REFLEXIONANDO…

Dadas las constantes reformas en nuestro Sistema Educativo en aras de mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje para disminuir el tan traído y llevado “fracaso escolar”, pretendemos en este artículo transmitir confianza al profesorado en sus propias posibilidades, desde nuestra experiencia y dilatada vida profesional, para obtener resultados más positivos en sus alumnos si tienen en cuenta una serie principios que no deberían ser impuestos por “otros”, sino que han de emanar de su propio compromiso personal fortalecido con una formación permanente y su “sabia complicidad” con los otros dos componentes esenciales que conforman el hacer pedagógico: padres y alumnado.

Irene Betancort Cabrera
Profesora de Ciencias de la Educación
(UNED-Lanzarote)

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1. REFLEXIONANDO

Excepto en el caso de fallar en su función esencial, la escuela no puede desinteresarse de la fuerza que hace transitar el mensaje hacia el niño y de las motivaciones que conducen a éste último a trabajar”.

                                                                                        J. Guillaumin (en Meirieu, 2009)

 

Cuál no sería mi asombro cuando después de jubilarme el 31 de agosto pasado (hasta esa fecha profesora de Educación Secundaria) y, como es lógico no incorporarme al instituto en septiembre, lo que no impidió encontrarme por la calle con los que hasta hacía pocos días eran mis compañeros en la brega educativa y comienzan a hablarme de las novedades con qué empezaba el curso… rúbricas… un vocabulario extraño hasta entonces para mi, en el ámbito educativo, lo cual  hizo que me sintiera torpe,  lejana… a todo lo que hasta ese momento había sido la tarea de mi vida; la incertidumbre aumenta cuando al leer las bases para participar en esta revista se informa que en la versión impresa se quiere incluir un dossier especial sobre “Diseño de situaciones de aprendizaje conforme a las pautas establecidas por PROIDEAC”.¿Qué es esto? No queda otro remedio que entrar en Internet ¡qué gran invento! e inmediatamente encuentro el significado de cada sigla… Para seguir aprendiendo entro en la página web de la Dirección General de Ordenación, Innovación y Promoción Educativa, y ahí, debajo de las siglas de PROIDEAC, puede leerse una frase muy significativa “Un desafío: la universalización del éxito escolar en el siglo XXI”.

¿Cómo es posible que después de más de 40 años en la enseñanza me haya privado de gozar durante unos meses o quizás algún que otro año más de ese posible éxito escolar universal que se “avecina” al poner en práctica las nuevas herramientas de enseñanza-aprendizaje?

La frase podrá parecer irónica, pero no es ironía lo que siento, sino nostalgia por no poder  llevar ya, a la práctica esas “novedades” que de alguna manera puedan favorecer el aprendizaje y así no destruir el sueño de tantos educadores, que no se dan por vencidos para que se produzca aprendizaje, aún cuando el propio alumno diga: maestro/a no voy a aprender porque no quiero, así que déjame en paz, estoy quieto aquí sentado porque me obligan a entrar pero no voy a estudiar, ni hacer nada… o te dejes influir por aquella otra frase de algún compañero “No conseguiremos nunca que el estudiante quiera lo que no quiere”… Si estos modos de pensar siguen proliferando, la universalización del éxito escolar en nuestras aulas lo tendremos difícil…

Entonces, ¿qué hacer? Quizás, el remedio, sea más simple y lo complicado sea la acción de llevarlo a la práctica por las directrices ajenas al aula o del propio agente educador…

Consideramos que eres Tú, maestro/maestra comprometido, preocupado por tu constante autoformación, buscador e investigador de estrategias,  huidor de rutinas, consciente y paciente con los defectos o carencias propios y de los “otros” a la vez que “ingenioso” para descubrir y desarrollar capacidades posibles pero “ocultas”…   quién debe decidir lo que se debe o no hacer en el aula, porque eres quién conoce o “deberías” conocer la realidad que hay en ella en el momento preciso…

Vale la vena no desfallecer,  resulta siempre interesante y saludable buscar estrategias PARA ENSEÑAR AL “OTRO” A ENCONTRAR  LAS SUYAS  ayudándonos así a disfrutar de todo lo que entraña  “sabiduría”, al lograr el desarrollo óptimo de las facultades físicas y psíquicas de los educandos a favor de una vida, de una convivencia más feliz para todos los seres del Planeta.

Pero también es posible que el demasiado tiempo dedicado “a innovar” desvíe nuestra atención del objetivo fundamental de la tarea educativa: EL EDUCANDO.

Debería ser el proceso de su enseñanza-aprendizaje, lo que marque las pautas de la necesidad del cambio y, eso, solo lo puede detectar el profesor que va descubriendo las motivaciones, los elementos que fluyen e influyen en el aula, que impiden o favorecen el aprendizaje  a la par que descubre qué factores del entorno puedan obstaculizar el proceso…  y, así, con razones claras y contundentes ponerse a trabajar APOYÁNDOSE EN LO QUE LOS ALUMNOS YA SABEN, reclamando lo que “falta”, suprimiendo lo que “sobra” y aceptando que cada niño es singular, que cada familia es diferente, que cada pueblo es diverso, que cada país tiene sus propias peculiaridades… que no nos “deslumbren” otros sistemas educativos sino intentar que cada uno en las aulas se entusiasme con lo que debe lograr, que cada familia cumpla con los deberes que como padres tienen, que cada institución cumpla los cometidos para los que ha sido creada… si todos, y cada uno en particular cumpliera con sus deberes con un poco de entusiasmo, honradez, esfuerzo, responsabilidad, y… ¡sabiduría! disfrutaríamos de un sistema educativo más eficaz y por ende un pueblo más culto, más justo… en el que la igualdad de oportunidades fuera realidad.

Esas motivaciones a las que antes hemos aludido y que otros, ya sea desde el ámbito de la Psicología o desde el ámbito empresarial han clasificado en extrínsecas (lo que se espera recibir a cambio de la acción), intrínsecas (Lo que se espera aprender realizando la acción) y trascendentes (Lo que se espera que otras personas se beneficien de la acción)…(López-Jurado, 2011), son motivaciones que no viven aisladas sino que conviven, posiblemente sean la clave donde se fundamenta el éxito de cualquier tarea que nos propongamos.

Sin duda, un educador al  analizar las actitudes de su alumnado descubrirá muchas de las  causas –y ya es mucho- que provocan  desidia, abandono, fugas, desapego al estudio… de la misma forma que aparecerán los motivos que llevaron al otro al éxito escolar.

Si tratamos a todos por igual (y no lo somos) y dedicamos mucho tiempo a calificar aspectos específicos, sin tener en cuenta que la persona es una unidad psicofísica indivisible, y, que por lo tanto toda acción educativa influye de una forma u otra  en todas sus dimensiones, estamos abocados al fracaso del alumnado de la misma forma que se provoca este fracaso cuando se desgasta, se agota o se anula la creatividad, el entusiasmo de un educador/a al dedicar su esfuerzo, su tiempo, sus habilidades…   “justificando” ya sea de forma digital o impresa información de cuantos aspectos realiza en la clase o “imagina” pueda realizar.

Si ese tiempo que dedicamos a “llenar” papeles  se dedicara fuera y dentro del aula a analizar  aspectos tales, como: está bien alimentado, dispone de vestimenta adecuada, dispone de un espacio para estudiar, está sólo en casa, tiene quién le ayude a resolver sus tareas, es bien tratado, que tiempo dedica a estudiar, a que dedica su tiempo fuera de las aulas…o bien ¿por qué no estudias? ¿estudiarías a cambio de…? (motivos extrínsecos); grado de satisfacción ante los deberes cumplidos, adquisición de habilidades, logros… (motivos intrínsecos); si se da cuenta de las consecuencias que sus acciones pueden causar en el otro, se siente feliz cuando ayuda al otro, le preocupa el otro… (motivos trascendentes)… a dialogar frecuentemente con los padres, compartir las preocupaciones y los éxitos con los propios compañeros (grupos de trabajo no impuestos…)… quizás los resultado serían otros…

Un sistema educativo no puede ser eficaz cuando solo entiende por “éxito” la alta “cuantificación” ya sea referida al número de matriculados, suspensos, aprobados… (poner “aprobados” no es difícil)  que nos permitirá grandes logros en cualquier aspecto de la vida pero también el riesgo de nuestra propia destrucción al no llevar implícitos valores éticos: honradez, responsabilidad, igualdad de oportunidades, diálogo, cooperación, participación, esfuerzo, sacrificio, libertad… y, todo de la mano de un profesorado comprometido y en permanente formación. Sólo así  el saber ser, hacer, conocer, convivir… dejará de ser utopía.

Y termino insistiendo, una vez más, con las palabras de García Ruiz “Una de las lecciones más importantes que Finlandia nos ha dado al resto de los países industrializados radica en que no debe apuntarse al cambio educativo por el mero cambio, o en nombre de la supuesta “modernización”del sistema educativo. Las tradiciones deben mantenerse allí donde operan buenos resultados. Lo que funciona no se cambia. Y, en este país al menos, la tradición funciona.”  (López-Jurado, 2011)

Tal vez nosotros hemos ido dejando en el camino aspectos que valían la pena…

 

Bibliografía

  1. LÓPEZ-JURADO, MARTA (Coord.) (2011a): Educación para el siglo XXI .Desclée De Brouwer. Bilbao. Pág.140.
  2. —— (2011b): Educación para el siglo XXI Pág.180
  3. MEIRIEU, PHILIPPE (2009): Aprender, sí. Pero ¿Cómo? Pág. 99

 

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