REFLEXIÓN SOBRE UNA REALIDAD EN NUESTRAS AULAS.

María Lourdes Martín Pérez
Profesora de Secundaria. Departamento de Lengua Castellana y Literatura.
IES Yaiza.

Cada vez es más frecuente encontrarnos en nuestras aulas con nuevos niños y niñas extranjeros adaptándose tardíamente a nuestro sistema educativo. Todos ellos, procedentes de distintos países, se matriculan en nuestros centros para recibir la misma formación que el resto del alumnado.

Las respuestas educativas que nos proporciona la Administración para estos alumnos que presentan necesidades específicas de apoyo educativo no son suficientes. La incorporación tardía al sistema educativo español recogida dentro de la normativa sobre NEAE sólo presenta unas pocas medidas para facilitar la integración de este colectivo y que no responde de forma definitiva a la realidad en el aula. Hay muchos aspectos que se quedan en el aire y que no se pueden solventar en el día a día.

Si nos detenemos y reflexionamos estamos limitados, pues sólo podemos ofrecer el apoyo idiomático para el alumnado no hispanohablante en aquellos centros que tras cumplir con una serie de exigencias marcadas por la normativa lo solicitasen. Recordemos que uno de esos requisitos es que el centro cuente con un número mínimo de cinco alumnos/as extranjeros/as, quedando por tanto, sin esta posibilidad aquellos centros que no dispusieran de ese número de extranjeros. Esta carencia propicia desigualdades entre la atención a estos chicos según el centro de su matriculación. Si el centro contase con hasta un total de cuatro alumnos no se les concedería las clases de apoyo idiomático y por tanto, no estarían contando con las mismas posibilidades, con esa atención personalizada que les serviría de ayuda en su avance e integración con el resto de sus compañeros.
Y a sabiendas que teniendo esta medida es difícil abarcar todo el proceso de aprendizaje de estos alumnos, aún lo es más si no contamos con ella. Junto a ello, añadimos los agravantes que propicia el aumento de la ratio, la disminución del horario para elaborar materiales, entre otras desavenencias que tenemos en la actualidad. No creemos que estemos ante una «Misión imposible» pero, sin duda, es un cometido bastante arduo para el docente que estos chicos se incorporen lo más rápido posible a nuestro sistema educativo. Los docentes de las distintas materias nos encontramos frenados al no poder atender las necesidades que requieren estos chicos. Como mínimo necesitaríamos más disponibilidad horaria y grupos reducidos para un trabajo que atienda a esta diversidad. Pero despertamos y volvemos a la realidad: periodo de crisis y recortes en todo; no podemos contar con ello.
Sabemos que ya el docente hace lo que está en su mano y despliega todos sus medios disponibles para facilitarles el proceso, pero como es normal el alumno en ese camino se encuentra con grandes dificultades para lograr alcanzar los objetivos marcados dentro del aula ordinaria.
El desconocimiento de nuestra lengua es el inconveniente y el impedimento total para acceder al aprendizaje del resto de las materias y sin nuestro código no pueden lograr desarrollar las competencias básicas que marca nuestro currículo a sus edades. Este factor negativo es el que queremos eliminar, para que el alumno se pueda desenvolver y se pueda adaptar rápidamente a su grupo con facilidad. No podrán iniciar su andadura si al llegar al aula no pueden ni siquiera mantener una mínima comunicación con el docente. Además debemos tener presente que otra de las trabas que tenemos es que por más adaptaciones curriculares que les hagamos en las diferentes áreas (contenidos, metodología, actividades…), se les exigirá los mismos objetivos que al resto del grupo y se les evaluará con los mismos criterios de evaluación. Con lo cual, ¿cómo haremos para que un alumno que quizás no lleva ni una semana en nuestro sistema educativo y sin dominio de nuestro idioma supere la evaluación?
Es necesario que todos los centros educativos ofrezcan soluciones a este alumnado, pues ellos también aparecen en las estadísticas tan contempladas y bastante valoradas por la Consejería. Por eso, la Administración tendrá que apoyar y buscar nuevas alternativas para propiciar que el docente:
-cuente con mayor disponibilidad horaria para poder ser el encargado de detectar el problema en el aula y poder aplicar las medidas necesarias para suplirlo;
-pueda analizar de forma particular y determinar la adaptación curricular a llevar a cabo hasta que el alumno adquiera una soltura en la lengua española que le permita seguir el ritmo normal del grupo; -observe el rendimiento para mantener o modificar las correspondientes adaptaciones atendiendo a las carencias en cada momento; -indague sobre los conocimientos previos del alumno/a y pueda así contemplar si arrastra algún desfase curricular o no;-propicie una educación en la diversidad y en la interculturalidad a través de las programaciones de aula.
El docente tendrá que contar con más aportación de la Consejería para poder aminorar el fracaso de este alumnado en las condiciones actuales del aula ordinaria.

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