron hasta su muerte, el 25 de septiembre de 1955. Curiosamente, llegó a su lecho final vestida con un sari blanco. Había adoptado el uso de la prenda tradicional destinada a las viudas, luego de conocer acerca del deceso de Bhikaji en 1904.