Lazos de olivina – Jameos Digital nº8

Raquel Simó Bouzas
CEIP Playa Honda

Abrazos, alegría, bondad, cariño, carisma, reflexión, curiosidad, emoción, entusiasmo, ilusión, inocencia, intriga, luz, sencillez, sinceridad, sorpresa… son palabras que adquieren sentido cuando el alumnado es el objetivo, siendo los básicos que dan la bienvenida al equipo de una de las clases de 3 años de infantil del CEIP Playa Honda.

Preguntas y respuestas

El verbo ‘educar’, lleva la raíz de la palabra latina ducere (educare>> educere) que significa ‘guiar’. Por ello, atendiendo a esta afirmación, planteo diversas cuestiones: ¿debemos solo educar los maestros? ¿Existe la posibilidad de que vayan en la misma barca familia y escuela con un fin común? ¿Cuál es ese fin común? ¿Qué necesita un niño? ¿Cómo podemos desde la escuela, involucrar a las familias para lograr una relación bidireccional que persiga el estado óptimo de nuestros alumnos? Estas cuestiones adquieren sentido desde el primer día del curso, donde las reuniones con las familias son vitales, y adquieren un color que refleja lo que va a ser un curso lleno de emociones.

Te conozco-me conoces: Es una dinámica lúdica cuyo objetivo es que las familias participen de la vida del aula. Bajo cada silla hay una palabra pegada, la cual deben despegar y formar una frase siguiendo 3 indicaciones: Trabajo cooperativo, orden (cada palabra tiene un número) y equipo (todos somos importantes, todos participamos porque cada uno tiene una palabra bajo de su silla. La maestra también.) Una vez que formamos la frase, aprietan el pulsador que se les ha facilitado, la leemos juntos y sacamos conclusiones. Posteriormente, les reparto unos lazos de olivina, explicándoles su significado, y haciendo un símil entre lo que ellos han sentido al principio (incertidumbre, inseguridad, o incluso miedo ante lo nuevo y desconocido) y lo que sus hijos e hijas pueden sentir al comenzar algo novedoso para ellos: el curso escolar. Es ahí cuando la palabra empatizar cobra especial relevancia y se convierte en la cabecera de nuestro día a día, abriendo las puertas de nuestras sensaciones e invitándonos a hablar de nuestras emociones y cómo aprender a gestionarlas para un óptimo aprendizaje. Caminaremos por un lazo, con sus curvas y sus nudos, con subidas y bajadas… Somos lazos de olivina.


Caminaremos por un lazo, con sus curvas y sus nudos, con subidas y bajadas… Somos lazos de olivina

Manos a la obra

Desde esa primera reunión, ya se empezó a trabajar, a establecer vínculos emocionales con las familias y a hacerles partícipes, de manera lúdica, dinámica y emocional de la educación de sus hijos e hijas. Se puso en práctica la palabra ‘empatizar’, que proviene del griego ἐμπάθεια (“empátheia”), que en palabras de Alfred Adler, podría entenderse como “Mira con los ojos de otro, escucha con los oídos de otro y siente con el corazón de otro”, y se les lanzó la siguiente pregunta: ¿Les gustaría participar y formar parte de la aventura de aprender? Todos respondieron al unísono, ¡Siiiii! Y les mostré un cartel con unos avatares muy divertidos y una palabra que desconocían pero que pronto se convertiría en uno de los lazos de olivina: ClassDojo. Les expliqué qué era, su funcionamiento, los objetivos que pretendo con dicha plataforma, la función que cumplen ellos y cómo lo usarían los niños en el aula. Entendieron y aceptaron contentos que sería una de las vías de comunicación e información que íbamos a establecer entre nosotros; que ellos forman parte de la educación de sus hijos.

El ClassDojo es una plataforma fundada por Sam Chaudhary y Liam Don con la que las familias conocen las actividades realizadas en el aula mediante el visionado de imágenes y vídeos. Cada niño tiene un avatar diferente, y, mediante un sistema de puntos que juntos elaboramos previamente, ellos aprenden a evaluarse a sí mismos en función de sus acciones, y aprendiendo que toda acción tiene consecuencias, a veces positivas, otras negativas, pero que cada día, tienen la oportunidad de mejorar. Al finalizar el mes, llega un momento muy esperado por todos: ‘Tú me das, yo te doy’, el canjeo de puntos, que consiste en canjear los puntos que han logrado, tanto de manera individual como grupal, por ítems que previamente hemos establecido entre todos.

Las familias reciben, a través de su móvil, los puntos obtenidos por su hijo/a a lo largo del día. Al finalizar la jornada, subo las fotos que les he ido haciendo a la plataforma para que (y así se lo explico a las familias en la reunión) se sienten juntos unos minutos al finalizar el día, y el niño, mediante el visionado de imágenes y/o vídeos cuente a su familia lo que ha hecho durante el día. De esta forma, pongo en juego diversos objetivos como fomentar el lenguaje oral en el alumnado, recordar lo que hemos hecho ayudándose del apoyo visual, practicar la escucha activa en los adultos, etc. Debajo de las fotos, explico a las familias en qué ha consistido el día, para que puedan ayudar al niño a la hora de narrar su día.

Con los ojos de un niño

“Todas las personas mayores fueron al principio niños, aunque pocas de ellas lo recuerdan”. El Principito, un clásico de la literatura universal, nos abre los ojos a la sencillez, a lo esencial, a la imaginación… a la infancia, y nos recuerda que con poco podemos hacer grandes cosas y provocar enormes sensaciones.

Por eso, otra de las aventuras que vivimos en clase es el momento del almuerzo.

Suena una música que nos indica el fin de lo que estamos realizando y da comienzo un momento educativo muy importante: Los desayunos vitales. Es un proyecto motivador creado por Miguel Mederos que aboga por la autoestima, el autoconcepto, el aprendizaje, favorece el trabajo colaborativo, la empatía y el respeto en las relaciones y la convivencia. Ayuda a mejorar el clima de aula, favoreciendo la cohesión grupo-clase, y se trabaja el aprendizaje de otra lengua, puesto que las aulas son multiculturales.

De esta forma, damos paso a un triángulo donde el alumno es la esencia de los mensajes, la familia la emisora y el maestro el intermediario que abraza y lee con entusiasmo esas notitas dibujadas, escritas y hechas con amor. ¿Qué son las notitas? Son trozos de papel que cobran sentido cuando se escribe o dibuja algo para alguien. Previamente se les da la opción a las familias de que, quien quiera, puede escribir una notita a su hijo/a, hacerles un dibujo, escribirles una frase, una palabra, algo que vayan a hacer por la tarde… y ponérsela en el almuerzo, para que, cuando el niño lo abra, descubra la notita, provocando un efecto muy positivo tanto en el propio niño como en el clima de aula. La familia siente que forma parte de la escuela, la escuela ve cómo la familia contribuye en la educación de sus hijos y los niños sienten que ese vínculo, ese triángulo del que hemos hablado, es real, otorgándole seguridad y confianza.

¿Cómo llega ese momento en clase? Los niños montan su chiringuito: mantelito, encima su almuerzo, y muy importante: ¡el agua! Abren sus almuerzos y… ¡Notita, notita, notita! Levantan sus brazos para que les lea esa notita que con tanto cariño ha escrito su madre, su padre, su hermano/a, sus abuelos, tíos… Las leemos emocionados, reciben un abrazo mágico de la profe que actúa como transmisora del cariño familiar y las colocamos en la pared de desayunos vitales. Pero… ¿Y si no recibimos notita? No pasa nada, otro día la recibimos.

Lazos de olivina apuesta por la familia, por las emociones, por el aprendizaje lúdico, por hacer de cada momento algo único y por la infancia.

BIBLIOGRAFÍA

VENEGAS BAZÁN, J.M. (2019). Desayunos Vitales como proyecto de la educación vital. Recuperado el 14 de enero de 2020 de https://juanmiguelvenegas.com/2019/11/15/desayunos-vitales-como-proyecto-de-la-educacion-vital/

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