Renata y la lata

 

RENATA Y LA LATA

Un cuento sobre la importancia del reciclaje

Renata

 

 

 

Renata es una niña muy sensata que cada día acude al contenedor para clasificar la basura con mucho amor.

 

Una tarde de otoño cuando estaba depositando unas viejas revistas en el contenedor azul escuchó, sorprendida, cómo una voz salía del interior.

La niña asomó su puntiaguda nariz  y, a través de la ranura, observó como desde lo más profundo del contenedor, repleto de  papeles y cartones, una pequeña y abollada lata de refresco reclamaba su atención.

–         Por favor sácame de aquí– gritaba la lata– alguien por error me ha tirado a este contenedor.

–         ¿Quién eres?- preguntó Renata-sorprendida aún por estar hablando con una lata.

–         No soy una lata cualquiera. Soy una lata viajera. De reluciente aluminio aún conservo mi brillo.

Era, sin dudarlo, una lata parlanchina que de todas sus palabras hacía una rima y no podía estar en el contenedor azul. Tenía que estar junto con los envases de plástico y los bricks en el contenedor amarillo.

Renata iba a lanzarla al contenedor amarillo cuando, de nuevo, habló la lata.

–         No, no me tires aún. Ya te dije que era una lata viajera que viajando de casa en casa hasta llegué a la Nasa y desde el espacio vi la basura que hay aquí.

–         Llévame para tu casa– continuó hablando la lata– y seré un práctico portalápices para tus rotuladores de colores.

–         ¿Sabes? He tenido muchas vidas y todas ellas divertidas. En casa del carnicero fui un práctico cenicero y un hermoso collar para el cuello de Pilar y un colgante muy elegante para un famoso cantante y una noria y un camión para el niño Simón y hasta una bicicleta para la niña Enriqueta y, y y…….

–         Vale, vale, no sigas hablando que me estás mareando- dijo Renata– ¡Ay!, que yo también estoy hablando en verso.

La niña cogió la lata con mucho cuidado sin poder evitar que  unas gotas del refresco de cola que aún estaba en el fondo se derramara por su mano dejándola pegajosa.

A partir de ese día Renata fue recogiendo todas las latas de refrescos del vecindario y montó un taller de manualidades reciclables en el garaje de su casa.  Cada día, después de estudiar y hacer lo deberes del colegio, se reunía con sus amigos para construir prácticos y hermosos juguetes.

Construyeron miles de objetos que envolvieron en papel reciclado y los enviaron a los grandes almacenes que los Reyes Magos tienen en Oriente para repartirlos entre  todos los niños del Continente.

Y así, entre todos, ayudaron a salvar el Medio Ambiente.

Texto: María Jesús Cano

Ilustración: Natalia (6º de Primaria)

 

 

 

1 comentario

    • Berna Cano en 17 mayo, 2013 a las 17:01
    • Responder

    Que guapo!!!!! Me encanta y espero que no dejes de escribir. Un beso.

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