Archivos de la categoría CURSO 2013-14

Donde nunca se pierde la esperanza

     Me remonto a ocho años antes de esta guerra, cuando el mundo era, digamos, normal y todo estaba tranquilo. Una tarde de verano la encontré, hermosa, esplendorosa como una rosa, la chica más bonita que he visto. Yo, sin perder un segundo, no dejé pasar el momento, me levanté y le hablé. Estuvimos toda la tarde juntos como dos niños, jugando a quererse.  Después de esa tarde no la volví a ver porque ella se marchó a Alemania con su familia y, si les digo la verdad, me dolió no volverla a ver en mucho tiempo.

Hoy, 25 de diciembre de 2021, vivimos la misma guerra mundial. Yo, un boina roja del Segundo Batallón de los Marines de Estados Unidos, y ella, ayudante general del mismísimo diablo reencarnado,el despreciable Adolf Hitler.

     Al principio no me di cuenta, pero era ella: una rubia de pelo hasta los hombros, ojos verdiazules, alta y con una cara de ángel. Estaba allí, con el enemigo del mundo, y yo, sin poderla tener, metido en una trinchera pensando en ella y mirando el cielo estrellado con mi fusil cargado y preparado para adentrarme en el ojo del huracán solo para salvarla.

      Es de locos verdad pero da igual,  muchos, y entre ellos yo,  le llamamos amor. Sinceramente, mi mayor temor es que ya casi estamos acabando la guerra y no tengo un compañero que me guarde las espaldas. Solo mi corazón y yo esperando a que el amor de mi vida me reconozca.

     Yo me metí por unos conductos de ventilación en la base general. Encontré un soldado alemán durmiendo en el suelo y con un golpe en el cuello logré arrebatarle su uniforme. Después le puse mi ropa y lo dejé allí. Me metí por un pasillo, que me llevaba directo al camarote de mi amada, pero antes tenía que pasar por delante de unos soldados alemanes. Pasé por delante y ni se inmutaron.  Justo, cuando iba a entrar en su camarote, abrió ella por su lado, me miró y en voz baja me preguntó qué hacía allí. Me metió en su camarote y empezamos a hablar.

     Ella era un espía, de pequeña la habían destinado a Alemania para que se convirtiera en la máxima confianza de Hitler y por eso se marchó. También me contó que nunca se había olvidado de mí y me seguía recordando, pero no podíamos estar juntos porque la guerra todavía no había terminado.

      Pasaron dos años más y la guerra terminó con el triunfo de nuestra armada con ayuda de ella. Al pasar una semana nos volvimos a encontrar. Teníamos mucho que contarnos y nos fuimos a tomar una taza de café. Tras  muchas citas terminamos juntos y mis hijos hoy la llaman mamá.

 

Relato escrito por Anthony Braggio (2º Eso, Curso 2013-14)

Una tarde entre rosas

     El amor que por ti siento
  no se puede marchitar,
contigo, alma gemela,
la vida   quiero pasar.
 
Cógeme  entre tus brazos,
 que no pueda escapar,
y  que tus besos  me atrapen
 en un amor sin final.
 
Tus  caricias he de sentir
cada mañana al despertar
y tus ojos iluminados
 me volverán  a enamorar.

 

ESCRITO POR HAIZEA CARNELL Y NAYARA QUINTANA

Curso 2013-14, 1º Eso

Unas navidades excelentes

     Siempre soñé pasar unas navidades excelentes con mi familia en París. Comer en un restaurante todos juntos pasándolo bien, reírnos, hablar, etc.

       Siempre me ha gustado abrir los regalos juntos a mi familia, aunque no esté  la persona que quieres. Casi todos los años en navidad me regalan ropa y dinero, después voy a casa de mis familiares y me regalan otras cosas. Aunque la navidad no es solo los regalo, también es felicidad, amor, en fin,  pasarlo bien con tus seres más apreciados.

Relato escrito por Yarely Gopar (1º Eso, Curso 2013-14) 

Unas navidades familiares

      A mí me gustaría pasar estas navidades con mis abuelos pero, como siempre, mis tías vienen de Tenerife a pasar las navidades con nosotros.  Desde pequeño he querido estar con mis abuelos o con mis tíos  que viven en Las Palmas. El día 6 de enero voy a casa de mis abuelos a partir el roscón de reyes, yo siempre lo parto porque soy el nieto preferido de ellos.

Relato escrito por Fernando Ruiz (1º Eso, Curso 2013-14)

Unas navidades diferentes

 
     A mí me gustaría tener unas navidades en mi casa de Uruguay, comiendo comidas típicas de allí, y disfrutando de mis familiares de Uruguay.
       Me gustaría cenar en la mesa de mis abuelos, frente al árbol de navidad lleno de luces, decoración y regalos. Después de cenar, subir a la azotea a lanzar fuegos artificiales y petardos. Después de lanzar los fuegos artificiales, comprados en la tienda de nuestro barrio, bajar al salón y abrir los regalos que estén debajo de nuestro de árbol.  Para terminar la noche, acabamos todos enseñando nuestros regalos de navidad, que este año fueron muchos.
 
  Relato escrito por Nahuel Pereyra (1º Eso, Curso 2013-14)

El pasado y el presente de mi abuelo

    Mi abuelo nació en 1927 en una familia pobre y humilde, por eso no pudo estudiar y tuvo que trabajar. Cuando empezó a hacerse mayor, llegó la radio, algo que para él era increíble. ¿Cómo era posible escuchar voces y música a través de un  trozo de metal, de madera, con cables y botones? Se quedó boquiabierto. ¿De dónde venían esas voces y esa música? ¿Qué eran las ondas?

     Siguió su vida pensando que el mundo estaba cambiando, cuando llegó la televisión. ¡Otro palo para mi abuelo! ¿Cómo le explicaban qué era la televisión? Un aparato donde se veía  a personas  en blanco y negro, como si estuvieran. Mi abuelo, la primera vez que vio una televisión, le dio vueltas para ver dónde estaban escondidas las personas que estaban dentro. Extrañado intentó que  alguien le explicara cómo era posible ver gente a través de la tele. Y le volvieron a decir que eran las ondas.

     Mi abuelo no se enteró de nada. Lo único que hacía era trabajar y trabajar  para sacar a su familia a delante, pues quería comprarse una tele, para saber cómo funcionaba. Transcurridos varios años creyendo que este mundo no iba a cambiar más, le aparecen en casa con un ordenador, con el que sus nietos jugaban con unos machanguitos y les preguntó ¿qué es eso? Los nietos le contestaron que era un videojuego. Mi abuelo, perplejo, le preguntó que era un videojuego. Y le dijeron que era un juego que estaba dentro del ordenador.

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     Un año en reyes, sus hijos le regalaron un teléfono móvil. Mi abuelo exclamó ¡dónde está el cable para enchufarlo a la pared!, ¡esto está roto! Él estaba acostumbrado al teléfono fijo, que estaba enchufado a la pared. Entonces sus hijos tuvieron que explicarle qué era un móvil, que existía una cosa que eran las ondas. Y que los móviles no iban por cable, iban por satélite, donde había una cosa llamada internet. Cosa que ahora,  cuando nacemos, ya tenemos. Es algo normal. No nos preguntamos, el porqué, el dónde y el cuándo. Mientras  que mi abuelo, con 86 años, todavía se preguntaba cómo puede hablar desde los tomateros, hasta Gran Canaria donde vive su hija. A veces lo he escuchado gritar, él cree que gritando lo escuchará antes.

Ésta es la historia de mi abuelo y sus tecnologías. Para nosotros es tan simple como ver la tele, jugar al ordenador, llamar por el móvil, meterse en internet, pero si tengo que explicarle a mi abuelo qué es el facebook, el tuenti y el WhatsApp me voy a cargar a mi abuelo. Y yo no quiero, quiero que siga viviendo feliz con sus cabras.

Belmar Cabrera Cabrera ( 2ºEso,  Curso 2013-14)

Las repisas de los trofeos

     

     Hace 10 años mi madre trabajaba en una frutería del Charco. Como mi madre es única, vio unas cajas de madera y, como mi abuelo era carpintero, tuvo la idea de dárselas para que con ellas hiciera unas repisas originales y modernas.

     Mi abuelo tardó 2 meses, era mayor, pero consiguió hacer dos repisas preciosas para mi cumple y, aunque ha pasado tiempo, esas repisas siguen en mi cuarto con mis mejores trofeos, medallas, diplomas y fotos. No hay día que pase, que no me acuerde del cariño que él puso en hacerlas.

    Una de las repisas es grande y verde, en ella tengo mis trofeos y medallas;  y la otra, pequeña y amarilla en la que tengo mis fotos y diplomas. Cada vez que lo veo me acuerdo de mi abuelo.

         Hace poco envié todos mis trofeos, fotos, medallas y diplomas a Madrid porque aquí no tenía hueco. Mi abuelo también me hizo percheros, puertas, coches y skate: todo lo que él me hizo lo envié a Madrid, menos la casita pequeña que me hizo cuando yo tenía 3 años,  la cual tengo en la finca y dentro de ella tengo fotos de mi abuelo. 

Relato escrito por Marta Martínez (2º Eso, Curso 2013-14)

La enfermera

     Les voy a contar lo que hice en el pasado y que me perjudicó tanto en el futuro.

     Era una enfermera como otra cualquiera, aunque un tanto extraña, sí, lo admito. Todo empezó a complicarse cuando se me ocurrió la estúpida idea de decirles a las madres que sus hijos habían muerto, para yo poder enviarlos a Madrid diciendo que las madres lo abandonaron o que no  habían sobrevivido al parto.

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     Sinceramente,  no sé porqué hacía eso, supongo que era por el bien de los niños o por el dinero que me daban por cada uno de ellos, pero no era la única que lo hacía, en ese hospital había más de diez personas que hacían lo mismo que yo.

     Nunca se me pasó por la mente que estaba cometiendo un grave delito, nunca pensé que estaría ahora mismo donde estoy. Tampoco pensé en el daño que les hice a todas esas madres quitándoles a sus bebés y ahora mismo me arrepiento de todo aquel daño.

     Supongo que ahora estaré pagando por eso, por el simple hecho de que, ahora mismo, estoy en la cárcel cumpliendo 13 años de condena. ¡Ojalá  nunca se me hubiera parado esa idea por la cabeza, me arrepiento tanto!

 Relato escrito por Carla Navarro (2º Eso, curso 2013-14)

El espectro

     Lo recuerdo como si fuera ayer, de hecho, aquel recuerdo nunca se borrará de mi mente.  Esa noche lluviosa, quién me diría que me encontraría con aquel ser, jamás  pensé que existiera,  ni siquiera  había oído  hablar de él,  pero hay algunas cosas  que es mejor ignorar.

     Me desperté aquella noche sin previo aviso, miré por la ventana pero no vi nada, como si la ciudad no existiese. Me levanté de la cama y noté  que me observaban. Me giré bruscamente, pero allí no había nadie.

     Abrí la puerta de de par en par y vi lo que, cual niño pequeño, no quisiere ver: un pasillo enorme… me pregunté cómo el pasillo era tan largo, que yo recordara mi casa no era tan grande.

     Al final me decidí y empecé a caminar. Oí un ruido a mi lado.  Me  quedé congelado, me giré muy despacio y empecé a ver una mancha blanca. Me quedé allí parado un momento. Sentí que no podía moverme, pero sin darme cuenta empecé a correr y no paré hasta que, poco a poco, empecé a ver una luz como si fuera el final del pasillo, pero no, era una simple vela en el suelo.

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     Me pregunté quién habría puesto esa vela ahí, pero me fui muy rápido con miedo a que la niebla me siguiera. Poco a poco, me sentí muy cansado, no podía correr más y me tumbé en el suelo y me dormí.

Relato escrito por Octavio Aguiar (2º Eso, Curso 2013-14)

Deseo contemplar tu rostro

 
 
En el sabor de la dulzura,
Deseo besar tus labios.
En las sombras de la pasión,
Deseo tener tu amor.
Deseo escapar de la prisión del yo,
Para perderme entre montañas y desiertos.
 

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Has de olvidar mis temores.
Tú eres la esencia de la esencia,
Quiero cantar tus alabanzas,La embriaguez del amor.
Mas permanezco muda
Con la angustia del deseo
Llenándome el corazón.
 
Arde el fuego de la pasión,
Nos deja la huella  de su experiencia.
Desde más allá de las estrellas y el vacío del espacio,
Trascendente,  puro,  de impensable belleza.
 
Transformas cuanto tocas.
Produces alegría, nos abrumas con tu gracia.
Enciendes el fuego del amor en la tierra y
En el cielo, en el corazón y en el alma.
Por tu amor se funden existencias y no existencia.
 
Escrito por Haizea Carnell (1º Eso, Curso 2013-14)