Un mal consejo

Cuando estaba desayunando me vino un recuerdo muy bonito de cuando era pequeña relacionado con mi mejor amiga Carla. Hacía trece años que no la veía así que, por un impulso, solté mi tostada y decidí llamarla. Justo cuando iba a marcar su número, vi el periódico abierto: Lamentándolo mucho para sus familiares y amigos, Carla Navarro ha fallecido.
     En ese mismo instante  se me partió el corazón. Rápidamente, como si no hubiera mañana, fui a su casa. Parecía una iglesia, con muchos cristales y con poca luz, llegué a  la cocina, donde encontré a sus padres llorando. Les pregunté qué había  sucedido, pero no obtuve respuesta.
     Me sentí en la obligación de averiguar porqué ella y no otra. Me fui con el forense a examinar su cuerpo que estaba pálido, sin vida. Encontramos un pelo rubio junto a restos de hierba. El pelo lo mandamos a examinar y en el análisis apareció un nombre: Luis Castillo.
      Así que volví a su casa, pero esta vez directa al patio. Allí encontré rstos de sangre y huellas de manos, como si la hubieran arrastrado. Cuando se terminó el rastro, en uno de los columpios, había un perro colgado. En el hocicó había una nota donde ponía: “La siguiente serás tú”. Salí corriendo.
     De pronto salió un hombre de detrás del coche que seguía sin poder arrancar. El hombre se acercaba cada vez más, apenas podía verle la cara ya que se la tapaba con un pañuelo negro. El coche por fin arrancó y me pude ir de allí.
     Volví con el forense y miramos el expediente de Luis Castillo. Descubrí que había estado seis meses en un manicomio en rehabilitación y que hacía tres días que había salido, así que decidí ir a buscarlo para preguntarle por Carla.
     Llegué a un hotel. Vivía  en el piso tres, toqué a la puerta pero nadie me abría. Decidí entrar por la  fuerza, dentro encontré un cuchillo y una maleta con ropa como si lo hubiera pillado por sorpresa. De pronto se cerró la puerta y yo seguía dentro, salió Luis de detrás de la puerta con el mismo cuchillo de antes.  Me atacó pero rápidamente cogí una cuerda y le amarré las manos, le pregunte si él había sido matado a Carla y me contestó que sí.
     Con lágrimas en los ojos le pregunté porqué. Él, sin pensarlo, me contestó que porque ella nunca le quiso y si a él no lo quería, a nadie más querría. Justo en ese mismo momento me acordé de cuando estábamos en sexto y Luis le pidió salir a Carla y yo le recomendé que le dijera que no porque no era buena influencia para ella y ella, haciéndome caso, dijo que no. Así que en teoría la culpable era yo, pero me mantuve callada.
     Cogí el teléfono y llamé a la policía y se llevaron a Luis y yo me quedé en el hotel arrepentida de haberla convencido de que dijera que no. Ahora yo podría haber estado con ella. Pero sé que ella siempre estará conmigo viva o muerta.
 
Relato escrito por Mariana   Estefanía  Zapata ( 2ºEso, Curso 2013-14)
 
 

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