La Bella y La Bestia

Escuchó los rugidos de la Bestia que provenían del salón principal donde se hallaba encerrada Bella. Saltó durante tres minutos, sin descanso hasta llegar allí, asomó la cabeza entre las rendijas de la puerta y se quedó a escuchar.

– No me hagas daño, Bella, te amo -dijo la Bestia.

– Por tenerme aquí durante años – contestó ella.

Y lo último que vio la Tacita fue como ella arrancaba el último pétalo de rosa que quedaba. Escuchó el último aliento de la Bestia antes de su trágica muerte.

Relato escrito e ilustrado por Cristina del Carmen Cristovinho Leite (4º Eso, Curso 16/17)

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