Saboreando la libertad

¿Cómo ayudar a los reclusos a una mejor y digna reintegración social? ¿Cómo hacer que adquieran nuevos conocimientos y nueva concienciación para respetar y respetarse a sí mismos? ¿Y cómo ayudarles que abran una ventana al mundo, que tengan sentimiento europeo y de su propio país? Eso es lo que cinco instituciones europeas que colaboran activamente con prisiones locales se plantearon y, por eso, decidieron formar esta asociación de aprendizaje Grundtvig.

Saboreando la libertad pretende dar respuesta a estas preguntas y, además, tiene como objetivos secundarios el  educar a los reclusos para que lleven una vida saludable y adquieran conocimientos profesionales útiles. También espera popularizar productos locales y sus métodos de producción, intenta que se descubra y aprecie la cultura propia y la de los otros países socios a través de la comida. En definitiva, intentan hacer que la realidad existente en la prisión tenga contacto con la sociedadde fuera”.

¿Quiénes la hacen posible?

Los socios son instituciones de enseñanza de adultos en prisiones de Portugal, Turquía, Lituania y España y están coordinados por  la ONG italiana llamada Conduct Slow Food Monteregio. El Aula Adscrita de Personas Adultas (A.A.P.A), enclavada en el Centro Penitenciario Las Palmas I (Salto del Negro) es la institución española.

Y así la llevan a cabo…

Carolina Suárez es la coordinadora del proyecto en el centro y nos explica que se intenta implicar tanto al saborprofesorado, al personal penitenciario y a los internos que se están formando. Durante este curso, han realizado dos reuniones (una en Lisboa y esta última en Lituania), donde han compartido los trabajos realizados por los internos de las diferentes prisiones, con quienes han interactuado y realizado actividades con ellos, como ofrecerles una degustación de productos típicos de los diferentes países.

Carolina confirma que “ha sido una experiencia muy gratificante, tanto para los internos, como para los profesionales que realizamos el proyecto”. “Pretendemos que este sea el primer paso de una experiencia educativa con adultos ilusionante y motivadora, a pesar de las dificultades que pueda presentar un medio donde los alumnos carecen de libertad”, afirma.

El reto de enseñar en la cárcel

Si la enseñanza presenta retos diarios, enseñar en un contexto tan especial como en prisión debe tener otros añadidos. Preguntamos a este equipo de profesionales cómo es enseñar a reclusos, a qué retos se enfrentan o qué aspectos positivos brinda y estas fueron sus conclusiones:

Lo mejor de realizar la tarea educativa en la prisión es saber que estás formando a unas personas que,  en muchos casos, no han tenido oportunidad de estudiar en el transcurso de su vida. Los internos saben mucho de unas cosas (aprendemos mucho de sus experiencias y de su forma de afrontar la vida) y quizá no tanto de otras. Algunos alumnos reconocen que no fueron nunca a la escuela, otros, aunque  pudieron ir, no aprovecharon, por diferentes motivos, su estancia en ella.

A pesar de los inconvenientes que tiene trabajar con personas privadas de libertad, una de las mayores satisfacciones que sentimos los profesores, es el sentimiento de respeto y de agradecimiento que nuestros alumnos nos transmiten diariamente.

Día a día descubres el lado más humano de los internos, escuchas sus problemas, sus necesidades, sus duras experiencias dentro y fuera de la prisión, y te enfrentas al reto de  motivarles y hacer que la escuela se convierta en un agradable momento.

A través de la asociación Grundtvig, hemos conseguido que los alumnos se sientan parte de un grupo que trabaja “más allá de los muros”,  “Trabajamos con Europa” dicen ellos cuando alguien les pregunta. También hemos logrado que la gente “de fuera”, se haya acercado y conozca la realidad de la prisión, facilitando de esta manera, una mejor aceptación e integración de estas personas a la sociedad.

Las siguientes fotos se tomaron en la última reunión de socios en Lituania.

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