La campaña “Infinitas” del Cabildo de Gran Canaria defiende la automía y la diversidad como vías hacia la igualdad real

Macarena Suárez

La importancia de la autonomía de las mujeres y la diversidad femenina protagonizan la séptima entrega de la campaña ‘Infinitas’ del Cabildo de Gran Canaria para lograr la igualdad real, iniciativa que comenzó con motivo del Día de la Mujer para romper estereotipos durante todo el año con una protagonista, un vídeo, una sesión fotográfica y una décima, y que todavía guarda en la recámara dos episodios más, uno cada octavo día de octubre y noviembre. 

La grancanaria Macarena Suárez, autónoma y asesora laboral, encarna la cita de septiembre de la campaña y se convierte además en la más joven de las protagonistas de esta iniciativa lanzada el 8 de marzo para desterrar ideas preconcebidas ligadas al físico y al género. 

“No soy de propios ni extraños, soy mi propia garantía”, se lee sobre la piel del brazo izquierdo de la modelo, palabras que pertenecen a los versos que el verseador Yeray Rodríguez ha escrito para la ocasión y que aluden a la capacidad de decisión y de ser dueñas de sus vidas, rasgos que definen a las mujeres infinitas, afirmó la consejera de Igualdad del Cabildo de Gran Canaria, Sara Ramírez. 

La modelo agradeció la oportunidad que le brindó el Cabildo de participar en un proyecto con “mujeres reales” que logra un “resultado único” tanto en la esencia del mensaje como en el plano artístico. 

Una de las artífices del resultado final, la fotógrafa Teresa Corroa, explicó que Macarena Suárez se mostró ante su cámara como la encarnación de una generación de jóvenes luchadoras para las que la vida no ha sido fácil y, sin embargo, “han salido fortalecidas de las situaciones que han vivido hasta convertirse en mujeres libres”.  

Macarena Suárez inoculó en la campaña su seguridad y firmeza, elementos indisociables de su actitud ante la vida y que coinciden con el texto rotulado por el calígrafo Felo Monzón sobre su cuerpo.

MUERE MARGARITA SALAS, LA MARIE CURIE ESPAÑOLA

Margarita Salas, referente de la ciencia española

La investigadora inició el desarrollo de la Biología molecular y realizó importantes aportaciones sobre cómo funciona el ADN.

Margarita Salas (Asturias, 1938), una de las científicas más destacadas de España, ha fallecido el pasado jueves 7 de noviembre a los 80 años de una parada cardiorrespiratoria tras una complicación de una dolencia digestiva por la que llevaba tres semanas en observación y de la que iba a ser operada. Inició el desarrollo de la Biología molecular en España. Su estudio del fago Phi29, un virus que infecta a las bacterias, permitió conocer cómo funciona el ADN y cómo la información que contiene se transforma en las proteínas que hacen funcionar al virus.

Salas tuvo que irse en 1964 a trabajar a Nueva York con el Nobel Severo Ochoa, escapando de lo que ella recordaba como “un páramo científico” sin financiación para hacer investigación. Allí estuvo trabajando durante tres años y aprendió cosas que marcarían su carrera posterior. “Hay que hacer investigación básica de calidad, pues de esta investigación saldrán resultados que no son previsibles a priori y que redundarán en beneficio de la sociedad“, recordaba Salas que decía su maestro.



UNA VIDA DE CIENCIA

Regresó a España al Centro de Investigaciones Biológicas (CIB) con una ayuda de la organización estadounidense Jane Coffin Childs Memorial Fund for Medical Research y comenzó a trabajar con su virus phi29, en principio para conocer su funcionamiento a nivel molecular, buscando esa investigación de calidad a la que se refería Ochoa. Sin embargo, el conocimiento de ese microorganismo le permitió crear una tecnología que revolucionó las pruebas de ADN y ha reportado al CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) importantes beneficios económicos. Este mismo año, la científica ha recibido el premio de honor de la Oficina Europea de Patentes por toda su carrera. La presidenta del CSIC, Rosa Menéndez, ha lamentado la pérdida para la ciencia española y ha destacado la ilusión que le hizo a la investigadora ese premio y en particular otro que se otorgaba por reconocimiento del público a sus esfuerzos.

El trabajo en el laboratorio de Margarita Salas le permitió conocer cómo se replicaba el ADN del virus, que tenía unas cualidades óptimas para multiplicar el material genético. Esta característica lo hacía interesante como herramienta para hacer las copias de ADN que muchas veces se necesitan para los análisis de pequeñas muestras recogidas en un lugar del crimen o en un yacimiento arqueológico.

La investigadora, que estuvo casada con el también científico Eladio Viñuela (fallecido en 1999) e iba a cumplir 81 años el próximo 30 de noviembre, patentó su sistema de amplificación de ADN en EE UU en 1989 y después en Europa en 1997 a nombre del CSIC. Durante los seis años en que la patente estuvo activa, entre 2003 y 2009, generó más de seis millones de euros. Se estima que los productos que incorporan la tecnología desarrollada por Salas rondarán los 150 millones de euros en 2020.

La investigadora también es conocida por su labor como formadora de científicos. María Blasco, directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas y discípula de Salas, recuerda que ella “trajo la biología molecular a España” y enseñó a muchos de los líderes de la ciencia española actual a hacer ciencia. “Apoyó a los científicos durante toda su carrera y creaba unos vínculos científicos y humanos intensos”, señala. Científicos destacados como Marisol Soengas, del CNIO, Jesús Ávila, uno de los más destacados en el estudio del Alzhéimer, o la exministra de Ciencia y empresaria Cristina Garmendia recibieron sus enseñanzas. Blasco destaca también el énfasis que les transmitió en que una investigación básica de excelencia proporcionaría después, aunque no se buscase directamente, beneficios prácticos.

Garmendia ha expresado su cercanía a toda su familia, “en particular a su hija Lucía”, y ha asegurado que de la fallecida aprendió su “pasión por la ciencia y el rigor de todos y cada uno de los experimentos pero también la cultura del esfuerzo y el valor del trabajo en equipo”.

Durante muchos años, Salas fue reacia a ocupar puestos administrativos. Trabajadora y formadora incansable, no quería dedicar tiempo a actividades que le alejasen de una pasión a la que siguió dedicada hasta sus últimos días. Sin embargo, con el tiempo comenzó a ceder y asumió su papel como figura representativa de la ciencia española en general y de las mujeres científicas en particular.

Blasco recuerda cómo durante los primeros años de Salas trabajando como investigadora en España tuvo que enfrentarse a las reticencias de grandes figuras como Alberto Sols respecto a la capacidad femenina para la ciencia. En EE UU, en un entorno más profesionalizado, eso cambió, pero a su regreso a España, a finales de los sesenta, tuvo que volver a pelear para demostrar que era una gran investigadora, además de la esposa de Eladio Viñuela. Lo logró, sin duda. En 1988 fue nombrada presidenta de la Sociedad Española de Bioquímica y en 1992 directora del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa. En 2007 se convirtió en la primera mujer española en ingresar en la Academia Nacional de Ciencias de EE UU y en 2003 entró en la Real Academia Española (RAE).

Precisamente, el director de la RAE, Santiago Muñoz Machado, desde el Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española, que se celebra en Sevilla, se ha referido a Salas, que fue elegida para la silla i de la institución en diciembre de 2001, como “una persona muy cumplidora en sus tareas en la RAE“.  Salas entró en la Academia en 2003 con el discurso Genética y lenguaje y en 2008 depsitó en la Caja de las Letras, del Instituto Cervantes, dos cuadernos con notas de sus investigaciones en el laboratorio de Severo Ochoa en la Universidad de Nueva York, informa Manuel Morales.

Hace pocos meses, cuando recibió el premio de la Oficina Europea de Patentes, Salas aseguraba que seguía yendo al laboratorio todos los días. Garmendia recordaba hoy que en su última conversación con ella planeaban una comida “para hablar de la empresa que junto a Luis Blanco y Antonio Bernard”, los otros descubridores de las capacidades biotecnológicas del phi29, lanzaron hace unos años. Nunca dejó de disfrutar de su pasión.

INCANSABLE CONTRA EL MACHISMO

La bióloga molecular Margarita Salas ha fallecido este jueves a los 80 años viendo un pequeño sueño cumplido. “En el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) no ha habido ninguna mujer presidenta todavía”, criticaba Salas en una entrevista con este periódico en 2015. “Es evidente que a los puestos más altos no han llegado todavía las mujeres”, denunciaba. Dos años después, la química asturiana Rosa Menéndez cogió las riendas del CSIC, el mayor organismo público dedicado a la ciencia en España y la institución en la que Margarita Salas desarrolló casi toda su carrera.

Además de investigadora excelente, “Margarita fue también incansable en la denuncia de la situación de discriminación de las mujeres en la ciencia”, aplaudió ayer la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (Amit) en un comunicado. “Ella misma reconocía que tardó en darse cuenta de ese hecho y de cómo había afectado a su propia carrera, pero una vez que fue consciente ya no se detuvo en la denuncia pública de esa discriminación

Daniel Mediavilla – EL PAÍS

MATERIAL PARA TRABAJAR CON EL ALUMNADO:

Hoy hablamos de ella en clase es una serie de cuadernillos dirigidos al profesorado de Secundaria para llevar a sus aulas actividades que den a conocer a algunas científicas relevantes. Los textos han sido elaborados por profesorado universitario y el diseño es obra del personal de la Biblioteca de la Universidad de La Laguna.

Las once científicas son: Ada Lovelace (1815-1852), Barbara McClintock (1902-1992), Eleonor Beatrice Marcy Sweeney (1914-1989), Emmy Noether (1882-1935), Florence Nightingale (1820-1910), Hedy Lamarr (1914-2000), Margarita Salas (1938), Mary Somerville (1780-1872), Rosalind Franklin (1920-1958), Sofia Kovalevskaya (1850-1891) y Winifred Brenchley (1883-1953).

En cada cuadernillo, las primeras páginas contienen una imagen de la científica aludida, su biografía, algunas curiosidades y datos interesantes acerca de su investigación. Y, en la segunda parte, se proponen algunas actividades para realizar en al aula, todas ellas relacionadas con el área en la que cada científica ha desarrollado sus investigaciones.

Los cuadernillos pueden descargarse e imprimirse de manera gratuita (para uso no comercial) en este enlace.

DOSSIER DE TRABAJO – MARGARITA SALAS

Desde la Red de Igualdad se ha querido homenajear a esta gran científica y por este motivo se preparado un panel con información de interés sobre esta gran mujer y la labor encomiable que realizó en su vida profesional. Durante varios días la exposición ha sido visitada con el alumnado de diferentes materias.

OCHO MUJERES SURREALISTAS QUE NO SON Frida Kahlo

La historiadora de arte Whitney Chadwick señala en el catálogo In Wonderland: Las Aventuras Surrealistas de Mujeres Artistas en México y los Estados Unidos (registro de la exposición realizada el año 2012 del museo LACMA): El Surrealismo tuvo un modelo de prácticas creativas que animaron a muchas mujeres a adaptar sus principios a la búsqueda de vincular la auto-identidad artística con el género y sexualidad femenina.

A pesar de que en el movimiento surrealista que tuvo lugar en la Europa del siglo XX predominaron los hombres, las mujeres han contribuido a este género a lo largo de ese siglo y hasta en el período contemporáneo. Así que dejaremos a nuestra querida Kahlo esta vez fuera, para destacar a otras ocho mujeres surrealistas cuyas carreras abarcaron todo, pintura, fotografía y hasta poesía.

GERTRUDE ABERCROMBIE

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The Courtship, 1949

Con un gusto por la luna, los gatos negros y las mujeres misteriosas, Gertrude Abercrombie conjuró un imaginario y medio oeste gótico en sus pinturas. Originaria de Austin, Texas, Abercrombie pasó la mayor parte de su vida en Chicago y, en la década de 1940, ella y su marido se instalaron en un lujoso hogar victoriano, donde a menudo realizaron extravagantes fiestas para músicos de jazz y artistas. En contraste con su agitada vida, las figuras planas de Abercrombie y los paisajes amplios – iluminados silenciosamente por el cielo de la noche – le dan un toque mundano a pinturas de otro mundo.

REMEDIOS VARO

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     Papilla Estelar, 1958

Cuando comenzaba la Segunda Guerra Mundial, la pintora española Remedios Varo y su segundo esposo, el poeta surrealista francés Benjamin Péret, huyeron de la España de Franco y de la París ocupada por los nazis, estableciéndose finalmente en México, donde Varo desarrolló su ingenioso estilo de surrealismo. Muy influenciada por la literatura, la naturaleza, la religión y sus amistades con la pintora Leonora Carrington y la fotógrafa Kati Horna, Varo tradujo sus curiosidades intelectuales y espirituales en imágenes fantásticas. Desde la mujer encubierta con ojos en forma de almendra y pelo plateado salvaje, preparándose para liberarse de un espíritu masculino en Mujer saliendo del psicoanalista (1960), a una delgada figura femenina que se ve encaramada en el espacio, moliendo las estrellas y alimentando a una luna creciente encerrada en Papilla Estelar (1958), las pinturas de Varo son el más salvaje de los sueños.

DOROTHEA TANNING

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Izquierda:  Fatal, 1947

Derecha:  High Wires, 1950

Birthday (1942) es un cautivador e inquietante autorretrato de Dorothea Tanning como una mujer de pecho desnudo. La artista y una criatura mítica y alada miran a un intruso desconocido -quienes podríamos ser nosotros, los espectadores- que interrumpen a los personajes antes de embarcarse en un viaje por el infinito pasillo de las puertas abiertas. Inspirada en el dadaísmo, el bronceado representaba a menudo a mujeres jóvenes en estados de reposo emocional y sexualmente cargados. Dorothea vivió en Nueva York, donde conoció a otros surrealistas y a su marido Max Ernst. La pareja pasó un tiempo en esta ciudad y en Sedona, Arizona, antes de mudarse a Francia a finales de la década de 1950, donde Tanning comenzó a centrarse en la abstracción y la escultura blanda. Después de la muerte de Ernst en 1976, Tanning regresó a Estados Unidos y posteriormente publicó dos memorias.

HELEN LUDENBERG

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        Izquierda:  Portrait of Inez, 1933      Derecha: , Biological Fantasy, 1946

En 1934, una de las mujeres surrealistas más importantes de California, Helen Lundeberg, y su esposo, Lorser Feitelson, crearon lo que se conoció como post-surrealismo, escribiendo el único manifiesto de Estados Unidos para desafiar el surrealismo europeo de André Breton – que abogaba por la expresión de “El automatismo psíquico”. A diferencia de sus colegas europeos, Lundeberg creía en emplear una forma más racional de creatividad para representar la mente inconsciente. Como un sueño lúcido, sus pinturas reflexionan cuidadosamente sobre los misterios de la biología, la astronomía y la física.

MERET OPPENHEIM

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             Object, 1936

En el París de los años 30, Meret Oppenheim se movió dentro de los mismos círculos que Breton y Ernst, y trabajó como una reconocida musa fotográfica de Man Ray, en una serie de retratos desnudos y eróticos. Aunque ella experimentó con la pintura y la fotografía, Oppenheim es la más conocida por su vajilla cubierta de piel. Esta transformación de objetos cotidianos en referencias simbólicas, que apuntan a la explotación del cuerpo femenino por parte de la sociedad, logró que el reconocimiento de Oppenheim fuera por mucho más que ser una musa.

KAY SAGE

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The Outline of Silence, 1950

El evocador surrealismo de Kay Sage -que recuerda los sombríos paisajes de Giorgio de Chirico, sus edificios escarpados y las formas esféricas de su marido Yves Tanguy en espacios desolados – fue tremendamente influyente en Estados Unidos en los años treinta. Sage pasó su infancia en Europa y Nueva York, y más tarde se integró al club de chicos surrealistas parisinos, donde conoció a Tanguy en 1939. Una vez que desarrolló un estilo maduro, con formas arquitectónicas fuertes y líneas de horizonte precisas, Sage exhibió constantemente en Nueva York y Europa a lo largo de los años 40 y 50. Lamentablemente comenzó a perder la vista a mediados de los años cincuenta, pero alcanzó a escribir cuatro volúmenes de poesía y los comienzos de una memoria.

ROSA ROLANDA

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Retrato de Dolores   del Río (1931)

Originaria de California, Rosa Rolanda mantuvo una célebre carrera como bailarina de Broadway en Nueva York a principios del siglo XX, pero, influenciada por un romance con el artista mexicano Miguel Covarrubias, desarrolló un don para la fotografía y la pintura después de mudarse a México en 1925.

LEONORA CARRINGTON

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Baño de pájaros, 1974.

La artista nacida en Reino Unido, Leonora Carrington, tuvo una carrera ilustre que se extendió durante siete décadas, produciendo una amplia gama de pinturas y esculturas que exploraron temas míticos y también publicó cuentos. Instalándose en Francia con su pareja y compañero pintor surrealista Max Ernst, Carrington expuso en la “Exposición Internacional del Surrealismo” en 1938. En los próximos cuatro años, sufrió un colapso nervioso, participó en la exposición de 1942 “Primeros Papeles del Surrealismo” en Nueva York, y junto a Marcel Duchamp escriben la memoria surrealista En bas (1943) y emigra a México. Allí, Carrington desarrolló una estrecha amistad con Remedios Varo, se casó con el fotógrafo húngaro Emeric Weisz en Ciudad de México, y dominó su cautivante, mágico estilo realista.

VALENTINA TERESHKOVA, LA PRIMERA MUJER QUE VIAJÓ AL ESPACIO

Cuando se cumple el 50º aniversario de la llegada del hombre a la Luna, se hace necesario recordar a la primera mujer – y también la primera civil – que voló al espacio, seis años antes de que Neil Armstrong pusiera su pie sobre la superficie lunar y tan solo dos años después de que Yuri Gagarin se colgase la medalla de ser el primer humano en viajar al espacio exterior.

Valentina Tereshkova, a quien apodaban “Chaika” (gaviota, en ruso), era una joven proletaria, sin apenas estudios, que trabajaba en una fábrica textil. Pero el 16 de junio de 1963, cuando tenía 26 años, se convirtió en la primera mujer en visitar el espacio a bordo de la nave Vostok 6, cumpliendo con éxito una misión clave para la historia espacial rusa, pero también para la historia de las mujeres: 70 horas de vuelo y 48 vueltas alrededor de la Tierra.

Ya desde muy joven, Valentina demuestra un gran interés por el paracaidismo y se une al Aeroclub local. Más tarde, como miembro del partido comunista, Tereshkova entra a formar parte de las candidatas menores de 30 años, con menos de 1,70 de altura y 70 kg de peso que pueden ser seleccionadas para participar en una pionera misión espacial. Valentina abandona el taller textil al ser reclutada e incorporada de manera honoraria a la Fuerza Área Soviética y empiezan a entrenarla exhaustivamente para poder convertirla en la primera civil en viajar al espacio: vuelos de ingravidez, pruebas de aislamiento, pruebas en centrifugador, teoría de cohetes, naves espaciales de ingeniería…

Durante su vuelo, que dura unos tres días, Tereshkova sufre nauseas, malestar físico y se enfrenta a un error en la programación de la trayectoria que debe corregir para que la nave no se aleje de la Tierra. Aún así, mantiene como está previsto un registro de vuelo y toma fotografías del horizonte, que serán utilizadas posteriormente para identificar las capas de aerosol de la atmósfera.

Tras aterrizar a salvo en tierras kazajas, después de abandonar la cápsula de vuelo y descender desde 6.000 metros de altura en paracaídas, su madre, que hasta entonces la creía en un campeonato de salto, le pregunta al quitarle el traje de astronauta si en el espacio exterior ha visto a Dios.

Tras su misión, Tereshkova se gradúa como ingeniera espacial en 1969 y se dedica a la política durante y después del colapso de la Unión Soviética. La cosmonauta sigue siendo considerada una heroína en la Rusia post-soviética, hasta el punto de que en la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014, portó la bandera y recorrió las calles de San Petersburgo con la antorcha olímpica.

 

Hoy anciana, con 76 años, y ante la noticia de los próximos viajes espaciales tripulados a Marte, sorprendió a muchos expresando su deseo de viajar al planeta rojo, incluso si su viaje fuera solo de ida. Aunque no consiga ser reclutada de nuevo, Valentina Tereshkova es pura historia terrícola y ya existe un cráter en la cara oculta de la Luna que lleva su nombre.

 

Posiblemente ustedes no puedan imaginar lo hermoso que es. Cualquiera que vea La Tierra desde el espacio exterior, no puede dejar de ser asaltado por una sensación de reverencia y amor por este planeta, que es nuestro hogar.

¿QUIÉNES FUERON LAS “HELLO GIRLS”?

Durante la Primera Guerra Mundial, las Hello Girls jugaron un papel crucial en el frente occidental con un arma muy particular: los teléfonos.

Tras más de medio siglo luchando por su reconocimiento, las teleoperadoras que llegaron a compartir barracón con los soldados, acabarían consiguiendo la veteranía de guerra.

Aunque es de sobra conocido (aunque no tan reconocido) el esfuerzo que muchas mujeres realizaron durante la guerra, ejerciendo de madres en solitario, de enfermeras en el frente y de trabajadoras en las fábricas, otras tantas participaron activamente en el campo de batalla y su papel fue determinante en el conflicto.

Corría el año 1918, cuando la Armada norteamericana decide enviar a 450 mujeres a Francia para ayudar en la Primera Guerra Mundial sirviendo para el ejercito como teleoperadoras de teléfonos. Más de 7.000 mujeres se habían presentado como voluntarias, pero solo unos cientos fueron seleccionadas.

Todas comparten una serie de características: hablan con fluidez el inglés y francés, y son entrenadas exhaustivamente por la American Telephone and Telegraph Company para realizar comunicaciones de guerra.Al finalizar el entrenamiento militar, todas ellas son enviadas a París para desempeñar sus tareas y, posteriormente, son trasladadas en pequeños grupos a diferentes puntos del país y a diversos escenarios a lo largo del conflicto.Están en el mismo campo de batalla que los soldados.

Al igual que el resto de combatientes estadounidenses, las “Hello Girls” juran la bandera, llevan uniformes, tienen rango y son juzgadas por la justicia militar. Reciben el mismo salario que los soldados de su misma posición en el ejército y, al igual que los combatientes, asumen riesgos al refugiarse en barracones que son incendiados durante los bombardeos. Tal y como reconocía la historiadora Elizabeth Cobbs, autora del libro The Hello Girls

Estas mujeres estaban en puestos de extrema responsabilidad y confianza, porque cada comando para abrir fuego o para detener una ofensiva, para avanzar o retroceder en la Primera Guerra Mundial, se hizo por teléfono. Y esa llamada estaba conectada por una mujer que podía escuchar cada palabra.

Y es que su trabajo consiste en realizar la conexión directa de las tropas con el general al mando y transmitir así todos los comandos de guerra, de los que depende el éxito o el fracaso de las batallas. El General de los Ejércitos John J. Pershing (el militar con más rango de la historia de Estados Unidos, junto a George Washington) había solicitado personalmente que fuesen mujeres las que realizasen esta tensa tarea por considerarlas “más pacientes, esforzadas, trabajadoras y fiables que los hombres”.

Lucha por el reconocimiento

A pesar del papel que han jugado durante el conflicto bélico, una sorpresa desagradable les espera al acabar la guerra: el gobierno estadounidense les dice que no han sido soldados. Por eso, durante 60 años, las “Hello Girls” pelean por su reconocimiento. Y es que las Fuerzas Armadas, un sector totalmente masculino, les agradece su colaboración pero se niega a otorgarles los beneficios de los veteranos de guerra por el hecho de ser mujeres. Será en el año 1977 cuando finalmente lo consigan, aunque sólo una pequeña parte de ellas puede disfrutarlo, pues la mayoría ya no sigue con vida.

Una película documental, estrenada en el 2018, nos recuerda la particular historia de estas mujeres que lograron probar, tras una larga batalla, que su labor había sido esencial para la victoria del frente occidental.