Características de la etapa

La ampliación, en la Ley de Ordenación General del Sistema Educativo, de la educación obligatoria hasta los dieciséis años en una única red escolar ha supuesto que dentro de ella se incluyan la Educación Primaria completa y cuatro años de Educación Secundaria.

 Esto lleva consigo importantes cambios en la primera de estas etapas, tanto en su estructura como en sus objetivos y contenidos, al conformarse como la primera parte de los diez cursos que componen la educación obligatoria. En este sentido, hay que considerarla con valor en sí misma, evidentemente, pero también con valor preparatorio para la Educación Secundaria Obligatoria, puesto que junto con ella constituye la formación académica que recibirá parte de nuestros alumnos y alumnas.

 Es necesario tener en cuenta que a la etapa de Educación Primaria pueden incorporarse alumnos y alumnas que ya han cursado la Educación Infantil, junto con otros que es la primera vez que acceden a la educación institucional. Ambos grupos de alumnos plantean situaciones muy distintas (en cuanto a adaptación personal, socialización, maduración, aprendizajes básicos, etc.) que será preciso tratar diferenciadamente, al menos durante los primeros meses del primer ciclo.

 Es fundamental la estrecha colaboración con la familia, para dar coherencia y sentido único a la actuación formativa desde los dos entornos en los que el niño y la niña se desenvuelven. El profesorado, por su parte, necesitará información de la familia para conocer los hábitos de estos niños y los rasgos de su carácter, para adecuar su quehacer didáctico a las peculiaridades personales y aprendizajes de estos alumnos y alumnas.

 Los niños y niñas que ya han estado escolarizados requieren continuidad y coherencia en la nueva etapa, tanto en lo que respecta al estilo de actuación del profesorado, como en relación con los contenidos que han adquirido en la anterior.

 Los niños que accedan al centro escolar de Primaria deberán adaptarse al modo de convivencia que la situación les impone: tratarán con personas adultas diferentes a las de su familia y con niños y niñas distintos a sus amigos de siempre. Por otra parte, se les va a exigir una disciplina que, aunque sea flexible, supondrá un ajuste interno importante en su forma habitual de comportarse. Igualmente, deben aprender, y ellos saben muy bien que ese es el objetivo principal para el que asisten al colegio. Esto puede llegar a crearles tensiones en su desarrollo personal. Para evitar esto, es necesario establecer las adecuadas estrategias metodológicas y la imprescindible individualización.

 Por tanto, los primeros años de la Educación Primaria cumplen una importante función compensadora y socializadora y se corresponden con el inicio de la adquisición de las destrezas instrumentales básicas (lectura, escritura y cálculo) y su aplicación al conocimiento cultural. En estos años los escolares tienen una visión del mundo muy subjetiva, siendo elevada su dependencia de los adultos.

 A lo largo de la etapa, se afianzan las mencionadas destrezas básicas y se introducen técnicas de trabajo que facilitan el acercamiento al análisis de la realidad y a una visión de ésta más racional y objetiva. Se realizan tareas de complejidad creciente, se comienza el quehacer cooperativo y los alumnos y alumnas son cada vez más autónomos con relación al profesor o profesora.

 En todo este proceso _y dependiendo de las diferencias individuales (maduración, estilo cognitivo, situación afectiva, adaptación a la escuela, etc.)_ se dan situaciones y ritmos de aprendizaje diversos, lo que hace necesario un adecuado tratamiento de la diversidad.