Archivo mensual: noviembre 2013

La isla de los zombies

Un 26 de diciembre me desperté en una isla desierta y aparecieron 20 zombies.  Vinieron todos a por mí, pero me tiré el mar y los zombies no me siguieron.

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 En el mar vi un mundo que no había visto en mi vida: era gente deformada y con medusas en las caras y también venían todos a por mí.  Salí del agua y los otros zombies se estaban alejando, pero pisé una rama y se dieron la vuelta y me persiguieron.

Corrí por la selva y me perdí. Me secuestraron unos zombies y morí.

Escrito por Moisés Baba (1º Eso, Curso 2013-14)

La isla

Érase una vez unos amigos  que estábamos haciendo un crucero. Nuestro  barco se chocó con un iceberg y tuvimos que nadar hasta una isla que estaba cerca.

En esa isla  nos quedamos dos semanas y en esas dos semanas tuvimos que enfrentarnos a diferentes aventuras.  En una de ellas, que fue la más  asombrosa , tuvimos  que cazar para poder sobrevivir un elefante de más de mil kilos…

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Tuvimos que hacer un agujero  en el suelo  muy grande y  después taparlo con hojas para disimularlo  para que el elefante no se diera cuenta de que  era una trampa. Al cabo de dos horas volvimos al lugar donde habíamos cavado la trampa y el elefante había caído  y gracias a eso pudimos tener alimento hasta el día que nos rescataron.  Esa fue la mayor experiencia que tuvimos en esa isla desierta.

Emmanuel Da Costa ( 1º Es0, Curso 2013-14)

La extraña isla del científico

Estaba navegando en medio del mar y era de noche.  Me quedé sin gasolina,  me dejé llevar por la corriente y cuando llegué a la orilla tuve que bajar. Me encontré un zombi y corrí para salvarme.

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Después de correr mucho, descubrí criaturas que eran fusiones de humanos y animales. Fui al centro de la isla, encontré un laboratorio en el  había gasolina, decidí cogerla y marcharme.

Cuando entré para coger la gasolina, se escucharon unos pasos y vi a un científico que se acercaba.  Lancé una piedra para distraerlo, cogí los botes de gasolina que necesitaba y  me marché de la isla. Pensé  que podía contarlo por televisión,  pero imaginé que no me creerían …

Escrita por Juan Diego ( 1º Eso, Curso 2013-14)

 

San Valentín perfecto

 

El 14 de febrero de 85 una pareja, que celebraba San Valentín en un viaje a las islas Fiji,  tuvo un grave accidente,  su avión se estrelló y murieron todos los ocupantes menos ellos dos.

2013-06-29 13.10.04Según ellos nos cuentan, llegaron a una isla desierta a la cual  le pusieron por nombre “Catástrofe”.  Era una isla preciosa, aunque ellos no lo apreciaban, ya que eran de  Nueva York.  Tuvieron que caminar tres días sin parar, alimentándose a base de frutos, gusanos y cualquier cosa que se encontraban.

En un momento llegaron a una casa abandonada de madera con el suelo pulido, empezaron a saber vivir en la isla durante dos meses.  Cada día el hombre y la mujer hacían una hoguera, para ver si con el humo algún helicóptero los localizaba.

Una tarde  un helicóptero de la guardia apareció, los recogió y ellos volvieron a Nueva York…Afirman que a pesar de la catástrofe  ha sido el mejor San Valentín de su vida.

Escrito por Nahuel Pereyra (Curso 2013-14)

Por culpa de una olla…

Tenía 64 años, era un domingo soleado, mis hijos y sobrinos vinieron a comer un rico asado a mi casita… Comimos hasta no poder más, después, me senté a tomar mate con mi vieja prima a quien le caían las arrugas por todas partes. Cuando me quise dar cuenta,  se me había pasado la hora de la siesta y estaba anocheciendo, entonces empecé a hacer la cena.

 Estábamos solos mi marido y yo, todos se habían ido ya. Recuerdo que esa noche estaba cocinando pasta casera qué buena estaba. De pronto fui a poner la salsa casera calentita  en la fuente y, sin querer,  agarré  la olla por el otro lado. Entonces grité y vi la olla volando por los aires ensuciando todo el piso. En ese momento pensé ¡AYYY no, después voy a tener que limpiar todo y no me queda mucho friegasuelos! Entonces la olla cayó al suelo y rebotó en mi pie descaradamente, y así resbalé.

Sentí que mi cabeza golpeaba contra la basura y ya está, me vi yo ahí, tirada en el suelo con el delantal y despeinada. Mi marido, al verme, no se imaginan qué disgusto se llevó el pobre, pero igualmente no me hacía mucho caso: estaba  todo el día en el sofá mirando fútbol, no sé si eso se llama vida. Entonces veo que llama a la ambulancia y después de 30′ llegaron. Me levantaron en una camilla y yo le decía a mi marido que por lo menos me peinara un poco, pero como siempre no me hacía ni caso, como si estuviera muerta  para él.??????????????????????

Después del velatorio me fueron a enterrar, la verdad, tengo que admitirlo, tenía mucho miedo, ya que tenía terror a pasar la noche en el cementerio. Entonces pasó una chica caminando y me miró, fui corriendo a hablarle, ya que era la única que me veía, escuchaba y esas cosas. Se llamaba Luisa.  ¡Oh Luisa, Luisa!, por casualidad hoy es su cumpleaños, ya 234 ¡qué mayor estás! Hablando de cumpleaños, no quiero ni pensar en el mío: ya cumplo 110. ¡Quién lo hubiera dicho! Yo, escribiendo mi muerte, con 109 años.

Relato escrito por Candela Diz (2º Eso, Curso 2013-14)

¡Por unos labios morí!

¡Qué gran felicidad cuando Carolina, la chica más guapa del instituto, me invitó a pasar el fin de semana con su familia y ella! Nada más llegar a  casa, y con el permiso de mi madre, preparé mi mochila: muda limpia, el juego de la Play y mis mejores modales.

Subo por el camino de entrada a la casa, la fachada está un poco desconchada, parece que le han puesto tiritas, reparaciones por partes. Me recibe Carolina con una gran sonrisa, con una mirada cómplice que le dedica a su madre,  una mujer muy bajita y delgada que pareciera que se fuera a romper. El padre es grande y fuerte, con una mirada oscura y penetrante, intimida,  pero tras dedicarme una amplia sonrisa, “por fin me relajo”.

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En el patio trasero veo jugar a un niño pequeño, de unos siete años, más o menos. No me lo presentan  porque él no se siente a gusto con extraños por un pequeño defecto físico que tiene:  pareciera que no tuviera labios en el rostro. El día transcurrió sin incidentes; reímos, jugamos, nos divertimos y hasta nos hicimos confidencias.

La cena se convirtió en algo extraño: mucho silencio y miradas raras. Antes de llegar al postre, mis párpados se cerraban, era incapaz de mantenerme despierto. Creo que me quedé dormido con pesadillas en las que el padre de Carolina me cortaba los labios con una tijera de podar, mientras su madre me sujetaba por el cuello con una cadena.

Ahora mi cadáver se encuentra sin labios y acompañado por más restos humanos a los que les faltan partes: eso sí, el hermanito de Carolina ya está completo: tiene unos labios maravillosos “que son los míos”. ¡Qué absurda fue mi muerte, que por unos labios morí!

 Narración escrita por ROQUE MENDOZA  (2º Eso, Curso 2013-14)

 

 

Nunca os desviéis de vuestro camino.

   

¡Qué raro se me hace esto de estar muerta! Es como cuando te enamoras, que sientes cosquillitas en el estómago. Estoy viendo mi cuerpo  pálido,  sin color,  frío…, pero mejor  cuento cómo sucedió todo.

Entre pinares

    Una mañana, en la que el sol resplandecía,  salí a correr  como todos los días, pero este día era diferente, ya que noté que algo iba mal. Sentía  una presencia en el bosque que no era normal: alguien me vigilaba. Sin aguantarlo más, me desvié de mi camino y me adentré en el bosque.

    Encontré  un rastro de hormigas,  sin dudarlo, las seguí y al final encontré un cuerpo en plena descomposición. Cuando me agaché para examinarlo, alguien se me acercó por detrás y me golpeó. Al  instante me desmayé.

Al despertarme me encontraba en  un pozo sin agua, de pronto alguien se asomó y me tiró un trozo de pan. ¿Quién será?, pensé.

     Al día siguiente ya no me sostenía en pie. Volvió a aparecer el hombre, pero esta vez me miró y dijo:

    – Lo siento, cariño, nunca te amé.

    Cogió  una manguera y empezó a llenar el pozo y yo a ahogarme, hasta que ya no puede más y acabé muerta. Al morir vi a mi marido llorando y enterrándome junto a la mujer que había encontrado. Ahora que estoy muerta, la veo todos los días y quedamos. Me contó que ella, Clara se llamaba, había sido esposa de mi marido. Si no me hubiera desviado de mi camino, ahora no estaría muerta, pero seguiría con el falso de mi marido y no conocería a Clara, una mujer estupenda.

    Esta fue mi  muerte: Nunca os desviéis de vuestro camino.

Narración escrita por Estefanía Zapata (2º Eso, Curso 2013-14)

Mi muerte

Recuerdo mi muerte como si hubiera sido ayer, mayormente, porque ocurrió ayer. Pero en fin… Me levanté aquella horrible mañana, en la que llovía, y mucho. Era un día espantoso, nublado y grisáceo, se escuchaban los truenos dispersos entre el ruido de las gotas de lluvia.

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Esa oscura y trágica mañana me sentía mal, débil y decaída. Ya hacía seis meses que no comía y mi enfermedad me consumía por dentro, lentamente. Me puse en pie mareada y me dirigí a la cocina, llena de comida, la mayoría caducada. Abrí un bote de galletas integrales, me disponía a comérmelas, pero apresuradamente las dejé   sobre la mesa y corrí al baño. Me miré en el espejo y pensé:

– ¡Qué gorda estoy!, mejor sigo haciendo dieta.

Me reflejaba como una niña bajita, pálida y excesivamente flaca. Se notaban los huesos de mis costillas, la columna y de todo el cuerpo. Ahora que estoy muerta, me doy cuenta de mi error: ¡era un saco de huesos que se negaba a tragar una mísera galleta integral!

Me vestí y me dirigí hacia el instituto, donde me esperaban mis amigas junto a mi novio. Después de saludarme nos fuimos a clase donde, como siempre, pasaba el tiempo muy lentamente…

Tocó la  sirena, hora del recreo, en grupo y empujando como de costumbre, salimos del aula. En el recreo mi novio me llamó porque quería hablar conmigo en privado. Eso no me gustó demasiado pues, siempre que me decía eso, era para decirme algo malo. Parecía triste, estaba pálido y sudoroso, también tenía una ligera expresión de desgracia. Con voz seria, aunque con tono indeciso me dijo:

– Yasmina, quiero cortar contigo….

En ese momento rompí a llorar. Pensé  que era culpa mía, que me deja porque estaba demasiado gorda, y me quería morir…Mientras él corría por miedo a que le dijera algo, mis amigas me intentaron consolar, pero sin resultado.

Ese día me negué a comer pese a las continuas insistencias de mis padres…. y esa misma tarde todo acabó. Me arrepiento de no haberme comido esa dichosa galleta integral por la mañana, y también de haberme echado la culpa por la ruptura con mi novio…

En fin, ya nada importa. En este instante me estarán enterrando, y ahora me toca vivir la otra etapa de mi vida, el sueño eterno…

Narración escrita por Yasmina Sabri (2º Eso, Curso 2013-14)

Gracias, Charlie Chaplin

CAPÍTULO I: EL QUE TENÍA EL GORRO DE CHARLIE CHAPLIN

Todo empezó una espléndida y maravillosa tarde de primavera de 2003 en la que a mí, Stephanie, me sucedió algo muy raro. De repente apareció en mi casa un hombre  de  unos 45 años, de estatura media, calvo y que llevaba un gorro como los que usaba Charlie Chaplin, quien me decía:

–       ¡Ayúdame, ayúdame! Necesito tu ayuda. Estoy huyendo de unos mafiosos que vienen a por mí.

Yo me quedé impresionada y no le contesté. Me fui a casa de mi madre que me había invitado a almorzar y le conté lo que me había pasado.

–         Hoy apareció un hombre muy raro en mi casa. No sé por dónde entró – le dije a mi madre-. Ella me miró muy extrañada y preguntó:

–          ¿Cómo va a ser eso?

–          Pues no sé –le contesté confusa.

CAPÍTULO II: EL ALTO MORENO

Han pasado cinco meses desde aquella charla y todavía veo a ese hombre, quien siempre me dice lo mismo. Ahora estoy en un manicomio y me he enamorado del enfermero Richard, un chico alto, con ojos verdes y de tez morena.  Hoy me han dicho que, si me encuentro mejor, me dan el alta dentro de dos meses.

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Al llegar al pasillo me encontré con Richard y me dijo:

–          ¡Hey, Stephanie! ¿Qué tal te encuentras hoy?

Yo, como siempre, le respondí nerviosa y sonrojada:

–          Bien. Ya, a esa persona, no la veo – dije desordenadamente la frase.

–          ¿Te apetece cenar hoy conmigo en el comedor a las nueve? –me preguntó tímido.

–          Va…va…vale, ¡qué buena idea! –respondí otra vez nerviosa y sonrojada.

CAPÍTULO III: LO QUE OCURRIÓ EN EL COMEDOR

    Cuando llegué al comedor a las nueve, él no estaba y pensé que se estaría preparando. Ya a las nueve y media pensé que no iba a acudir, así que cené sola y me fui a dormir. A la mañana siguiente fue a mi dormitorio y me dijo:

    –       Lo siento mucho. Me llamaron para que fuera a ayudar a unos pacientes y no terminé hasta las diez – dijo muy preocupado.

    –          No pasa nada- le dije.

    Él suspiró y me miró.

    –        Bueno, tengo que seguir con mi trabajo. Después te veo, ¿vale?

CAPÍTULO IV: ¡LOS DOS MESES QUE SE FUERON RÁPIDOS!

    Ya han pasado siete meses desde mi llegada al manicomio y hoy me dan el alta. Pero no estoy feliz como se supone que debería estarlo, porque sé que no volveré a ver a Richard. Estoy haciendo las maletas cuando él aparece por mi habitación.

    –       Hola, Stephanie. Hoy te me vas. Te voy a echar mucho de menos – dijo él con voz muy dulce.

    –       ¿Por qué? –quise saber.

   –       Porque dabas alegría al centro.

   –       Gracias. Yo a ti también te echaré de menos.

   –       ¿Por qué?- me preguntó.

   –       Porque te a…, porque sí – le dije mientras pensaba que casi le digo “porque te amo”, pero por suerte no lo hice y espero que no se diera cuenta.

    –       Bueno, adiós. Cuando necesites algo ya sabes dónde estoy.

    –       Gracias – dije tímidamente.DSCF5151

CAPÍTULO V: LE ECHABA TANTO DE MENOS QUE VOLVÍ

     Lo echaba tanto de menos que  no me acordaba de tomar las pastillas que me recetaron, por lo que volví a ver a aquel hombre del principio. Entonces tuve que volver allí y le expliqué todo lo ocurrido durante los cuatro meses que estuve fuera. Tras escuchar mis palabras Richard me dijo:

    –       Sabe qué…yo a ti también te quiero y te echaba tanto de menos que no sabía qué hacer – dijo tímidamente.

    –       Yo a ti también – le respondí y nos besamos.

    Al cabo de un tiempo salí del hospital y empezamos a salir.

CAPÍTULO VI: LO QUE OCURRIÓ

      Era una tarde de invierno, habíamos ido a cenar al restaurante y en mitad de la cena se arrodilló ante mí, sacó una cajita del traje y me dijo:

        –          Stephanie, llevamos juntos dos años. Ya es hora de…

        Y entonces dijo las palabras claves:

      –          ¿Quieres casarte conmigo?

     –          Deja que piense – vacilé. ¡Claro, amor!

CAPÍTULO VII: LA BODA Y LO QUE VINO DESPUÉS

   ??????????????????????????????? Nos casamos en una iglesia de su pueblo y lo celebramos en un jardín muy bonito. Fue el día perfecto. Fuimos  de luna de miel a París, la ciudad del amor, donde engendramos a nuestra primera hija, Stella. Una niña de unos ojos verdes preciosos y pelirroja como yo. A la que siguieron  Paul y las gemelas Jessie y Charlotte. Ahora, junto a mi hermosa familia espero el nacimiento de Max. Tener esta familia es lo mejor que me ha pasado en la vida.

 Relato escrito por Sara Hernández ( 2º Eso, Curso 2013-14)