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LAURA DE LA PUERTA GUILLÉN, DIRECTORA Y PROFESORA DE LA ESCUELA NORMAL SUPERIOR DE MAESTRAS DE LA LAGUNA


Ana Vega Navarro, Profesora Titular del Departamento de Didáctica e Investigación Educativa, ULL. Elena Santos Vega, Licenciada en Filología Inglesa, ULL.   Al inicio del Camino Largo de La Laguna hay una palmera que en su tronco tiene acoplada una extraña abrazadera metálica con la efigie de una mujer y una inscripción que dice así: […]

Autor: «Ana Vega Navarro, Elena Santos Vega» descargar pdf Descargar pdf. Publicado el Ene 11, 2012 en Personaje (revista 14) | 6 comentarios

Ana Vega Navarro, Profesora Titular del Departamento de Didáctica e Investigación Educativa, ULL.

Elena Santos Vega, Licenciada en Filología Inglesa, ULL.

 

Al inicio del Camino Largo de La Laguna hay una palmera que en su tronco tiene acoplada una extraña abrazadera metálica con la efigie de una mujer y una inscripción que dice así: “Laura de la Puerta de Cabrera”. ¿Quién fue esa mujer y por qué se puso allí la abrazadera de bronce? A ella vamos a dedicar estas páginas.

Debemos comenzar recordando cuál era su segundo apellido, el de su madre, porque el Cabrera que aparece en la inscripción era el apellido de su segundo marido. Ella se llamaba Laura de la Puerta y Guillén y había nacido por octubre de 1881 en Gáldar. De allí era natural su madre, Francisca Guillén Morales, casada con Rodrigo de la Puerta y Vila, que entonces tenía su destino de maestro de primeras letras en la ciudad de los guanartemes.

Al poco tiempo del nacimiento de Laura, la familia pasó a establecerse en Santa Cruz, no sólo por ser la ciudad de procedencia de Rodrigo sino porque allí estaban las oficinas de la inspección de primera enseñanza de la provincia de Canarias, empleo que Rodrigo obtuvo por oposición y que ejerció entre 1884 y 1910.

Francisca se dedicaba a los quehaceres de la casa que la pareja ocupaba en el  nº 28 de la calle del Pilar y al cuidado de Laura y de su hermanito Rodrigo, aunque sacaba también tiempo para preparar los exámenes en la Escuela Normal de maestros de La Laguna. Allí  obtuvo en 1884 el título de maestra de instrucción primaria elemental, que en 1887 completaba con el de maestra superior, obteniendo la calificación de sobresaliente en los varios ejercicios que tuvo que realizar.

Francisca daba clases particulares y enseñaba bordado a algunas niñas de Santa Cruz, pues en la que entonces era capital de Canarias sólo había tres escuelas públicas de niñas, que estaban al cargo de Luisa Vizcaíno, Salvadora Guillermín y Mª Jesús Sarmiento. Cuando esta última se jubiló, a finales de 1891, Francisca fue nombrada maestra interina de la escuela superior, que a primeros de 1892 abrió sus puertas en el nº 19 de la calle del Pilar.

La noticia de la elección de la maestra fue  bien recibida por el vecindario, los maestros y las autoridades de la ciudad. Primero por la valía intelectual y las cualidades profesionales de la nueva maestra, como se deduce de la noticia aparecida en el Diario de Tenerife: “Dadas las condiciones de ilustración que adornan á la nueva maestra –decía el director del periódico el 14 de  enero– es de esperar que la escuela dé los resultados apetecidos”.

Y segundo porque aquel nombramiento interino servía así mismo para  tributar reconocimiento y homenaje al suegro de Francisca, Juan de la Puerta Canseco, maestro de la escuela superior de niños de Santa Cruz que también se había jubilado por aquellas fechas, después de ejercer decisiva influencia en la instrucción primaria de las islas con la publicación de numerosos libros de texto y en la defensa de la profesión del magisterio canario desde las páginas del Instructor y del Auxiliar, primer periódico publicado en las islas dedicado expresamente al fomento de la enseñanza y a la defensa de los maestros y las maestras.

En mayo de 1892 se convocaron las oposiciones para cubrir en propiedad las vacantes de las dos escuelas superiores. La de niños fue asignada a José Hernández Sayer, que hasta entonces ejercía tareas de secretario del ayuntamiento. Francisca Guillén Morales fue propuesta para la de niñas, que al poco pasó a establecerse en el nº 33 de la calle de la Marina, en donde también estaba la vivienda que ocupaba la maestra con su familia, que ahora era de cinco miembros, pues en 1890 había nacido María, la segunda niña.

Del buen hacer de la maestra y del prestigio que adquirió la escuela superior de niñas de Santa Cruz daba cumplida cuenta la prensa local, que todos los años era invitada a presenciar los exámenes públicos que se celebraban a finales de la primavera y no escatimaba elogios para la maestra y su metodología. Por eso el ayuntamiento encargó a Francisca que anualmente preparase en las principales asignaturas de la carrera de magisterio a dos alumnas pobres de la ciudad, elegidas por un tribunal designado por la propia corporación.

El éxito alcanzado por las alumnas preparadas por Francisca Guillén incitó a otras familias pudientes y distinguidas a enviar también a sus hijas a su escuela, convirtiéndose aquel centro de Santa Cruz en un referente formativo para las aspirantes a maestras, sobre todo teniendo en cuenta que hasta 1902 no hubo escuela normal de maestras y las candidatas al magisterio tenían que presentarse en convocatoria libre en la escuela normal de maestros de La Laguna.

Laura de la Puerta Guillén fue una de las alumnas que preparó los exámenes libres de magisterio en la escuela de su madre. Aprobó en junio de 1899 los exámenes de ingreso y los de todas las asignaturas de los tres cursos de que constaba la carrera de maestra de primera enseñanza elemental, obteniendo en la reválida la nota global de sobresaliente.

Para la obtención del título de maestra de enseñanza superior había que tener 18 años cumplidos y realizar una segunda reválida, algo más exigente. Como no cumplía los 18 años hasta el seis de octubre y los exámenes de la reválida  se realizaban en septiembre, en agosto de ese año Laura solicitó al ministro de fomento (todavía no se había creado el ministerio de instrucción pública) la autorización para realizar los exámenes de reválida. No sabemos si llegó a autorizarlo el ministro, pero sí sabemos que se examinó los días 12 y 13 de septiembre de 1899, obteniendo sobresaliente en labores y notable en los ejercicios oral y escrito, aunque debido al incumplimiento de la edad finalmente la calificación global obtenida fue de aprobado.

En aquellas fechas las mujeres solían casarse muy jóvenes. No ha de extrañar entonces que el 20 de febrero del año que iniciaba el siglo XX Laura contrajese matrimonio con Carlos Grote Fischer, hijo de comerciantes alemanes afincados en Tenerife y dueños del conocido Bazar Tenerife o Casa Alemana de la calle Castillo.

La vida se sucedió de forma muy rápida para aquella joven chiquilla. Primero ayudando en el negocio de su marido, a quien comenzó acompañando en sus viajes a Europa. Después cuidando de sus hijas, Laurita y Mª Carmen, que llegaron pronto a las vidas de los Grote de la Puerta, al tiempo que fallecía el abuelo, el leonés Juan de la Puerta Canseco, hijo adoptivo de Santa Cruz, que dio su nombre a una calle.

A finales de julio de 1906 falleció su marido en Barcelona. Y para intentar curar las heridas de la muerte temprana, Laura intentó mantener la mente ocupada con algunas aficiones: la bandurria, la poesía, la pintura… Y también retomó la profesión del magisterio, pues en septiembre de 1907 fue nombrada profesora provisional de ciencias de la escuela normal de maestras de La Laguna, creada en 1902 y recién elevada a la categoría de escuela normal superior. Y como meses después fallecía la portuense Clara Marrero, en enero de 1908 Laura fue nombrada directora de la normal,  cargo en el que se mantuvo hasta octubre de 1910.

En el ínterin su hermana María obtuvo el título de maestra y se casó; falleció su madre, la maestra de niñas; se jubiló su padre, el inspector de enseñanza primaria; y ella intimó con el dramaturgo, poeta y político Domingo Cabrera Cruz, cofundador y presidente del Ateneo de La Laguna, con quien se volvió a casar en agosto de 1910, y con quien después pasó a vivir en el palacete construido por Mariano Estanga a la vera del Camino Largo lagunero, cuidando de sus hijas Laurita y Mª Carmen, a las que más tarde se agregó el pequeñito Rubén, hijo de Laura y Domingo.

Laura de la Puerta había sido nombrada profesora de ciencias de la escuela normal en calidad de provisional, y como en febrero de 1911 Rafaela Salvador obtuvo la plaza en propiedad, la maestra tinerfeña tuvo que cesar en abril, una vez que Rafaela tomó posesión ante el rector de la Universidad de Sevilla, de quien dependía la escuela normal. Laura pasó a ayudar a su padre Rodrigo de la Puerta, que una vez jubilado dirigía en Santa Cruz el “Colegio de Señoritas Ntra. Sra. del Carmen”, ubicado en la calle Méndez Núñez 32, antigua casa de Juan de la Puerta, dedicado a la formación superior de las niñas para preparar los exámenes de ingreso en la escuela de comercio y los de ingreso y reválida en la escuela normal.

En 1914 Laura se reintegró a la normal como profesora especial de dibujo. A partir de entonces permaneció vinculada a la escuela en diferentes cargos y situaciones administrativas hasta su jubilación a finales de 1949. Todo ese tiempo también estuvo vinculada, junto a su marido Domingo Cabrera,  al mundo cultural y artístico de La Laguna. Y al Camino Largo, cuyas palmeras vio plantar y crecer. Por eso cuando murió, hace ya más de medio siglo, los laguneros quisieron perpetuar su memoria con la anilla de la que hablamos al principio.

Dulce María Loynaz conoció a Laura de la Puerta cuando visitó Tenerife en 1951. Algún tiempo después supo de su muerte y de la anilla para el homenaje. Y en el libro que publicó de aquel viaje dejó escrito: “Es la primera vez que veo un público tributo de esta índole, rendido a una mujer que no fue una heroína de guerra, ni una gloria de las letras, ni aún una benefactora popular con las arcas bien repletas. Laura fue una fina propulsora del arte y la cultura en su ciudad, pero fue, sobre todo, una mujer-sonrisa a cuyo resplandor se aproximaban todos (…) su ayuda estaba siempre en cuerpo y alma. Y la sonrisa siempre. Con la sonrisa se ganó la anilla». (Dulce María Loynaz, Un verano en Tenerife, cap. VII, San Cristóbal de La Laguna)

6 Comentarios

  1. Soy su bisnietos y el artículo está lleno de inexacactitudes,saludos

    • Hola
      Nos gustaría que nos dijeras exactamente cuáles son las inexactitudes para que la autora del artículo pueda corregirlas o realizar los comentarios pertinentes.
      Saludos

  2. Apreciados editores de la revista y en especial las autoras del articulo,
    me gustaría agradecer su trabajo de investigación sobre la persona de nuestra bisabuela y sus antecesores.
    Vidas de unas personas que vivieron unos tiempos muy diferentes, en los que se sentaron las bases sobre las que otros muchos se apoyaron para continuar luchando por sus ideas.
    Reciban nuestra gratitud y reconocimiento.

    Rubén y Alejandro

    • Hola Alejandro…
      Me llamo María José y me pongo en contacto contigo porque hoy he descubierto este artículo indagando sobre la familia de mi abuelo, Rodrigo de la puerta Torres, nieto de Rodrigo de la puerta Guillén, hermano de Laura. Siempre nos habían dicho que no teníamos mucha familia de la puerta y cúal ha sido mi sorpresa al ver que si tenemos familia!! Por favor, me encantaría que me respondieras a este mensaje para poder intercambiarnos los mails y poder completar mi árbol genealógico.

      Muchas gracias

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