Relato con espacio ficticio, diálogo en estilo directo y narrador en primera persona

   Sin mapas ni rutas fuimos en busca de nuevas y espectaculares aventuras. Anduvimos durante horas y, a pesar del cansancio, la ilusión seguía intacta. Poco a poco la ola de calor que nos golpeaba en la cara, iba quedando atrás junto con el canto de aquellos pájaros de tres alas.

       Nos adentramos en un lugar frío, de un color azulado con destellos rojos, donde residían animales espectaculares. Algunas criaturas caminaban por el agua, otras se alimentaban de pedazos del cielo marrón que cubría todo aquel lugar. Era todo muy bonito y extraño.

       – ¿Qué tal si nos vamos? -sugirió mi amigo.

       Tras ver cosas tan impactantes dimos media vuelta y nos retiramos sin llamar mucho la atención de aquellos seres.

        Jaime, el más viejo de nosotros, tropezó con una rama que no paraba de moverse y de cambiar de color. Rápidamente quedó dormido a nuestro lado.

       – ¿Dónde estoy? ¿Qué ha pasado? –  preguntó en el suelo de su habitación tran una gran caída desde su enorme cama.

Relato escrito por Berenice Armas Mederos (4º Eso, Curso 16/17)

 

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