Mecanismos de la Motivación: estrategias y su aplicación en el aula.

          En líneas generales el artículo corresponde a un breve estudio ensayístico sobre las directrices actuales en materia de educación y concretamente sobre el tema de  la motivación. En él se analizan, por medio del estudio de diversos autores,  los mecanismos que entraña  la motivación tanto  en el profesorado como en el alumnado. De esta manera podemos establecer estrategias de aplicación en el aula y lograr personas bien motivadas.

Mª Victoria Marcos Andrés
Profesora de Enseñanza Secundaria, Departamento de Música
IES Agustín Espinosa

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   La motivación  intenta explicar por qué actuamos como actuamos. Hay cosas que nos resultan valiosas y nos atraen porque satisfacen un deseo, necesidad o expectativa. En nosotros mismos existe un sistema de preferencias y lo que queremos es saber cómo funciona y cómo hacer para que otras personas despierten esa energía y lo apliquen a determinadas tareas. Pero también, cómo podemos hacer para motivarnos nosotros mismos ya que muchas veces tenemos que hacer cosas para las que no tenemos ganas. Por ello conviene que el profesorado también nos demos cuenta de que tenemos problemas con la motivación porque así podremos valorar y analizar mejor la motivación de nuestros alumnos. Nos damos cuenta de que la motivación dirige nuestras vidas pero realmente nos gustaría dirigirla nosotros mismos,  así podríamos ser más libres, hacer las cosas mejor y tomar más decisiones.

Hay una ecuación básica a la que según C. Cofer debemos de recurrir siempre que hablamos de motivación, es decir la motivación es el conjunto de tres grandes factores:

Motivación = los deseos que tenemos +  metas o valores que nos atraen + circunstancias facilitadoras (confianza en uno mismo, dificultad o no de la tarea, ambiente…). Esto constituye las ganas de hacer algo es decir la fuerza de la motivación. De esta forma siempre que queramos introducir algún cambio en la motivación tenemos que cambiar los deseos, que cambiar las metas o que intensificar los elementos facilitadores.

Una de las grandes expectativas del aprendizaje es ¿cómo podemos modificar la conducta? Cuando estamos enseñando algo queremos que la otra persona se comporte, piense o sienta de una manera determinada. Por eso hay que tener en cuenta que los mecanismos psicológicos de la educación son los mismos que los del adoctrinamiento.

Cuando educamos queremos fomentar la libertad y la independencia de la otra persona mientras que cuando adoctrinamos lo que nos interesa es limitar la capacidad de determinación, decisión e independencia de la otra persona.

Sólo disponemos de 8 herramientas educativas de tal forma que cuando queremos educar debemos de utilizar de la manera apropiada esas herramientas.

-El Premio: todos tendemos a repetir aquella acción que resultó premiada.

-El Castigo: no se puede abusar del castigo pero en último término vamos a necesitar sancionar alguna conducta.

-El ejemplo: ya que se aprende por imitación.

-Seleccionar la información: proporcionar una información accesible, adecuada a su realidad.

– Cambiar los sentimientos de la persona: contagiar al alumnado de nuestros entusiasmos.

–  Razonamiento: fundamentar de forma razonada.

– Entrenamiento: supone una repetición de actos para perfeccionarlos y para hacerlos más fáciles.

–  Eliminar los obstáculos: en muchas ocasiones los aprendizajes resultan muy difíciles porque hay elementos que están perturbando y restando energía al alumnado.

Para educar hay que utilizar con talento educativo estas herramientas, saber cuál se debe aplicar y de qué manera para una persona en concreto.

Cuando hablamos de motivar al alumno, lo que queremos es que desee lo que nos interesa a nosotros no lo que le interesa a él. ¿Cómo conseguimos establecer contacto con todo el sistema de intereses, deseos y expectativas del alumno? tenemos que trasfundir nuestros intereses al alumno, ¿cómo lo hacemos? El alumno tiene sus propios deseos y cuando queremos que se interese por algo distinto es en ese momento cuando debemos desarrollar nuestro talento educativo; encontrando la forma de enlazar eso que nos interesa a nosotros con eso que interesa al alumno. Al alumno le interesa, como al adulto, tres cosas fundamentales:

1.- pasarlo bien, disfrutar, jugar, hacer las cosas que le divierten.

2.-sentirse vinculado a los demás, relacionarse con otras personas de una manera agradable. Somos seres sociales y necesitamos la compañía, el reconocimiento…

3.- necesidad de sentir que progresamos, que somos válidos, que ampliamos nuestras posibilidades, que somos capaces de introducir algún tipo de cambio en nuestro ambiente es el impulso de crecer, de desarrollarnos.

Esto es todo lo que podemos hacer en educación utilizando las herramientas anteriores con los deseos que tiene el alumno.

En temas eminentemente prácticos como son la educación y la motivación, las teorías se nos quedan prácticamente inútiles y nos interesa saber cómo podemos aplicar esto.

Los deseos surgen de la inteligencia generadora que es una inteligencia que no podemos someter a nuestra voluntad y debemos de intentar formarla para que produzcan buenas ocurrencias. Si queremos que un alumno se dirija a una tarea que no entiende o no le gusta, una de las cosas que podemos hacer es redefinir la tarea, lo que José Antonio Marina denomina el efecto Tom Sawyer. Consiste en presentar la tarea como algo no desagradable sino que tiene otra manera de enfocarse más emocionante y de esta forma convertimos la tarea en una meta deseable.

Al hablar de motivación estamos hablando de ganas de hacer algo y si bien, hemos llegado a la conclusión de que no podemos hacer nada si no estamos motivados, es decir si no tenemos ganas de hacerlo, sin embargo a lo largo del día hacemos muchas cosas para las que no estamos motivados y sin embargo las hacemos, por otras razones. En principio los animales se rigen por la motivación y nosotros también pero además  nos regimos por el pensamiento que hace proyectos. Un ejemplo, por motivación bebo cuando tengo sed, pero si el médico me indica que tengo que beber más porque es bueno para mi riñón, yo no estoy motivado para beber más cantidad, para ello tengo que pensar que es bueno; entonces son las razones, los cálculos, las previsiones de mejorar las que me hacen que aunque no tenga ganas de beber beba. Este aspecto ha sido olvidado en los tratamientos clásicos sobre motivación y que nos han producido muchos trastornos educativos. Tenemos que enseñar a los alumnos que unas veces se hacen las cosas porque se tienen ganas de hacerlas y otras veces porque es su obligación hacerlas. Introducir el concepto de deber en los alumnos sirve para darles más libertad, saben así que no sólo estamos regidos por los deseos o por los impulsos sino también por cosas que pensamos. Todo ello tiene que ver con la creación de la voluntad que  es algo que los alumnos tienen que aprender y cuando no lo hacen son personas muy impulsivas que están dirigidos exclusivamente por su motivación. Hay por lo tanto otro tipo de motivación que es expresamente humana y es la motivación por el deber, la de las cosas que no me apetece hacer sino que debo hacer. Para José Antonio Marina es una parte fundamental de una nueva teoría de la motivación.

Debemos de hablar de dos tipos de motivación: una para iniciar una tarea y dos la motivación para mantener esa tarea. No podemos perseverar en una tarea si no somos capaces de aplazar la recompensa y por otra parte soportar el cansancio, la frustración que la tarea en si está provocando. Hay que desarrollar una pedagogía de la perseverancia porque necesitamos que el alumno adquiera la motivación para mantener la tarea porque esa va a ser la gran llave de su éxito futuro.

¿Cómo podemos conseguir una personalidad bien motivada? Conseguir esto es desarrollar el propio talento, es lo que José Antonio Marina denomina conseguir una inteligencia triunfante, Es la  inteligencia de una persona que va a conseguir desarrollar todas sus posibilidades, hasta dónde la situación lo permita. Por ello nos interesa conseguir que el alumno sepa:

– Elegir sus metas

– Resolver problemas, dónde intervienen el pensamiento lógico y el creativo, la razón pero también el ánimo, la valentía, la fortaleza y la perseverancia. Valentía y razón tienen que ir juntas.

– Soportar el esfuerzo y  recuperarse de los fracasos.

– Valorar las cosas y  disfrutar de las cosas positivas.

– Vincularse bien con los demás, colaboración con los demás en un momento de feroz individualismo.

– Tener la autonomía correcta en cada situación. En unos casos deberán marcar su propia independencia del grupo pero en otras tendrán que vincularse a otras personas para conseguir metas.

Esto es lo que una personalidad bien motivada debería tener interiorizado como forma de vida. Debemos de tener grandes expectativas para los alumnos y también para nosotros ya que las grandes expectativas sobre nuestros alumnos van a ser una de las grandes motivaciones para que el alumno alcance su máximo nivel.

 

BIBLIOGRAFÍA

Cofer, C. (1988) . Motivación y emoción. DDB, Bilbao.

Marina, J.A. (2010)La educación del talento. Planeta, Barcelona

Marina, J.A. (2011)  Los secretos de la motivación. Planeta, Barcelona

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