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Entrevista a: Nélida Zaitegui.


  Nélida Zaitegui ha sido de todo en educación. Ha sido responsable de diversos programas del Departamento de Educación del Gobierno Vasco como el de “Educación para la convivencia y la paz”, “Habilidades para la Vida” o “Formación de Equipos Directivos”. Ha participado como directora en el curso de formación del Programa Europeo Leonardo en […]

Autor: «» Publicado el Sep 1, 2013 en El Bucio 19, Entrevista 19, round 19 | 0 comentarios

Entrevista a: Nélida Zaitegui.

 

Nélida Zaitegui ha sido de todo en educación. Ha sido responsable de diversos programas del Departamento de Educación del Gobierno Vasco como el de “Educación para la convivencia y la paz”, “Habilidades para la Vida” o “Formación de Equipos Directivos”. Ha participado como directora en el curso de formación del Programa Europeo Leonardo en el País Vasco y dirigió el Colegio Público Kanpazar Ikastola de Portugalete desde 1979 a 1984, año en que accedió a la Inspección Educativa.

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Nélida Zaitegui

Investigadora incansable y ponente elocuente, lo que nunca ha dejado de ser esta “encantadora de serpientes”, es aquella maestra, luego licenciada en pedagogía, que en 1967 pisó por primera vez un aula para dedicar toda una vida a la docencia y la educación.

Hemos invitado a Nélida al Centro del ProfesoradoTenerife Sur para que imparta una ponencia dirigida a equipos directivos sobre el “Cambio y la Gestión del Cambio en los Centros Educativos”. Mientras ultimamos los preparativos para su conferencia almorzando en un restaurante cercano al Centro del Profesorado, le abordamos para hacerle unas preguntas.

¿Hay mojo?- Le pregunta al camarero.

Conocedora de nuestra gastronomía (no es la primera vez que nos visita), damos buena cuenta de una ensalada de la casa como primer plato y unos chocos con papas como segundo. De postre pide un quesillo casero pues no lo había probado nunca, ya que Nélida no se cierra nunca al cambio y a experimentar nuevos sabores.

Acerca del cambio y la gestión del cambio en los centros educativos es sobre lo que queremos precisamente hablar con ella:

-Nélida, ¿es necesario cambiar algo en la educación?

Nos guste o no, el mundo cambia sin cesar y más en momentos como los actuales en los que, además, los cambios son muy rápidos. Los avances en todos los ámbitos, pero fundamentalmente en las tecnologías de información y comunicación, traen consigo cambios en la manera de ver y entender el mundopara vivir humanamente y con dignidad en los nuevos escenarios que van surgiendo. Nuestro alumnado tiene unas necesidades distintas en cada momento y la educación debe responder a ellas. Ya no es necesario saber cosas, sin más. Ahora la información está al alcance de cualquiera y en cualquier momento. Lo importante es ser capaz de localizarla, seleccionarla y construir con ella el conocimiento necesario para resolver cualquier situación o problema.

Resumiendo, no se trata de saber cosas sino de saber resolver con éxito las situaciones que se le presentan en la vida, sean éstas personales, emocionales, sociales o profesionales. Por eso es preciso saber hacer, a partir del conocimiento aplicado y significativo para sus vidas. A las personas de otras generaciones nos cuesta mucho entender esto. Pero este es un mundo nuevo y hemos de preparar al alumnado para vivir en él de manera exitosa y feliz.

Para ello, la educación tiene que cambiar desde la raíz, es decir, son las creencias, los paradigmas educativos, lo que pensamos y creemos que es la educación, lo que se debe revisar y adaptar al momento actual. De lo contrario, no solo perderemos el tiempo y generaremos frustración, sino la oportunidad de que nuestro alumnado esté bien preparado para la vida.

En la creencias individuales y colectivas del profesorado es donde está la posibilidad real de cambio. Por ahí se ha de empezar. Ortega decía que “las ideas se tienen, pero en las creencias se está, aunque no tengamos ni idea”.

-¿Se deben cambiar los centros?

Primero, no todo cambio es para mejorar (lo estamos viendo ahora con la propuesta de nueva ley). Por eso es importante saber qué necesita el alumnado para vivir humana y dignamente en los nuevos escenarios y qué debe hacer el centro para responder a esas necesidades. Se trata de tener claro el por qué y el para qué de las innovaciones que se proponen.

Es necesario definir muy bien la necesidad del cambio, pero no solo por el equipo directivo o un pequeño sector del claustro. En la medida de lo posible, se ha de implicar en el debate y en la toma de decisiones a todo el profesorado, al alumnado y a las familias. De lo contrario, el resultado será mediocre o no llegará a buen puerto.

Es necesaria una buena estrategia de comunicación para lograr la implicación. Si las personas no participan en el debate del por qué y para qué, no entenderán el sentido de lo que se propone, mientras que si lo hacen, se construirá el sentido colectivamente y, por ello, será más fácil su implicación. Lo mismo al definir el cómo se hará y quiénes. Es un proceso colectivo y hay que poner los medios, las estrategias y las herramientas para posibilitarlo y facilitarlo.

Se gastan muchas energías y recursos de todo tipo en ello. Por eso ha de ser un proceso bien pensado, sopesando su validez para lograr lo que se quiere con ello, su utilidad y su oportunidad. Y sin olvidar que las innovaciones vienen para quedarse; después de un periodo de cuidado y experimentación, han de pasar a ser rutinas e integrarse en las estructuras organizativas normales del centro. Por desgracia, se inician cambios que se agotan sin que se tenga claro el porqué, y así se van quemando oportunidades y generando mucho escepticismo.

-¿Cómo cambiar en las aulas?

En el aula es donde los cambios toman cuerpo, se hacen reales. Aquí, en un ámbito cerrado, llega la hora de la verdad. Mi experiencia como inspectora me ha enseñado que, por desgracia, en muchas ocasiones se hace como que se hace, es lo que se ha dado en llamar el cambio cosmético. Lo que pasa en las aula responde a las creencias profundas del profesorado y, pese a que se diga que bien, que sí, que hacemos algo… si no se han cambiado las creencias que están debajo de las acciones, en el fondo se seguirá actuando igual. Por eso, la clave está en hacer explícitos y compartir los paradigmas educativos. Dicho de otra manera, “solo se puede cambiar lo que se hace, si se cambia lo que se cree”.

El alumnado aprende siempre y en todo lugar y circunstancia. En el aula se producen cuatro tipos de desarrollo: personal, social, académico y axiológico. Los tres primeros se producen en el entorno de los valores vividos. Es necesario tenerlos presentes y actuar sobre ellos de modo simultáneo. Estos son los aprendizajes reales, seamos o no conscientes y los hagamos o no explícitos.

El aprendizaje, aprender a ser personas, a ser ciudadanas, a aprender y hacer para construir un mundo más justo, humano y humanizante, es la clave y el sentido de la educación. En el aula, lugar privilegiado para el aprendizaje, todo ha de estar centrado en el mismo y la enseñanza ha de estar a su servicio. No importa cómo se enseñe si el alumnado no aprende, porque la finalidad no es la enseñanza sino el aprendizaje. ¿Cómo aprende el alumnado más y mejor? Es necesario tener en cuenta sus intereses, fomentar la curiosidad, que se hagan preguntas, que busquen sus propias repuestas. Que tenga sentido, que sea significativo para el alumnado. No hay otra manera de aprender de verdad.

Por eso cobra relevancia la necesidad de una metodología activa, competencial, por proyectos y resolución de problemas reales y evaluando las competencias desarrolladas y no conocimiento descontextualizado. En esto, precisamente, se fundamenta vuestra propuesta de utilizar las rúbricas; para ir avanzando hacia ello.

-¿Quién debe iniciar el cambio?

Se suele decir que empiece otro, que cambie la administración primero, que cambie el currículo, que cambie…. pero el cambio ha de empezar por cada quien, hay que salir de dentro. Cuando estamos viendo el resultado de lo que hacemos, el absentismo, el fracaso, la desafección, la frustración, la desmoralización,… nos tenemos que preguntar a qué se debe, dónde están las causas reales de esta situación.

Y no para quedarnos instalados en la culpa de “sé quién”, sino para mirar hacia adelante y proponer soluciones concretas y viables. Qué se ha hecho en otros sitios en situaciones semejantes, qué se puede y debe intentar aquí. Gandhi decía “sé tú el cambio que quieres ver en el mundo” pero, después, juntarse, crear redes de colaboración y complicidad para constituir una masa crítica que adquiera fuerza y poder transformador. Se dice que los cambios que salen de abajo, de la necesidad de estar bien del alumnado y del profesorado, pueden ser los más potentes.

Sin embargo, como veremos esta tarde, las resistencias al cambio son muy fuertes. Unas veces por temor a lo desconocido, otras, por desconfianza en quienes los inician y, otras muchas, por la existencia de sentimientos negativos como consecuencia de ver amenazada la seguridad o de incompetencia para afrontarlo con éxito.

¿Es necesario gestionar los cambios?

Evidentemente. Son procesos complejos, con muchas resistencias, en los que se invierten muchas energías y recursos y que tienen mucha transcendencia, por eso se han de gestionar y hacerlo bien. Sin prisa pero sin pausa, reflexionando en cada paso, implicando a todo el mundo.

Primero, debemos tener claro y saber qué se quiere y llegar a ello con la participación de cuanta más gente mejor. Las propuestas que mejor se defienden son las propias, así que…. hagamos que lo sean de cada quien.

Segundo, debemos saber cómo lo haremos, quién, cuándo, cómo y con qué. Negociar todo ello, distribuir responsabilidades, tareas y, todo ello, optimizando los recursos de cada persona y colectivo. Estar a gusto en lo que se hace es muy importante y es una garantía de éxito.

Finalmente, seguir de cerca el proceso. Conocer lo que va pasando, las dificultades, que las habrá, pero, también, los progresos, los buenos efectos, sean o no esperados. Aprender de ello, introducir los cambios necesarios y seguir avanzado. Es muy importante el seguimiento y la evaluación porque de ello depende en muchas ocasiones que se consolide o no, que sea un éxito valorado como tal o se quede en algo difuso que languidece y muere.

Nélida es la compañera perfecta en cualquier contexto, no solo para dirigir un programa europeo, una Ikastola en Portugalete o como Inspectora de educación del Gobierno Vasco, sino para tenerla sentada cerca durante una sobremesa. La hora de la conferencia se acerca contando innumerables anécdotas como la vez que se sintió desorientada en el bosque con sus nietas y supieron salir de la situación tras analizar la misma, elaborando un hipótesis sobre qué dirección tomar y probándola empíricamente tal y como le habían enseñado en el colegio a una de sus nietas. Orgullosa de su familia, a la que nombra constantemente y dejando en un segundo plano su importancia e influencia en el panorama educativo, nos comenta con satisfacción:

¿Saben? mi hijo y mi nuera me pidieron consejo sobre a qué escuela mandar a mis nietas. Y ahí están en una escuela pública, la de todas y para todas las personas“.

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