El tesoro de la calle Tenerife

Una vez íbamos caminando por una calle llamada Tenerife,  cuando Cristina me dijo que mirase en ese cuarto que estaba junto a una casa muy curiosa. Paré de caminar y miré a ver lo que había. Algo brillaba, nos asomamos y ponía: tesoro privado.  Me pregunté de quién era ese tesoro privado.

Cristina y yo decidimos averiguar de quién era ese magnífico tesoro. Tocamos en la casa que estaba al lado, era un poco curiosa. Tocamos, tocamos y tocamos y no nos salió nadie. A mí se me ocurrió otra idea: llamar a dos amigos más para que nos ayudasen a averiguar de quién es el tesoro. Por lo tanto llamamos a Fernando y Carlos.

Vinieron los dos y miraron el tesoro y dijeron: eso ya no tiene dueño.  Eso es de un viejo anciano que falleció hace muchísimos años.  Se lo había dicho la madre de Fernando y Fernando nos lo dijo.

Fuimos a pedirle permiso al ayuntamiento. Nos dijeron que sí podíamos, pero con una condición: que no lo vendiéramos, ni lo rompiéramos… Lo cogimos y lo escondimos en un tesoro.

Relato escrito por Yarely Gopar (1º Eso, Curso 2013-14)

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