Archivo diario: 4 abril, 2017

Al revés

El feroz lobo no era tan feroz como pensaba Caperucita.

Tan grande fue la bronca de su madre, que Caperucita iba muy aterrada de camino a casa dela abuelita. No paraba de memorizar aquellas palabras tan fuertes, estaba muy concentrada en aquella escena que había ocurrido hacía nada.

El lobo la vio y se acercó para decirle un par de palabras. Le preguntó a dónde iba una chica tan mosqueada. Ella, sin mirarle a la cara, le contestó:

– ¡A casa de mi abuelita, no me distraigas! – dijo con rentintín.

El lobo muy cariñoso le mostró el camino para que no se perdiera y llegara. Ella, muy orgullosa, se va sin darle las  gracias.

Una vez llega a la casa, ni saluda ni pide entrar, muy raro en ella  ya que es muy educada con la abuelita. Caperucita busca a la abuela y una vez  la ve nota cosas diferentes en ella.

– ¡Oh, no! – exclama aterrada. ¡Es el lobo! – dice mientras coge una escopeta y lo mata.

Ya caperucita no es una niña, ni buena ni mimada.

Relato escrito por Safira Millares (4º Eso, Curso 16/17)

El sueño

Cada vez esa luz se acercaba más y, a su vez, una pequeña figura que parecía humana. Resultaba ser una vieja amiga llamada Marcelín, quien de repente extendió su mano invitándome a ver algo increíble, se la veía entusiasmada.

Marcelín me preguntaba qué tal estaba después de haber llegado a aquel sitio tan extraño y no conocido. Antes de yo dar mi palabra y contestar a esa pregunta, pequeñas sirenas voladoras sobrepasaron nuestras cabezas. Yo estaba aterrada, pero para mi asombro a Marcelín se la veía ilusionada, como si hubiera visto su sueño hecho realidad. Viendo su felicidad expresada en una sonrisa, me deja aliviada después de lo ocurrido.

Una vez que parece que todo avanza…

Oí unas voces conocidas, muy conocidas que decían mi nombre. Se me parecían a las voces de mis queridos hermanos Nelson y Vaina. Esas voces decían:

-¡Vamos, dormilona, que llegamos tarde!

Supe que todo era un sueño, con tan solo abrir los ojos y ver que nada era real. Solo el anhelo de ver a mi gran amiga.

 

Relato escrito e ilustrado por Safira Millares (4º Eso, Curso 16/17)

Relato fantástico

Sentada en una silla, he estado agarrando la cabeza de mi mejor amigo durante medio día, a través de la telequinesis me he comunicado con él.

Pasó demasiado rápido, estábamos en el coche volador cuando, de repente, otro coche nos embistió.

– ¿Estás bien, Héctor? – pregunté con miedo y no hubo respuesta.

A su derecha apareció una sombra, se estaba llevando mi alma, lo sentía en lo más profundo, más tarde se llevó la de él y la de la ciudad entera.

Ahora en el hospital, nadie camina con un rumbo fijo, simplemente afuera en el mar nadie habla.

 

Relato escrito e ilustrado por Cristina del Carmen Cristovinho Leite (4º Eso, Curso 16/17)

La Bella y La Bestia

Escuchó los rugidos de la Bestia que provenían del salón principal donde se hallaba encerrada Bella. Saltó durante tres minutos, sin descanso hasta llegar allí, asomó la cabeza entre las rendijas de la puerta y se quedó a escuchar.

– No me hagas daño, Bella, te amo -dijo la Bestia.

– Por tenerme aquí durante años – contestó ella.

Y lo último que vio la Tacita fue como ella arrancaba el último pétalo de rosa que quedaba. Escuchó el último aliento de la Bestia antes de su trágica muerte.

Relato escrito e ilustrado por Cristina del Carmen Cristovinho Leite (4º Eso, Curso 16/17)

La niña del vestido amarillo

Miraba la niña de vestido amarillo por la ventanilla del coche. En su mirada se notaba la sorpresa por la llegada de su padre. Bajó con su  pequeño pie y se dirigió hacia él.

Al instante el padre le pega a su acompañante, hablándole y haciéndole gritar con ferocidad. La ira se apoderó de él, la rabia lo absorbió, mientras la dulce niña miraba bajo la lluvia triste la escena.

Relato escrito e ilustrado por Adrián Padrón Ortega (4º Eso, Curso 16/17)

La bruja de la nariz azul

La bruja de la nariz azul esperaba sentada con su escoba al lado de la chimenea. Preparó pasteles y manjares azucarados, apoyó la escoba en la pared chocolate y suspiró:

-¡Qué hambre tengo! – dijo con voz rota.

De repente la puerta bastón se abrió y unos mellizos de dorados cabellos entraron:

– ¿Hola? – dijeron los pequeños al unísono.

-Pasad, aquí hay fuego para todos…

Relato escrito e ilustrado por Adrián Padrón Ortega (4º Eso , Curso 16/17)

Estaba buscando los recuerdos en su memoria, su mente de androide no era tan rápida como se suponía, pero al fin los encontró y cerró los ojos para reproducirlos.

Al abrirlos de nuevo, se encontraba en un laboratorio. Sus ojos merodeaban curiosos y acabaron en la ventana, era negro, y…espera…¿era eso Júpiter? Sus ojos se entrecerrraron para poder mirar mejor y, sí, estaba viendo Júpiter. ¡Estaba en un laboratorio en el espacio! ¡ qué locura!

Sus ojos siguieron el camino, fijándose esta vez en varios androides atados en camas. En uno de ellos se podía leer “X-22”, experimentos fallidos anteriores a ella, X-23. Sus ojos cayeron en una espalda robusta, un hombre que miraba varias sustancias. En los tubos de ensayo se distinguían distintas etiquetas: ADN de Grifo, ADN de Pegaso, y así seguía con al menos treinta tubos de ensayo distintos.

      El hombre se  giró, solo revelando media cara, una tez pálida con ojos verdes y pelo negro, revuelto, el hombre caminó hacia una mesa y sonrió. El hombre caminó hacia una mesa y sonrió.

-Mi segunda mejor obra está a punto de despertar.

Se giró completamente hacia mí, enseñando la otra mitad de su cara. Una cara metálica, otro androide, un androide creando androides.

Relato escrito por Yurima Cabrera García (4º Eso, Curso 16/17)

Los nuevos Hansel y Gretel

Una vieja bruja caminaba por un bosque cuando escuchó las voces de dos niños que iban solos caminando. A cada paso que daban, dejaban pequeñas piedras. La bruja sonrió maliciosamente y decidió tenderles una trampa.

Hizo una casa de pan de jengibre, pastel y azúcar moreno y esperó a que los niños llegaran a la casa. Y esperó, y esperó, y esperó y siguió esperando, y esperó. Cuando se iba a rendir, tras dos días de esperar por los niños, estos mordieron el anzuelo: el niño acabó en una jaula y la niña fue obligada a hacer las tareas de la casa  como si fuera una criada.

    Los días pasaron y la bruja decidió meter al niño al hormo para comérselo. Ordenó a la niña calentar el horno. Esta le tendió una trampa y la empujó al hormo, pero la bruja no cayó dentro y, llevada  por la ira, acabó cocinando a los dos niños.

 

Relato escrito por Yurima Cabrera García (4º Eso, Curso 16/17)

Mundo mágico

Después de salir del instituto pasamos por el parque de siempre y Albanta me avisó de que había una luz extraña detrás de un arbusto. Vimos una puerta grandísima y a un duende superpequeño entrando. Justo cuando la puerta se cerraba, entramos nosotras.

Aquel lugar era lo más extraño que pudieses imaginar: cerdos voladores, dragones rosas, unicornios que parecían bastante enfadados y sirenas que nadaban en lagos de 7up. Albanta vio una nube y se acostó en ella. ¿ De verdad se podía dormir en una nube?Aquí sí. Yo me acosté en otra y dormimos.

-¡Rocío! ¡Albanta!

¡Qué extraño! nadie allí nos llamaría por nuestro nombre.

– ¡Despierten ya!¡No se puede dormir en clase!

Miré a Albanta, se esfumó y , de repente, desperté en clase, miré a Albanta y ella me miró a mí con la misma cara de sorpresa que debía de estar poniendo yo. ¿Realmente habíamos tenido el mismo sueño?

Relato escrito por Iriome Montañez Noda (4º Eso, Curso 16/17)

 

El capitán Garfio (o Peter Pan)

   Érase una vez un capitán de un barco pirata que había vivido siempre en el País de Nunca Jamás, hasta que un día, un insolente niño (que debía de estar aburrido) tras la mayor pelea de las que habían transcurrido en aquel barco, consiguió tirarlo al mar.

Por aquellas aguas había un cocodrilo, que le arrancó la mano de un bocado. Por suerte, su tripulación consiguió sacarlo del agua y , su más fiel ayudante, Smith, le puso el más hermos garfio de plata que jamás había existido, donde antes estaba su áspera mano.

-¡Peter Pan! ¡Juro mi venganza! ¡No pararé hasta que lo consiga! -dijo el capitán.

Y desde entonces pasaron años y  años intentando darle muerte a aquel niño.

Relato escrito por Iriome Montañez Noda (4º Eso, Curso 16/17)