Archivos de la categoría Contadores de historias

Al revés

El feroz lobo no era tan feroz como pensaba Caperucita.

Tan grande fue la bronca de su madre, que Caperucita iba muy aterrada de camino a casa dela abuelita. No paraba de memorizar aquellas palabras tan fuertes, estaba muy concentrada en aquella escena que había ocurrido hacía nada.

El lobo la vio y se acercó para decirle un par de palabras. Le preguntó a dónde iba una chica tan mosqueada. Ella, sin mirarle a la cara, le contestó:

– ¡A casa de mi abuelita, no me distraigas! – dijo con rentintín.

El lobo muy cariñoso le mostró el camino para que no se perdiera y llegara. Ella, muy orgullosa, se va sin darle las  gracias.

Una vez llega a la casa, ni saluda ni pide entrar, muy raro en ella  ya que es muy educada con la abuelita. Caperucita busca a la abuela y una vez  la ve nota cosas diferentes en ella.

– ¡Oh, no! – exclama aterrada. ¡Es el lobo! – dice mientras coge una escopeta y lo mata.

Ya caperucita no es una niña, ni buena ni mimada.

Relato escrito por Safira Millares (4º Eso, Curso 16/17)

Relato fantástico

Sentada en una silla, he estado agarrando la cabeza de mi mejor amigo durante medio día, a través de la telequinesis me he comunicado con él.

Pasó demasiado rápido, estábamos en el coche volador cuando, de repente, otro coche nos embistió.

– ¿Estás bien, Héctor? – pregunté con miedo y no hubo respuesta.

A su derecha apareció una sombra, se estaba llevando mi alma, lo sentía en lo más profundo, más tarde se llevó la de él y la de la ciudad entera.

Ahora en el hospital, nadie camina con un rumbo fijo, simplemente afuera en el mar nadie habla.

 

Relato escrito e ilustrado por Cristina del Carmen Cristovinho Leite (4º Eso, Curso 16/17)

La Bella y La Bestia

Escuchó los rugidos de la Bestia que provenían del salón principal donde se hallaba encerrada Bella. Saltó durante tres minutos, sin descanso hasta llegar allí, asomó la cabeza entre las rendijas de la puerta y se quedó a escuchar.

– No me hagas daño, Bella, te amo -dijo la Bestia.

– Por tenerme aquí durante años – contestó ella.

Y lo último que vio la Tacita fue como ella arrancaba el último pétalo de rosa que quedaba. Escuchó el último aliento de la Bestia antes de su trágica muerte.

Relato escrito e ilustrado por Cristina del Carmen Cristovinho Leite (4º Eso, Curso 16/17)

Estaba buscando los recuerdos en su memoria, su mente de androide no era tan rápida como se suponía, pero al fin los encontró y cerró los ojos para reproducirlos.

Al abrirlos de nuevo, se encontraba en un laboratorio. Sus ojos merodeaban curiosos y acabaron en la ventana, era negro, y…espera…¿era eso Júpiter? Sus ojos se entrecerrraron para poder mirar mejor y, sí, estaba viendo Júpiter. ¡Estaba en un laboratorio en el espacio! ¡ qué locura!

Sus ojos siguieron el camino, fijándose esta vez en varios androides atados en camas. En uno de ellos se podía leer “X-22”, experimentos fallidos anteriores a ella, X-23. Sus ojos cayeron en una espalda robusta, un hombre que miraba varias sustancias. En los tubos de ensayo se distinguían distintas etiquetas: ADN de Grifo, ADN de Pegaso, y así seguía con al menos treinta tubos de ensayo distintos.

      El hombre se  giró, solo revelando media cara, una tez pálida con ojos verdes y pelo negro, revuelto, el hombre caminó hacia una mesa y sonrió. El hombre caminó hacia una mesa y sonrió.

-Mi segunda mejor obra está a punto de despertar.

Se giró completamente hacia mí, enseñando la otra mitad de su cara. Una cara metálica, otro androide, un androide creando androides.

Relato escrito por Yurima Cabrera García (4º Eso, Curso 16/17)

Los nuevos Hansel y Gretel

Una vieja bruja caminaba por un bosque cuando escuchó las voces de dos niños que iban solos caminando. A cada paso que daban, dejaban pequeñas piedras. La bruja sonrió maliciosamente y decidió tenderles una trampa.

Hizo una casa de pan de jengibre, pastel y azúcar moreno y esperó a que los niños llegaran a la casa. Y esperó, y esperó, y esperó y siguió esperando, y esperó. Cuando se iba a rendir, tras dos días de esperar por los niños, estos mordieron el anzuelo: el niño acabó en una jaula y la niña fue obligada a hacer las tareas de la casa  como si fuera una criada.

    Los días pasaron y la bruja decidió meter al niño al hormo para comérselo. Ordenó a la niña calentar el horno. Esta le tendió una trampa y la empujó al hormo, pero la bruja no cayó dentro y, llevada  por la ira, acabó cocinando a los dos niños.

 

Relato escrito por Yurima Cabrera García (4º Eso, Curso 16/17)

Mundo mágico

Después de salir del instituto pasamos por el parque de siempre y Albanta me avisó de que había una luz extraña detrás de un arbusto. Vimos una puerta grandísima y a un duende superpequeño entrando. Justo cuando la puerta se cerraba, entramos nosotras.

Aquel lugar era lo más extraño que pudieses imaginar: cerdos voladores, dragones rosas, unicornios que parecían bastante enfadados y sirenas que nadaban en lagos de 7up. Albanta vio una nube y se acostó en ella. ¿ De verdad se podía dormir en una nube?Aquí sí. Yo me acosté en otra y dormimos.

-¡Rocío! ¡Albanta!

¡Qué extraño! nadie allí nos llamaría por nuestro nombre.

– ¡Despierten ya!¡No se puede dormir en clase!

Miré a Albanta, se esfumó y , de repente, desperté en clase, miré a Albanta y ella me miró a mí con la misma cara de sorpresa que debía de estar poniendo yo. ¿Realmente habíamos tenido el mismo sueño?

Relato escrito por Iriome Montañez Noda (4º Eso, Curso 16/17)

 

El capitán Garfio (o Peter Pan)

   Érase una vez un capitán de un barco pirata que había vivido siempre en el País de Nunca Jamás, hasta que un día, un insolente niño (que debía de estar aburrido) tras la mayor pelea de las que habían transcurrido en aquel barco, consiguió tirarlo al mar.

Por aquellas aguas había un cocodrilo, que le arrancó la mano de un bocado. Por suerte, su tripulación consiguió sacarlo del agua y , su más fiel ayudante, Smith, le puso el más hermos garfio de plata que jamás había existido, donde antes estaba su áspera mano.

-¡Peter Pan! ¡Juro mi venganza! ¡No pararé hasta que lo consiga! -dijo el capitán.

Y desde entonces pasaron años y  años intentando darle muerte a aquel niño.

Relato escrito por Iriome Montañez Noda (4º Eso, Curso 16/17)

Relato con narrador en 1ª persona protagonista

  Nací en Daxan, mi padre era el rey del planeta. Antes de su muerte, me dedicó sus últimas palabras “Por y para siempre”. Yo, desgraciadamente, ni siquiera le dije adiós. Nuestro planeta estalló en menos de un segundo a causa del sol verde que procedía de Temisira, brilló tanto que nos destruyó junto a nuestro vecino Kripton.

Caí al vacío y en mis últimos pensamientos vi a una chica rubia a quien iluminaba un sol amarillo.

       – ¡Hola, Chris-El! ¿estás despierto?- decía una voz, pero no sabía de dónde procedía-. Soy la chica de tus pensamientos, abre los ojos.

      Mis ojos se abrieron lentamente y la vi, ahí estaba mi salvadora: Supergirl.

Relato escrito e ilustrado por Liliana Rodríguez (4º Eso, Curso 16/17)

Cuento tradicional con narrador en 3ª persona observador

     El lobo estaba acostado en el pasto verde del inmenso bosque. Tenía demasiada hambre y no podía pensar con claridad. Hambriento, esperaba por Caperucita, su novia, que le traía algo de comer.

       Al llegar esta, le dijo que la comida era para su abuela. El lobo se enfadó tanto que la esperó en casa de su abuelita. Se acostó tranquilo en la cama de la viejita y, cuando Caperucita llegó y se acercó a la cama, su hermosa caperuza roja se tiñó aún más de rojo.

Relato escrito e ilustrado por Liliana Rodríguez (4º Eso, Curso 16/17)

 

Relato con espacio ficticio, diálogo en estilo directo y narrador en primera persona

   Sin mapas ni rutas fuimos en busca de nuevas y espectaculares aventuras. Anduvimos durante horas y, a pesar del cansancio, la ilusión seguía intacta. Poco a poco la ola de calor que nos golpeaba en la cara, iba quedando atrás junto con el canto de aquellos pájaros de tres alas.

       Nos adentramos en un lugar frío, de un color azulado con destellos rojos, donde residían animales espectaculares. Algunas criaturas caminaban por el agua, otras se alimentaban de pedazos del cielo marrón que cubría todo aquel lugar. Era todo muy bonito y extraño.

       – ¿Qué tal si nos vamos? -sugirió mi amigo.

       Tras ver cosas tan impactantes dimos media vuelta y nos retiramos sin llamar mucho la atención de aquellos seres.

        Jaime, el más viejo de nosotros, tropezó con una rama que no paraba de moverse y de cambiar de color. Rápidamente quedó dormido a nuestro lado.

       – ¿Dónde estoy? ¿Qué ha pasado? –  preguntó en el suelo de su habitación tran una gran caída desde su enorme cama.

Relato escrito por Berenice Armas Mederos (4º Eso, Curso 16/17)