VACUNAS CON FIRMA DE MUJER

Últimamente hablamos mucho de vacunas por lo que tú ya sabes (guiño-guiño). En estos meses hemos conocido que los descubrimientos de una científica húngara llamada Katalin Karikó han sido fundamentales para desarrollar las vacunas de Moderna y Pfizer contra la covid-19. También que Kathrin Jansen es la científica que lidera el equipo de investigación y desarrollo de vacunas de Pfizer. Y que otra científica, Sarah Gilbert, lidera el equipo que trabaja en la vacuna de Oxford. Como cuenta Bloomberg, son mujeres las que están liderando el desarrollo de las vacunas que nos liberarán de esta pandemia, pero no son ni mucho menos las primeras que han trabajado en otras vacunas que también han salvado millones de vidas.

A menudo se nos olvida que si ahora tenemos unos mejores niveles de vida es, en buena parte, por las vacunas. Que generaciones anteriores a la nuestra y nosotros mismos nos hayamos vacunado desde pequeños hace que algunas enfermedades que estuvieron muy presentes en la vida de, sin ir más lejos, padres o abuelos, sean algo completamente desconocido para nosotros. Recuerdo perfectamente preguntar de pequeña por qué una de las hermanas de mi abuela es coja. “Es que tuvo la polio”. Mi yo infantil no entendía qué era eso. “Era una enfermedad que había antes”, me contestaron. También recuerdo la cicatriz en el brazo de una de mis tías por la vacuna de la viruela. Si no sabía lo que eran era precisamente porque las vacunas habían funcionado.

Aunque se atribuya el descubrimiento de las vacunas a Edward Jenner, hubo una mujer que, bastantes años antes que él, llevó a Inglaterra desde el Imperio Otomano la técnica de la variolización (la inoculación del virus de la viruela en personas sanas). Como muestra esta línea temporal de la historia de las vacunas creada por el Colegio de Médicos de Filadelfia, era una técnica que se venía usando en China e India muchos siglos antes, y que llegó hasta Constantinopla, donde Lady Mary Wortley Montagu (1689 – 1762) la conoció e incluso la aplicó a su propio hijo. Lady Montagu estaba allí debido a que su marido era embajador. 

A la vuelta a territorio británico, Lady Montagu se encargó de convencer a monarcas europeos para que se inocularan, haciendo que la técnica acabara propagándose en Europa de manera previa al descubrimiento de la vacuna. Lady Montague no era científica, pero el método que observó y explicó allá donde no se conocía salvó vidas.

El trabajo de la patóloga Anna Wessels Williams a finales del siglo XIX fue remarcable. Aisló una cepa de la bacteria de la difteria que podía usarse para producir antitoxinas que contrarrestaban la enfermedad. Logró que, un año más tarde de su descubrimiento, la vacuna se produjera de manera masiva y se distribuyera gratuitamente en Estados Unidos. Como cuenta Mujeres con ciencia, la científica no solo contribuyó a la vacuna de la difteria, también a la de la rabia y al mejor diagnóstico de la rabia: para 1898 ya había logrado desarrollar una vacuna que fuera efectiva y que se podía producir de manera masiva. Tras la vacuna, siguió trabajando en el diagnóstico de la enfermedad y sus descubrimientos consiguieron que los resultados de las pruebas llegaran más rápido. También trabajó en investigaciones sobre la gripe, el tracoma, las enfermedades de transmisión sexual, la polio e incluso la gripe española.

Anna Wessels Williams

Hay más descubrimientos logrados por mujeres que fueron cruciales en la lucha contra distintas enfermedades y sus vacunas. Tres científicas fueron las que produjeron las primeras vacunas de la tosferina en EE UU entre los años 1930 y 1940: Grace ElderingPearl Kendrick y Loney Gordon lo lograron en medio de la Gran Depresión, lo que implicó escasez de dinero: como explica este artículode la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, en los primeros momentos de investigación tuvieron que hacerlo en sus horas libres en el laboratorio. Para proporcionarles financiación, unieron a departamentos de salud pública, médicos, agrupaciones ciudadanas y de mujeres y asociaciones de padres y maestros.

GRACE ELDERING, PEARL KENDRICK Y LONEY GORDON

Margaret Pittman identificó seis tipos de una bacteria que causa diferentes infecciones, la meningitis entre ellas; contribuyendo al desarrollo posterior de su vacuna. Como cuenta la Enciclopedia de Arkansas, de donde era Pittman, también contribuyó a la producción, testeo y estandarización de las vacunas que previenen la fiebre tifoidea, el cólera, la tosferina y otras enfermedades, y desarrolló métodos para probar la potencia de las mismas en los laboratorios.

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Margaret Pittman en 1937

En la primera vacuna contra uno de esos tipos de la bacteria, Hib, que causa la meningitis y la neumonía, también participó una mujer: Rachel Schneerson y su equipo que desarrolló la vacuna y que, posteriormente, mejoró para que los bebés pudieran ponérsela de manera efectiva.

Para que la vacuna de la polio se desarrollara de la mano de Jonas Salk, el trabajo de Isabel Morgan fue fundamental. Como explica este artículo de The Conversation, descubrió que la principal ruta de infección y de entrada del virus e inmunizó con éxito a un grupo de chimpancés. Sus estudios fueron la base para que Jonas Salk desarrollara la primera vacuna contra la enfermedad.

Podría seguirte hablando de muchas más científicas: Leone Farrell (sus descubrimientos hicieron posible la creación masiva de vacunas de la polio y, después, del cólera y la disentería), Dorothy Horstmann (descubrió que la polio estaba presente en el torrente sanguíneo de la persona enferma y sentó las bases para el desarrollo de la vacuna), Anne Szarewski (su trabajo demostró que el virus del papiloma humano estaba relacionado con el cáncer de cuello uterino, que permitió el desarrollo de la vacuna para prevenir este virus y el cáncer relacionado), Ruth Bishop (lideró el equipo que descubrió el rotavirus, la causa principal de diarrea severa en niños, lo que propició la búsqueda de la vacuna contra él)…

En 2020 conocimos los nombres de las mujeres que pueden cambiarnos nuestra vida con la vacuna que acabará con esta pandemia. Seguramente sigamos viéndolas en entrevistas explicando todo el trabajo que están haciendo junto a sus equipos. Pero en 2021 podemos seguir aprendiendo los nombres de las que nos cambiaron y mejoraron nuestras vidas incluso antes de que naciéramos.

LA MATRIOSKA DE VERNE – EL PAÍS