II Jornadaslogo2014

Síntesis de las ideas obtenidas en el taller de Docencia compartida

En el taller hemos insistido en que es necesario que la docencia compartida sea un proyecto del Centro, coherente con el Proyecto Educativo. Para ello es muy importante que en los centros se desarrolle un diálogo, un debate, un proceso reflexivo que permita ir construyendo, compartiendo y asumiendo “nuestra manera” de entender, hacer, aplicar, planificar… dicha práctica educativa. 
Esta reflexión es la que hemos propuesto-simulado en el taller por medio de cuatro casos que permiten dialogar y acordar un primer documento de lo que es la docencia compartida para nuestro centro. Al ir avanzando en la aplicación, evaluación y reflexión sobre esta práctica irán surgiendo nuevos acuerdos, ideas, matizaciones… que irán enriqueciendo nuestro Proyecto.
Con las aportaciones hechas a lo largo de las jornadas, tanto en Tenerife como en Gran Canaria, hemos elaborado un documento que puede servir de referente a aquellas personas que realicen esta labor en los centros.
La docencia compartida aunque se comience por iniciativa personal o de un grupo del profesorado, debe tender a ser un planteamiento de centro, en el que se contemplen las decisiones que favorezcan el aprendizaje inclusivo de los grupos- clase. De esta manera garantizaremos la continuidad, la coherencia, la coordinación sistematizada y un auténtico proyecto de centro. En esta tarea los equipos directivos deben de facilitar y garantizar que se desarrolle el proyecto educativo, trabajando de forma cooperativa para que se convierta en cultura del centro y sea asumida por todos y todas.  A su vez estos equipos directivos deberán planificar los horarios, espacios, recursos necesarios para la puesta en marcha, coordinación y toma de decisiones de forma consensuada por todos y todas. La docencia compartida favorece y permite la aplicación de las siguientes buenas prácticas (características metodológicas): la organización flexible del aula, la planificación clara del currículo, la atención a distintos ritmos de aprendizaje, la movilidad y autonomía e implicación del alumnado, la igualdad de roles y buena coordinación entre  el profesorado, el aprendizaje entre iguales (profesorado y alumnado), la variedad y disponibilidad de recursos, el trabajo cooperativo (grupos heterogéneos u homogéneos variando según el objetivo), la atención personalizada, la autoevaluación, el buen ambiente de trabajo, de confianza… El rol del profesorado es el de acompañante, orientador de la tarea y del proceso de aprendizaje. Ayudará a cada alumno-alumna a situarse, haciéndole partícipe de su conocimiento real así como de su avance y de sus necesidades de mejora. Cuando hablamos de aprendizaje deberemos definir-consensuar ¿qué entendemos por aprendizaje?, ¿cuándo, cómo y qué aprende el alumnado?, entendiendo que dicho aprendizaje deberá ser “al estilo” que propuso Carles Monereo en su exposición: significativo, unido a situaciones reales (problemas prototípicos o emergentes), de manera competencial (competencias básicas e imprescindibles). La docencia compartida permite el desarrollo de otros objetivos independientemente de los meramente curriculares de área: aprender a cooperar (trabajo por proyectos), responder a la diversidad, favorecer la interacción- aprendizaje, metacognición del aprendizaje (alumno-alumno, profesor-profesor, alumno-profesor), aumenta los modelos de referencia/estilos de aprendizaje, pluralidad en los resultados favoreciendo la diversidad de los mismos, grupos heterogéneos, diversidad de recursos, favorecer las habilidades comunicativas, la creatividad, mejorar los hábitos de trabajo y estudio, mejorar la convivencia en el aula, abrir la participación a las familias (comunidades de aprendizaje). En ocasiones el desdoblar grupos, sobre todo si son numerosos, puede ser efectivo pero desdoblar grupos sin un objetivo de actuación definida no aumenta la calidad educativa. La práctica docente se enriquece cuando el enfoque metodológico va hacia la inclusividad y la adquisición de competencias, desde una perspectiva didáctica. Se comparten tanto éxitos como dudas y situaciones conflictivas y esto es más factibles en la docencia compartida. Partiremos del paradigma de que nunca se imparten exclusivamente contenidos (formas de actuar, de hablar, de intervenir… del profesorado también educan) pero aun admitiendo una intervención instruccional muy alta, con dos profesores/as en el aula llegaremos de forma más personalizada a las necesidades de cada uno y cada una de las alumnas, por lo que desde una perspectiva inclusiva favoreceremos el avance personal en el proceso de aprendizaje, no reduciéndolo a la permanencia en el aula. Atendiendo a la formación profesional del docente, le posibilitará la autoevaluación y la evaluación entre iguales, aspecto este fundamental para mejorar en el desarrollo de las competencias profesionales. El alumnado percibirá también el consenso y la coherencia metodológica de los/las docentes. En definitiva desarrollaremos el proceso de enseñanza–aprendizaje desde una perspectiva competencial e inclusiva y en consecuencia conseguiremos una mayor satisfacción y competencia profesional de los docentes y la motivación e implicación del alumnado. La docencia compartida no es sólo dos profesores juntos en el aula: se necesita una planificación, intencionalidad, definir el para qué, compartir conocimiento y metodología. Se debe partir de las necesidades que el diagnóstico del centro evidencie (resultados académicos, evaluaciones internas o externas, indicadores de logro de diferentes planes y proyectos, necesidad de respuesta a las dificultades y conflictos habituales), indicando las tareas prioritarias y buscando un equilibrio entre las necesidades detectadas y los recursos existentes. La finalidad será compartir la docencia, no dividir el trabajo. El papel de cada docente se decidirá de forma coordinada y planificada, aprovechando las fortalezas de cada uno, consensuando un diseño conjunto para poderse complementar y reforzar en el aula, asumiendo las responsabilidades para la puesta en marcha, definiendo un plan de intervención para cada situación (entender bien la necesidad, programar la actividad definiendo objetivos, contenidos, criterios de evaluación), teniendo en cuenta todas las variables que interactúan en la misma. Pueden ser roles complementarios, cooperativos, de apoyo, de aprendizaje conjunto… Esta tarea supone negociación, complicidad, organización, tolerancia a la crítica, confianza mutua y también responsabilidad personal. Es fundamental la sintonía entre las personas, la predisposición, conocer las necesidades del alumnado, tener presentes los ritmos de aprendizaje, pasar del Yo al Nosotros. El profesorado debe compartir con el alumnado roles activos en el aula. Con este cambio metodológico se propicia una mejora en la adquisición de los currículos básicos / competencias, se favorece la gestión del aula y se comparte estilo educativo, de manera que se enriquece el hecho educativo y se mejora  el  proceso enseñanza aprendizaje. La coordinación en la docencia compartida es imprescindible y es necesario planificarla dentro del horario de permanencia en el centro. Aunque al principio nos cueste un esfuerzo, con la práctica se sistematiza y se convierte en una gran ayuda: posibilita compartir visiones y creencias (cultura común), realizar una labor docente más enriquecedora y formar equipos de trabajo. Tendremos que definir claramente los objetivos a conseguir, el plan de trabajo, quienes tomaremos parte, el orden del día, quien coordinará las sesiones, los materiales que utilizaremos, la definición del tiempo a utilizar, el espacio y como evaluaremos la tarea programada. Finalmente realizar los ajustes que sean necesarios para mejorar. La coordinación debe realizarse antes de las sesiones, durante la docencia compartida y después de las sesiones. Se fijará en el contexto, la metodología, la intervención de cada profesor-a, la distribución de espacios, las características del alumnado, los conocimientos previos, los contenidos a trabajar, los recursos, las carencias… La coordinación ayuda a compartir la responsabilidad dando una idea de centro más colectiva, consensuada y menos individualista. Debe darse en un ambiente distendido y empático, en el que los integrantes puedan enriquecerse y aprender unos de otros, valorando diferentes formas de hacer y proponiendo las más adecuadas a cada situación. La docencia compartida supone un proceso para el que necesitamos paciencia y optimismo, aprendizaje y adaptación por ello es muy importante compartir los pequeños logros para conseguir grandes objetivos. Los centros deben compartir las buenas prácticas entre sus profesionales (conocimiento compartido).