Comprensión lectora (1º ESO A y C)

Hoy, día 11 de junio, te propongo que leas y hagas algunas actividades sobre unos fragmentos de una obra llamada Firmin del escritor Sam Savage, publicada en 2006.

FIRMIN

Firmin es una rata que nace en el sótano de una librería. Aprende a leer devorando las páginas de los libros. Pronto descubre que leer lo puede transportar a mundos distintos del suyo. Cuanto más lee, más cerca se siente de los humanos y más lejos de su condición de rata.

Firmin lee

FRAGMENTOS:

No me ha sido posible desplazarme mucho por el llamado mundo real, pero sí que he hecho un montón de viajes en la cabeza, conduciendo mis pensamientos por este o aquel camino. Cierta vez, durante uno de tales viajes, conocí en un bar a un hombre que me contó una historia de cuando era pequeño, en Berlín, Alemania, justo al final de la guerra. La Segunda Guerra Mundial, tuvo que ser. […]

La ciudad entera había quedado reducida a escombros tras los bombardeos, (…) y era invierno y hacía frío y no había nada de comer. Su casa –lo que quedaba de ella– estaba oscura y fría, así que el muchachito se pasaba la mayor parte del tiempo sentado en el bordillo de la acera al abrigo de una pared soleada, donde hacía un poco más de calor. Se pasaba horas allí sentado, todos los días, soñando con comida. Delante de su casa, una bomba había abierto un enorme agujero. Lo habían rellenado en parte, pero seguía siendo un agujero, y un día llegó por la calle aquella una camioneta cargada de carbón. El conductor no vio el cráter a tiempo y el vehículo se metió en él, ¡kerbang! Se produjo un tremendo barquinazo[1] y cayó al suelo mucho carbón. Pero la camioneta no se detuvo. Se perdió en la curva siguiente, y por unos instantes no hubo más que una calle vacía donde el sol alumbraba una alfombra de carbón. Un pedacito había llegado rodando hasta quedar cerca del pie del muchacho. […]

Y de pronto, como si alguien hubiera dado la señal, se abrieron las puertas a todo lo largo de la calle y empezaron a salir hombres y mujeres, más bien mujeres, a todo correr. El chico se quedó mirando, asombrado, mientras recogían los trozos de carbón en delantales y cestas, peleándose incluso entre ellas. El chico tapó con el pie el pedacito que yacía en el suelo junto a él y, más adelante, cuando todas habían vuelto a meterse en sus casas, se lo guardó en el bolsillo. Del comportamiento de aquellas mujeres había deducido que se trataba de algo muy valioso, aun sin tener ni idea de qué podía ser. Luego volvió la esquina y se lo sacó del bolsillo e intentó comérselo.

[1] Barquinazo: Vuelco

Sam Savage. Firmin. Seix Barral.

Realiza a continuación las siguientes actividades en un documento de word y envíamelas a pidolapalabrasite@gmail.com.

  1. Resume con tus palabras lo que sucede en estos fragmentos.
  2. ¿A qué tipo de género literario pertenecen? ¿Por qué?
  3. ¿Quién es el narrador?
  4. ¿Quién es el personaje principal de lo que se cuenta?
  5. ¿Por qué crees que el muchacho intenta comerse el carbón?

Mucho ánimo y no dejes de leer. Un saludo de tu profesora de Lengua Castellana y Literatura, Raquel Almeida.

Comprensión lectora: El Lazarillo de Tormes (3º ESO E)

En las semanas anteriores hemos leído y trabajado algunas cuestiones del Tratado Segundo de El Lazarillo de Tormes. Hoy, día 11 de junio, vamos a continuar con la lectura de esta obra, con el último fragmento del Tratado Segundo. Léelo atentamente, consulta en el diccionario rae.es las palabras que no entiendas (las palabras en negrita las tienes aclaradas al final del texto) y contesta después las cuestiones que se te plantean al final. Debes enviármelas para su corrección en un documento de word al correo pidolapalabrasite@gmail.com.

TRATADO SEGUNDO (4ª parte)

Quisieron mis hados, o por mejor decir, mis pecados, que una noche que estaba durmiendo, la llave se me puso en la boca, que abierta debía tener, de tal manera y postura, que el aire y resoplo que yo durmiendo echaba salía por lo hueco de la llave, que de cañuto era, y silbaba, según mi desastre quiso, muy recio, de tal manera que el sobresaltado de mi amo lo oyó y creyó sin duda ser el silbo de la culebra; y cierto lo debía parecer.

Levantóse muy paso con su garrote en la mano, y al tiento y sonido de la culebra se llegó a mí con mucha quietud, por no ser sentido de la culebra; y como cerca se vio, pensó que allí en las pajas do yo estaba echado, al calor mío se había venido. Levantando bien el palo, pensando tenerla debajo y darle tal garrotazo que la matase, con toda su fuerza me descargó en la cabeza un tan gran golpe, que sin ningún sentido y muy mal descalabrado me dejó.

Como sintió que me había dado, según yo debía hacer gran sentimiento con el fiero golpe, contaba él que se había llegado a mí y dándome grandes voces, llamándome, procuró recordarme.

Mas como me tocase con las manos, tentó la mucha sangre que se me iba, y conoció el daño que me había hecho, y con mucha priesa fue a buscar lumbre. Y llegando con ella, hallóme quejando, todavía con mi llave en la boca, que nunca la desamparé, la mitad fuera, bien de aquella manera que debía estar al tiempo que silbaba con ella.

Espantado el matador de culebras qué podría ser aquella llave, miróla, sacándomela del todo de la boca, y vio lo que era, porque en las guardas nada de la suya diferenciaba. Fue luego a proballa, y con ella probó el maleficio. Debió de decir el cruel cazador: “El ratón y culebra que me daban guerra y me comían mi hacienda he hallado.”

De lo que sucedió en aquellos tres días siguientes ninguna fe daré, porque los tuve en el vientre de la ballena; mas de cómo esto que he contado oí, después que en mí torné, decir a mi amo, el cual a cuantos allí venían lo contaba por extenso.

A cabo de tres días yo torné en mi sentido y vine echado en mis pajas, la cabeza toda emplastada y llena de aceites y ungüentos y, espantado, dije:

-¿Qué es esto?

Respondióme el cruel sacerdote:

-A fe, que los ratones y culebras que me destruían ya los he cazado.

Y miré por mí, y vime tan maltratado, que luego sospeché mi mal.

A esta hora entró una vieja que ensalmaba, y los vecinos. Y comiénzanme a quitar trapos de la cabeza y curar el garrotazo. Y como me hallaron vuelto en mi sentido, holgáronse mucho y dijeron:

-Pues ha tornado en su acuerdo, placerá a Dios no será nada.

Ahí tornaron de nuevo a contar mis cuitas y a reírlas, y yo, pecador, a llorarlas. Con todo esto, diéronme de comer, que estaba transido de hambre, y apenas me pudieron demediar. Y ansí, de poco en poco, a los quince días me levanté y estuve sin peligro, mas no sin hambre, y medio sano.

Luego otro día que fui levantado, el señor mi amo me tomó por la mano y sacóme la puerta fuera y, puesto en la calle, díjome:

-Lázaro, de hoy más eres tuyo y no mío. Busca amo y vete con Dios, que yo no quiero en mi compañía tan diligente servidor. No es posible sino que hayas sido mozo de ciego.

Y santiguándose de mí, como si yo estuviera endemoniado, tórnase a meter en casa y cierra su puerta.

  • recordarme: despertarme.
  • guardas: muescas.
  • ensalmaba: curaba con hechicerías.
  • demediar: satisfacer la mitad.

A continuación, responde las siguientes cuestiones. Recuerda que las respuestas has de buscarlas en el texto, no en Internet:

  1. ¿Dónde guarda Lázaro la llave y qué le ocurre por esconderla en tal sitio?
  2. Busca y escribe los adjetivos que califican a este clérigo de Maqueda. Por ejemplo, mísero… A partir de los adjetivos encontrados, redacta brevemente tu opinión sobre el clérigo.

Mucho ánimo y no dejes de leer. Un saludo afectuoso de tu profesora del Ámbito Sociolingüístico, Raquel Almeida.