Archivo diario: 17 diciembre, 2013

Las repisas de los trofeos

     

     Hace 10 años mi madre trabajaba en una frutería del Charco. Como mi madre es única, vio unas cajas de madera y, como mi abuelo era carpintero, tuvo la idea de dárselas para que con ellas hiciera unas repisas originales y modernas.

     Mi abuelo tardó 2 meses, era mayor, pero consiguió hacer dos repisas preciosas para mi cumple y, aunque ha pasado tiempo, esas repisas siguen en mi cuarto con mis mejores trofeos, medallas, diplomas y fotos. No hay día que pase, que no me acuerde del cariño que él puso en hacerlas.

    Una de las repisas es grande y verde, en ella tengo mis trofeos y medallas;  y la otra, pequeña y amarilla en la que tengo mis fotos y diplomas. Cada vez que lo veo me acuerdo de mi abuelo.

         Hace poco envié todos mis trofeos, fotos, medallas y diplomas a Madrid porque aquí no tenía hueco. Mi abuelo también me hizo percheros, puertas, coches y skate: todo lo que él me hizo lo envié a Madrid, menos la casita pequeña que me hizo cuando yo tenía 3 años,  la cual tengo en la finca y dentro de ella tengo fotos de mi abuelo. 

Relato escrito por Marta Martínez (2º Eso, Curso 2013-14)

La enfermera

     Les voy a contar lo que hice en el pasado y que me perjudicó tanto en el futuro.

     Era una enfermera como otra cualquiera, aunque un tanto extraña, sí, lo admito. Todo empezó a complicarse cuando se me ocurrió la estúpida idea de decirles a las madres que sus hijos habían muerto, para yo poder enviarlos a Madrid diciendo que las madres lo abandonaron o que no  habían sobrevivido al parto.

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     Sinceramente,  no sé porqué hacía eso, supongo que era por el bien de los niños o por el dinero que me daban por cada uno de ellos, pero no era la única que lo hacía, en ese hospital había más de diez personas que hacían lo mismo que yo.

     Nunca se me pasó por la mente que estaba cometiendo un grave delito, nunca pensé que estaría ahora mismo donde estoy. Tampoco pensé en el daño que les hice a todas esas madres quitándoles a sus bebés y ahora mismo me arrepiento de todo aquel daño.

     Supongo que ahora estaré pagando por eso, por el simple hecho de que, ahora mismo, estoy en la cárcel cumpliendo 13 años de condena. ¡Ojalá  nunca se me hubiera parado esa idea por la cabeza, me arrepiento tanto!

 Relato escrito por Carla Navarro (2º Eso, curso 2013-14)

El espectro

     Lo recuerdo como si fuera ayer, de hecho, aquel recuerdo nunca se borrará de mi mente.  Esa noche lluviosa, quién me diría que me encontraría con aquel ser, jamás  pensé que existiera,  ni siquiera  había oído  hablar de él,  pero hay algunas cosas  que es mejor ignorar.

     Me desperté aquella noche sin previo aviso, miré por la ventana pero no vi nada, como si la ciudad no existiese. Me levanté de la cama y noté  que me observaban. Me giré bruscamente, pero allí no había nadie.

     Abrí la puerta de de par en par y vi lo que, cual niño pequeño, no quisiere ver: un pasillo enorme… me pregunté cómo el pasillo era tan largo, que yo recordara mi casa no era tan grande.

     Al final me decidí y empecé a caminar. Oí un ruido a mi lado.  Me  quedé congelado, me giré muy despacio y empecé a ver una mancha blanca. Me quedé allí parado un momento. Sentí que no podía moverme, pero sin darme cuenta empecé a correr y no paré hasta que, poco a poco, empecé a ver una luz como si fuera el final del pasillo, pero no, era una simple vela en el suelo.

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     Me pregunté quién habría puesto esa vela ahí, pero me fui muy rápido con miedo a que la niebla me siguiera. Poco a poco, me sentí muy cansado, no podía correr más y me tumbé en el suelo y me dormí.

Relato escrito por Octavio Aguiar (2º Eso, Curso 2013-14)