Jinámar

DSCF7114Según me cuenta mi madre, a mis abuelos les hizo mucha ilusión cuando les entregaron las llaves de la nueva vivienda porque, tras 17 años de instancias para pedir una casa, su sueño se había hecho realidad: una casa con condiciones de habitabilidad.  Pero a mi madre no le hizo tanta ilusión ya que, con solo diecisiete años que tenía, estudiaba y trabajaba.

Todo era un desastre, no había infraestructuras en el barrio, ni bibliotecas. Tenía que desplazarse para trabajar y estudiar. Las guaguas tardaban una hora en llegar. Ni siquiera había luz en las calles, para poder tener agua venían unos camiones que repartían el agua a los vecinos a diario.

Peor fue cuando tuvo a mis hermanos mayores, había una guardería, pero no había plazas suficientes y solo admitieron a uno de ellos, a mi otro hermano tuvo que ponerlo cerca de donde mi madre trabajaba, en Las Palmas. A los 18 años, por necesidad, se sacó el carnet de conducir y se compró un coche, para que así se le facilitaran las cosas.

Ella recuerda que fue a una manifestación porque el barrio carecía de todo.

 Escrito por Lucía Cazorla Betancor

 

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