Al revés

El feroz lobo no era tan feroz como pensaba Caperucita.

Tan grande fue la bronca de su madre, que Caperucita iba muy aterrada de camino a casa dela abuelita. No paraba de memorizar aquellas palabras tan fuertes, estaba muy concentrada en aquella escena que había ocurrido hacía nada.

El lobo la vio y se acercó para decirle un par de palabras. Le preguntó a dónde iba una chica tan mosqueada. Ella, sin mirarle a la cara, le contestó:

– ¡A casa de mi abuelita, no me distraigas! – dijo con rentintín.

El lobo muy cariñoso le mostró el camino para que no se perdiera y llegara. Ella, muy orgullosa, se va sin darle las  gracias.

Una vez llega a la casa, ni saluda ni pide entrar, muy raro en ella  ya que es muy educada con la abuelita. Caperucita busca a la abuela y una vez  la ve nota cosas diferentes en ella.

– ¡Oh, no! – exclama aterrada. ¡Es el lobo! – dice mientras coge una escopeta y lo mata.

Ya caperucita no es una niña, ni buena ni mimada.

Relato escrito por Safira Millares (4º Eso, Curso 16/17)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *