EN ABRIL, LIBROS MIL: www.dudaexistencial.com

Siguiendo con el reto de abril, mes de los libros y de las historias con sabor a primavera, quisiera compartir este relato que,en su día , escribí para un ejercicio de la Escuela Literaria, mi casa durante muchas tardes de formación y bruma lagunera.

Este relato invita a reflexionar sobre las dudas existenciales, los miedos, los sueños y las esperanzas. En el poder de los cuentos para cambiar el mundo. En el valor de los recuerdos, y en el convencimiento de que cualquier tiempo pasado fue revelador, pero nunca mejor que el HOY.

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Para Laura, con todo el amor de su primera maestra

Después de un agitado día de trabajo, en que la voluntad se cuela por el resquicio de la puerta invitándome al sueño y la desidia, recibo un amargo mensaje de mi amiga Soledad . La madre de nuestra querida amiga común acaba de fallecer. Apenas unos minutos antes deambulaba por la calle, ajena aún a la noticia, afligida por los sinsabores del día. Ansiando llegar a casa. Anhelando sumergirme en soporíferos pensamientos.

Precisamente esa tarde en que debía escribir sobre mi gran duda existencial, la muerte, va y se cuela así, de repente, sin estar invitada. El ambiente ennegrece y las palabras, que brotan del corazón, se atragantan en la garganta sin querer salir. Ni siquiera puedo marcar el número de teléfono y aguardo el momento preciso para hacer la llamada. Y pienso entonces en mi muerte y en si ,al igual que yo, algún amigo tendrá que desentumecer los dedos para marcar, y aclarar gargantas, en busca de las palabras exactas. Palabras de consuelo y alivio.

Guardo, en mi memoria desmemoriada, los recuerdos adolescentes con las amigas, las largas conversaciones y las discotequeras canciones grabadas en desgastados casetes de tres al cuarto en los que, ironía de la casera grabación, se escuchaba la voz de la madre, o de la tía, o de la hermana, en un acto de cotidiana realidad. Eran los tiempos existenciales de las dudas, de la rebeldía, de los deseos del cuerpo y del lienzo por colorear. De los furtivos besos en la clandestinidad del parque y de la vida por delante.

Si el devenir de la vida sigue el rumbo establecido moriré de anciana en una residencia y mi literatura morirá conmigo. La muerte me encontrará, sin dudarlo, escribiendo relatos de aventuras y misterios ocultos para deleite de mis seniles acompañantes. Ancianos moribundos. Irascibles personajes inspiradores de mis novelas. Público entregado y fiel de mirada dulce y verbo desgarrado.

Pero un buen día recibiré la visita de una antigua alumna que extraerá un pequeño objeto de su bolso grande. Mi primer libro de cuentos. Querrá que se lo dedique, que lo firme. Para Laura, con todo el amor de su primera maestra. Y en ese preciso instante sabré que mi vida habrá merecido la pena, que podré morir en paz. Que mis enseñanzas, o mi literatura, habrán contagiado a varias generaciones de alumnos y alumnas. Que mi huella estará en sus corazones y en sus miradas de admiración por su vieja maestra.

Que así sea.


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