Archivo mensual: abril 2017

La H muda y la A

En un pequeño planeta lejano, donde solo habitaban 27 personas, la H estaba enamorada de la A, pero cada vez que la veía se quedaba sin habla. Intentó muchas veces hablarle, pero la timidez la vencía. Siempre le pasaba lo mismo, por eso la A le puso de apodo “la H muda”.

Después de muchos meses se hicieron amigos y, por fin, la H logró dirigirle la palabra. Se acercaba una gran fiesta por el lugar y la A y la H fueron juntas. Bailaron, rieron y, como era de esperar, se enamoraron. Desde entonces la H perdió la vergüenza y conoció al amor de su vida.

Relato escrito por Daniela Molina Salas (4º Eso, Curso 16/17)

En medio del espacio

       Recuerdo que Jacob se despertó a media noche muy aturdido.

       – Jacob, ¿qué te pasa? – dije media adormilada.

       – He visto a una especie de cíclope.

       Se levantó cuidadosamente y fue hacia la puerta de la que salía una luz cegadora, lo seguí y, al atravesarla, aparecimos en un mundo gélido con planetas muy cercanos y ojos observándonos por todos los lados.

       Jacob se echó a correr y lo seguí, entró por otra puerta y aparecimos en un recuerdo del pasado, en el que él jugaba con una especie de un solo oj0. Nos asustamos y volvimos a correr, cuando mi hermano entró por la misma puerta, por donde habíamos llegado, vimos que era nuestra casa, pero al mirar por la ventana, se fijó en que estábamos en medio del espacio.

Relato escrito e ilustrado por Irene Cabrera (4º Eso, Curso 16/17)

Blancanieves

La malvada bruja gritó alterada:

– ¡Espejo, inútil espejo!¡Dime quién es la más hermosa de este reino!

– Majestad, siento decir que la más hermosa es Blancanieves…

La bruja enfurecida decidió ir en busca de la joven. Cuando la encontró, se transformó en una anciana y le dio de comer una manzana envenenada, la cual Blancanieves aceptó y, tras morderla, cayó al suelo sin vida.

– ¡A ver quién es la más bella ahora! – exclamó la bruja con orgullo.

Relato escrito e ilustrado por Irene Cabrera (4º Eso, Curso 16/17)

Al revés

El feroz lobo no era tan feroz como pensaba Caperucita.

Tan grande fue la bronca de su madre, que Caperucita iba muy aterrada de camino a casa dela abuelita. No paraba de memorizar aquellas palabras tan fuertes, estaba muy concentrada en aquella escena que había ocurrido hacía nada.

El lobo la vio y se acercó para decirle un par de palabras. Le preguntó a dónde iba una chica tan mosqueada. Ella, sin mirarle a la cara, le contestó:

– ¡A casa de mi abuelita, no me distraigas! – dijo con rentintín.

El lobo muy cariñoso le mostró el camino para que no se perdiera y llegara. Ella, muy orgullosa, se va sin darle las  gracias.

Una vez llega a la casa, ni saluda ni pide entrar, muy raro en ella  ya que es muy educada con la abuelita. Caperucita busca a la abuela y una vez  la ve nota cosas diferentes en ella.

– ¡Oh, no! – exclama aterrada. ¡Es el lobo! – dice mientras coge una escopeta y lo mata.

Ya caperucita no es una niña, ni buena ni mimada.

Relato escrito por Safira Millares (4º Eso, Curso 16/17)

El sueño

Cada vez esa luz se acercaba más y, a su vez, una pequeña figura que parecía humana. Resultaba ser una vieja amiga llamada Marcelín, quien de repente extendió su mano invitándome a ver algo increíble, se la veía entusiasmada.

Marcelín me preguntaba qué tal estaba después de haber llegado a aquel sitio tan extraño y no conocido. Antes de yo dar mi palabra y contestar a esa pregunta, pequeñas sirenas voladoras sobrepasaron nuestras cabezas. Yo estaba aterrada, pero para mi asombro a Marcelín se la veía ilusionada, como si hubiera visto su sueño hecho realidad. Viendo su felicidad expresada en una sonrisa, me deja aliviada después de lo ocurrido.

Una vez que parece que todo avanza…

Oí unas voces conocidas, muy conocidas que decían mi nombre. Se me parecían a las voces de mis queridos hermanos Nelson y Vaina. Esas voces decían:

-¡Vamos, dormilona, que llegamos tarde!

Supe que todo era un sueño, con tan solo abrir los ojos y ver que nada era real. Solo el anhelo de ver a mi gran amiga.

 

Relato escrito e ilustrado por Safira Millares (4º Eso, Curso 16/17)

Relato fantástico

Sentada en una silla, he estado agarrando la cabeza de mi mejor amigo durante medio día, a través de la telequinesis me he comunicado con él.

Pasó demasiado rápido, estábamos en el coche volador cuando, de repente, otro coche nos embistió.

– ¿Estás bien, Héctor? – pregunté con miedo y no hubo respuesta.

A su derecha apareció una sombra, se estaba llevando mi alma, lo sentía en lo más profundo, más tarde se llevó la de él y la de la ciudad entera.

Ahora en el hospital, nadie camina con un rumbo fijo, simplemente afuera en el mar nadie habla.

 

Relato escrito e ilustrado por Cristina del Carmen Cristovinho Leite (4º Eso, Curso 16/17)

La Bella y La Bestia

Escuchó los rugidos de la Bestia que provenían del salón principal donde se hallaba encerrada Bella. Saltó durante tres minutos, sin descanso hasta llegar allí, asomó la cabeza entre las rendijas de la puerta y se quedó a escuchar.

– No me hagas daño, Bella, te amo -dijo la Bestia.

– Por tenerme aquí durante años – contestó ella.

Y lo último que vio la Tacita fue como ella arrancaba el último pétalo de rosa que quedaba. Escuchó el último aliento de la Bestia antes de su trágica muerte.

Relato escrito e ilustrado por Cristina del Carmen Cristovinho Leite (4º Eso, Curso 16/17)

La niña del vestido amarillo

Miraba la niña de vestido amarillo por la ventanilla del coche. En su mirada se notaba la sorpresa por la llegada de su padre. Bajó con su  pequeño pie y se dirigió hacia él.

Al instante el padre le pega a su acompañante, hablándole y haciéndole gritar con ferocidad. La ira se apoderó de él, la rabia lo absorbió, mientras la dulce niña miraba bajo la lluvia triste la escena.

Relato escrito e ilustrado por Adrián Padrón Ortega (4º Eso, Curso 16/17)

La bruja de la nariz azul

La bruja de la nariz azul esperaba sentada con su escoba al lado de la chimenea. Preparó pasteles y manjares azucarados, apoyó la escoba en la pared chocolate y suspiró:

-¡Qué hambre tengo! – dijo con voz rota.

De repente la puerta bastón se abrió y unos mellizos de dorados cabellos entraron:

– ¿Hola? – dijeron los pequeños al unísono.

-Pasad, aquí hay fuego para todos…

Relato escrito e ilustrado por Adrián Padrón Ortega (4º Eso , Curso 16/17)

Estaba buscando los recuerdos en su memoria, su mente de androide no era tan rápida como se suponía, pero al fin los encontró y cerró los ojos para reproducirlos.

Al abrirlos de nuevo, se encontraba en un laboratorio. Sus ojos merodeaban curiosos y acabaron en la ventana, era negro, y…espera…¿era eso Júpiter? Sus ojos se entrecerrraron para poder mirar mejor y, sí, estaba viendo Júpiter. ¡Estaba en un laboratorio en el espacio! ¡ qué locura!

Sus ojos siguieron el camino, fijándose esta vez en varios androides atados en camas. En uno de ellos se podía leer “X-22”, experimentos fallidos anteriores a ella, X-23. Sus ojos cayeron en una espalda robusta, un hombre que miraba varias sustancias. En los tubos de ensayo se distinguían distintas etiquetas: ADN de Grifo, ADN de Pegaso, y así seguía con al menos treinta tubos de ensayo distintos.

      El hombre se  giró, solo revelando media cara, una tez pálida con ojos verdes y pelo negro, revuelto, el hombre caminó hacia una mesa y sonrió. El hombre caminó hacia una mesa y sonrió.

-Mi segunda mejor obra está a punto de despertar.

Se giró completamente hacia mí, enseñando la otra mitad de su cara. Una cara metálica, otro androide, un androide creando androides.

Relato escrito por Yurima Cabrera García (4º Eso, Curso 16/17)