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MIS CUENTOS PARA EL AULA

¿ ME CUENTAS UN CUENTO?

¡ VAYA LÍO EN LA BIBLIOTECA!

POL Y EL OSÍTO DE PELUCHE
RENATA Y LA LATA
EL TIBURÓN QUE COMÍA GALLETAS SALADAS
LA HORA DEL CUENTO

¡VAYA LÍO EN LA BIBLIOTECA!

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María Jesús Cano

Mi nombre es Lucía y según dicen los que me conocen bien (mi madre, mi hermano Saúl y mi mejor amiga Sara) soy una lectora empedernida. Vamos que me paso el día leyendo libros sobre todo de misterios y aventuras, mis favoritos.

Tengo la cabeza llena de historias que me fascinan. Lo que nunca podía imaginar es que un día iba a conocer, de verdad, a los personajes que habitan en los cuentos y que viviría una aventura increíble en la biblioteca de mi nuevo cole.

Todo comenzó el día en que a mi padre le ofrecieron un nuevo empleo en otra ciudad. Iba a ganar más dinero y teníamos que mudarnos en el plazo de un mes o se lo ofrecerían a otra persona. Mis padres lo discutieron mucho pero llegaron a la conclusión de que era lo mejor para toda la familia. A mi no me hizo mucha gracia pues era muy feliz en mi barrio y en mi cole con mis amigas de toda la vida.

Pero el nuevo cole es súper guay y lo mejor de todo tiene una biblioteca muy grande llena de libros de todos los estilos. Pronto encontré mi rincón favorito cerca del estante de los libros de aventuras.

Es mi refugio en las solitarias horas de recreo en las que todavía no he encontrado mi hueco en ningún grupo. Sé que pronto haré nuevos amigos y que me aceptarán tal como soy pero de momento prefiero la soledad de la biblioteca y la compañía de los libros.

Ayer, cuando fui a devolver un libro, sucedió algo increíble. Allí estaba la ratita presumida haciendo un pase de modelos. Elegía el mejor vestido para enamorar a sus pretendientes. Al verme entrar me hizo una señal con el dedo para que me acercara pero ante mi cara de asombro y mi gesto de avisar a la encargada de la biblioteca se escondió. Con las prisas se confundió de cuento y fue a parar a la página cinco del cuento del gato con botas. Al ver una ratita tan linda y glamurosa el gato se relamió de placer y se lanzó sobre ella para comérsela de un bocado. La ratita que además de presumida era muy lista lo vio venir y salió corriendo como alma que lleva el diablo hasta la estantería de las fábulas donde se encontró con la zorra que comía plácidamente un racimo de uvas y allí se quedó la ratita compartiendo tan suculento manjar.

Me dirigía, por fin, a devolver un  libro de hechizos y pócimas mágicas (sin creer lo que estaba pasando) cuando oí, en la estantería de los cuentos populares, una voz que gritaba ¡Socorro, ayúdenme! y salía del cuento de Caperucita Roja.

La que gritaba asustada era la abuelita. Estaba en un verdadero peligro y, para colmo de males, caperucita había desaparecido.  ¿Qué puedo hacer?  Sólo soy una niña nueva en la biblioteca del colegio sin más ayuda que un libro de “hechizos y pócimas mágicas” Ojalá pudiera entrar en el cuento para salvar a la abuelita ¿Pero dónde se habrá metido caperucita? Después de mucho buscar encontré a caperucita cómodamente instalada en el cuento de Blancanieves charlando animadamente con los enanitos del bosque. Intenté hablar con ella pero no me escuchaba. Claro, pensé, tengo que convertirme en un personaje de cuento para poder entrar y contarle lo que le sucede a su abuelita.

Abrí el libro de “hechizos y pócimas mágicas” a ver si encontraba la fórmula para entrar en los cuentos. Sólo encontré hechizos para transformar ranas en príncipes, dragones en nobles caballeros o calabazas en carrozas.

Desesperada crucé la biblioteca hasta el lugar donde la bibliotecaria, sin enterarse de nada,  leía un libro tras sus enormes gafas de carey. Le conté lo que estaba ocurriendo pero me miró con cara rara y me dijo que eran imaginaciones mías, que seguramente estaba nerviosa por estar en un colegio nuevo y que no me preocupara que pronto encontraría amigos. Bla, bla ,bla.

Como siempre los mayores no entienden nada y ven fantasmas donde nosotros vemos fantasías y mentiras donde nosotros vemos misterios. Cerré los ojos y deseé con todas mis fuerzas convertirme en un personaje de cuento para salvar a la abuelita que estaba en peligro.

No se lo van a creer pero así, sin más magia que el poder de mi mente, me transformé en Alicia. Pero no, no, no que ese no es el cuento.

-¡Ay! Tendré que usar de nuevo el poder de mi mente.

Cerré los ojos, con más fuerza aún, deseando convertirme en un personaje de cuento si, pero del cuento de caperucita.

Y ¡zas! En un santiamén me convertí en la madre de caperucita.

¡Qué guapa estoy con mi delantal nuevo, embadurnada de harina, cocinando unas ricas magdalenas para que caperucita se las lleve a la abuelita!

Me quité rápidamente el delantal y salí corriendo hasta la casa de la abuelita. Sólo se oían mis pasos en la espesura del bosque.

Cuando llegué a la casa encontré al malvado lobo intentando abrir con sus enormes y peludas patas el armario donde se había escondido la abuelita. Cogí el rodillo para amasar el pan (que fue lo único que encontré a mano) y di un fuerte mamporro en la cabeza del lobo que salió de la casa aullando de dolor.

Al abrir el armario la abuelita se abrazó a mi ¡Ay, hija mía que suerte que has venido a buscarme!  Pero, ¿dónde está caperucita?

 En ese mismo instante caperucita entró en la casa sin sospechar nada. Cuando me vio se quedó petrificada como una estatua y exclamó: ¿Pero mamá, qué haces tú aquí?

No me dio tiempo a responder porque de pronto volví a ser la niña de carne y hueso que fue a la biblioteca de su nuevo cole a cambiar un libro de hechizos y pócimas mágicas.

-Lucía, ven a jugar con nosotras – me gritaron mis nuevas compañeras desde la puerta de entrada a la biblioteca.

-¡Shhhhhh!. Silencio- oímos decir a la encargada de la biblioteca- mientras nos íbamos, todas juntas, al recreo.

ACTIVIDADES:

En el cuento que has leído aparecen diferentes personajes de cuentos clásicos. ¿Has leído alguno? ¿Cuál es tu cuento favorito?

 

Dibuja el personaje de tu cuento favorito

 

Lee los títulos de los cuentos clásicos ( y fábulas) que aparecen en el cuento y busca, en la sopa de letras, las palabras destacadas en color rojo.

  1. LA RATITA PRESUMIDA

  2. EL GATO CON BOTAS

  3. LA ZORRA Y LAS UVAS ( fábula)

  4. CAPERUCITA ROJA

  5. BLANCANIEVES Y LOS SIETE ENANITOS

  6. ALICIA EN AL PAÍS DE LAS MARAVILLAS

 SOPA DE LETRAS

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Pol y el osíto de peluche

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 María Jesús Cano

Érase una vez un simpático y risueño niño que se llamaba Pol.

Sus padres que vivían en Barcelona se trasladaron a la isla de Tenerife por motivos de trabajo y allí nació él entre el amarillo de la playa, el rojo de la montaña y el azul del mar.

Una calurosa tarde de verano, mientras Pol jugaba con su cubo en  la arena de la playa, muy cerca de la Montaña Roja, su osito de peluche favorito se perdió.

Nadie se dio cuenta hasta que al llegar la noche Pol, que después de escuchar un cuento siempre se dormía abrazado a su osito, echó de menos a su compañero de sueños. Se puso muy triste y empezó a llorar.

Su mamá angustiada por el llanto del pequeño regresó a la playa. Buscó, buscó y buscó pero el osito no apareció.

Fatigado por el llanto y la tristeza Pol se durmió al fin. A la mañana siguiente su mamá  volvió a la playa para buscar el osito. Allí se encontró  con el caluroso y luminoso sol, el fuerte y poderoso viento y las altas y ruidosas olas.

  • Querido y luminoso Sol- preguntó la mamá al astro Rey- ¿has visto el osito de peluche de Pol?

El astro Rey iluminó la playa con sus potentes rayos, pero ni rastro del peluche

Y siguió caminando y preguntando

  • Querido y poderoso viento- preguntó la mamá – ¿has visto el osito de peluche de Pol?

El fuerte viento de El Médano sopló con más fuerza que nunca sobre la arena levantando con él miles y miles de objetos enterrados. Había monedas, anillos, restos de comida y hasta colillas, pero ni rastro del peluche.

Y siguió caminando y preguntando

  • Queridas y ruidosas olas- volvió a preguntar la mamá- ¿han visto el osito de peluche de Pol?

Las altas y ruidosas olas posaron en la arena miles y miles  de objetos lanzados al mar. Había cáscaras de plátano, restos de botellas de plástico y algas, pero ni rastro del peluche.

Y siguió caminando buscando a quién preguntar.

Cansada de tanto caminar y preguntar se sentó en la orilla del mar para pensar con más claridad. Pronto se hizo de noche y la luna llena apareció en el cielo.

  • ¿Qué te pasa?- preguntó la luna a la mamá de Pol- ¿porqué estás triste?

  • Pol ha perdido su osito de peluche y con él su eterna sonrisa; si no lo encuentro pronto temo que no vuelva a sonreír jamás – contestó la mamá con voz temblorosa.

  • Si preguntas a la primera estrella de la noche, la más observadora e inteligente, seguro que te dará la respuesta que buscas- le recomendó la luna llena.

La mamá de Pol miró el cielo cuajadito de estrellas tratando de averiguar cuál de ellas sería la primera estrella de esa noche tan estrellada. ¡Qué difícil misión!- pensó la mamá.  

La luna llena volvió a su encuentro para ayudarla. Con su potente luz iluminó una gran ola que  escondía entre la espesura de su espuma una estrella. Era la  primera estrella de la noche. Se había convertido en una estrella de mar para bajar a tierra firme  y ayudar a la mamá a encontrar el osito.

La tarde anterior, apenas unos segundos después de ponerse el sol y ocupar su lugar en el cielo estrellado, había visto cómo un pequeño caballito de mar arrastraba por la arena de la playa el osito de Pol dejando un camino dibujado a su paso. No tuvieron más que seguir el dorado camino.

Pronto dieron con el escondite del caballito. En lo más alto de una rocosa roca estaba el osito. Sucio y mojado. Salitre en los ojos y rasguños en la panza. ¡Pobre osito!

 No oyó el caballito de mar, camuflado en la roca, la llegada de los intrusos.  Su rizada cola enrollada alrededor del osito delató su presencia. Al verse descubierto les contó lo sucedido.

  • Cada tarde- comenzó a explicar el caballito- desde mi escondite secreto, observaba a  Pol jugar en la arena con su cubo y su pala. Lo veía feliz haciendo castillos que adornaba con conchas y caracolas y pensé que no echaría de menos a su osito.

  • Sin que nadie me viera- continuó hablando el caballito- me camuflé con la arena y me acerqué a la bolsa donde estaba el osito. Lo enrollé en mi cola y lo arrastré hasta esta roca. Sólo quería tener un compañero de juegos. Estoy muy solo viviendo en este océano tan lejos de mi casa. Los caballitos de mar estamos en peligro de extinción y no me quedan amigos para jugar.

La mamá y la estrella miraron al caballito sin creer aún que en el mundo marino hubiera alguien tan pequeño y sin embargo tan valiente. Durante unos minutos todos permanecieron en silencio. Sólo se escuchaba el sonoro oleaje.

 La mamá de Pol, feliz por haber encontrado el osito, no se enfadó mucho con el caballito que le prometió no volver a coger lo que no era suyo y pedirle perdón a Pol.

Así fue como Pol recuperó la sonrisa que compartió con dos nuevos compañeros de juego: el caballito y la estrella de mar.

ACTIVIDADES:

Investigamos sobre los caballitos de mar

Busca información sobre los caballitos de mar y contesta a la pregunta ¿ por qué crees que los caballitos de mar están en peligro de extinción?

Dibuja un caballito de mar

RENATA Y LA LATA

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 María Jesús Cano

 

Renata es una niña muy sensata que cada día acude al contenedor para clasificar la basura con mucho amor.

Una tarde de otoño cuando estaba depositando unas viejas revistas en el contenedor azul escuchó, sorprendida, cómo una voz salía del interior.

La niña asomó su puntiaguda nariz  y, a través de la ranura, observó como desde lo más profundo del contenedor, repleto de  papeles y cartones, una pequeña y abollada lata de refresco reclamaba su atención.

  • Por favor sácame de aquí– gritaba la lata– alguien por error me ha tirado a este contenedor.

  • ¿Quién eres?- preguntó Renata-sorprendida aún por estar hablando con una lata.

  • No soy una lata cualquiera. Soy una lata viajera. De reluciente aluminio aún conservo mi brillo.

Era, sin dudarlo, una lata parlanchina que de todas sus palabras hacía una rima y no podía estar en el contenedor azul. Tenía que estar junto con los envases de plástico y los bricks en el contenedor amarillo.

 Renata iba a lanzarla al contenedor amarillo cuando, de nuevo, habló la lata.

  • No, no me tires aún. Ya te dije que era una lata viajera que viajando de casa en casa hasta llegué a la Nasa y desde el espacio vi la basura que hay aquí.

  • Llévame para tu casa– continuó hablando la lata– y seré un práctico portalápices para tus rotuladores de colores.

  • ¿Sabes? He tenido muchas vidas y todas ellas divertidas. En casa del carnicero fui un práctico cenicero y un hermoso collar para el cuello de Pilar y un colgante muy elegante para un famoso cantante y una noria y un camión para el niño Simón y hasta una bicicleta para la niña Enriqueta y, y y…….

  • Vale, vale, no sigas hablando que me estás mareando- dijo Renata– ¡Ay!, que yo también estoy hablando en verso.

La niña cogió la lata con mucho cuidado sin poder evitar que  unas gotas del refresco de cola, que aún estaba en el fondo, se derramaran por su mano dejándola pegajosa.

A partir de ese día Renata fue recogiendo todas las latas de refrescos del vecindario y montó un taller de manualidades reciclables en el garaje de su casa.  Cada día, después de estudiar y hacer lo deberes del colegio, se reunía con sus amigos para construir prácticos y hermosos juguetes.

 Construyeron miles de objetos que envolvieron en papel reciclado y los enviaron a los grandes almacenes que los Reyes Magos tienen en Oriente para repartirlos entre  todos los niños del Continente.

Y así, entre todos, ayudaron a salvar el Medio Ambiente.

ACTIVIDADES:

¿Y tú?

¿Nos cuentas lo que haces para proteger el Medio Ambiente?  

Escribe 10 acciones que puedes hacer en tu casa para cuidar el Medio Ambiente. (Por ejemplo, separar la basura, apagar las luces, cerrar los grifos, reutilizar envases, etc)

EL TIBURÓN QUE COMÍA GALLETAS SALADAS

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María Jesús Cano

En el fondo del mar, en una gran casa de coral con hermosas cortinas de algas multicolor, vivía una familia de tiburones azules. Ningún pez se acercaba a la casa por temor a ser devorado.

Al papá tiburón, que era el más comilón de  la familia, le gustaba mucho el atún. Cada vez que un atún se cruzaba en su camino ¡ÑAM! se lo zampaba de un solo bocado.

La comida favorita de la mamá tiburón eran los cangrejos así que cada vez que un cangrejo se cruzaba en su camino ¡ÑAM! se lo zampaba de un solo bocado.

A la hermana mayor tiburón le gustaban mucho, mucho, mucho las langostas. En cuanto veía una se lanzaba a cazarla y ¡ÑAM! se la zampaba de un solo bocado.

El hermano mediano tiburón prefería comerse una jugosa y brillante merluza de plata. Nadaba y nadaba hasta encontrar tan exquisito manjar para ¡ÑAM! zampársela de un solo bocado.

La familia estaba algo preocupada porque el pequeño tiburón azul  no había encontrado aún su alimento preferido.

 En sus juegos se había hecho amigo de los animales marinos.  Su mejor amigo era el pez espada  pero también se lo pasaba GENIAL jugando con los calamares que le hacían cosquillas en las aletas dorsales o con los caballitos de mar. ¡Cómo iba él a comerse a sus amigos!

Una tarde que estaba jugando con sus amigos al escondite el pequeño tiburón azul fue arrastrado por una poderosa corriente marina hasta el otro lado del arrecife de coral. 

 Estuvo dando vueltas y más vueltas hasta que su cola tropezó con el casco de un barco encallado en el fondo del mar. El pequeño tiburón azul nunca había visto un barco de cerca así que se metió dentro a investigar.

Estaba oscuro y todo cubierto de algas pero encontró un hueco por donde nadar sin peligro y llegó hasta la bodega del barco.

  Allí había un montón de cajas metálicas corroídas por el salitre. Su instinto y su olfato le animaron a abrirlas. Dentro había unas cosas extrañas que se deshacían en contacto con el agua.

 Algunas eran cuadradas, otras eran redondas y otras alargadas. En el agua se fue formando una especie de masa marrón que el pequeño tiburón azul ¡ÑAM! se zampó de un solo bocado.

Había descubierto, por fin, su alimento favorito ¡LAS GALLETAS!

El pequeño tiburón azul nadó y nadó siguiendo el rastro de la masa marrón justo hasta la entrada de su casa y le contó a su mamá lo que había encontrado. La mamá, contenta de que, por fin, el pequeño tiburón azul encontrara su alimento favorito cogió una lata y leyó los ingredientes para hacer la receta. Pero en el fondo del mar no hay azúcar, ni harina, ni mantequilla, ni huevos, ni sal, ni leche. Y aunque los hubiera quedarían diluidos en el agua salada.

Así que la mamá ideó un plan. Salió en busca de los ingredientes para su exclusiva receta. Y se puso manos a la obra. O mejor dicho, manos a la masa.

En un bol hecho con conchas de vieiras mezcló cuidadosamente caparazón de cangrejo triturado, algas marinas, plancton, cola de langosta y fino polvo de guijarros. Con todo ello hizo una masa, como de chicle, que puso al horno durante una media hora aproximadamente.

El resultado fueron unas sabrosísimas galletas saladas que el pequeño tiburón azul ¡ÑAM! se zampa de un solo boca

ACTIVIDADES:

¿Tú sabes cómo son las galletas que la mamá tiburón cocinó para el pequeño tiburón azul?

¿Redondas?  ¿Cuadradas?  ¿Ovaladas?

Dibújalas.

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