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ARTE Y DIGITALIDAD


ARTE Y DIGITALIDAD Cristóbal L. Nuez García – IES Teror crisnuezg@yahoo.es   Todos los meses de julio comienzan los Sanfermines, la alegría de las fiestas en las que conocemos gente que ha sido atraída por ellas,  las carreras delante de los toros, el griterío, el olor de los animales… pero yo nunca he estado allí. […]

Autor: «Cristóbal L. Nuez García» descargar pdf Descargar pdf. Publicado el Feb 13, 2012 en Otras experiencias y reflexiones (revista 14), Revista 14 | 0 comentarios

ARTE Y DIGITALIDAD

Cristóbal L. Nuez García – IES Teror

crisnuezg@yahoo.es

 

Todos los meses de julio comienzan los Sanfermines, la alegría de las fiestas en las que conocemos gente que ha sido atraída por ellas,  las carreras delante de los toros, el griterío, el olor de los animales… pero yo nunca he estado allí. El único conocimiento que tengo de estos días lo he obtenido a través de la prensa, la televisión y la red. La única vez que percibí el olor de una vaca fue en un alpendre… y olía, y la vez que corrí delante de un animal fue de pequeño cuando me perseguía un perro (no muy grande por cierto, pero para mi era un toro) y yo iba delante con los ojos muy abiertos y la piel muy pálida. Pero gracias a las nuevas herramientas puedo intentar entender una festividad que atrae a las masas y recibir información sobre ella. Esto mismo lo podríamos hacer extensible a la cultura en general. ¿Podemos acceder a ella a través de la red? Sí. ¿Es suficiente? Probablemente no. Si veo una exposición virtual de esculturas quizás no tenga la misma percepción de los volúmenes, no podré mirar a hurtadillas para cerciorarme de que no me ven antes de tocar la obra y sentir la textura en mis dedos. Si veo a mi cantante favorito o a un intérprete de música medieval en YouTube no percibiré la emoción de verme envuelto en la sonoridad que se produce en un encuentro en vivo. Pero por otro lado me hace accesible momentos y experiencias que de otro modo puede que nunca experimentara aunque sea de una forma diferente. Hoy nuestros alumnos pueden ver y oír un gamelán, una cantidad desbordante de grupos, cantantes y estilos que ya hubiésemos querido nosotros en la época de los LP y las grabaciones en casete que hacíamos en casa de los amigos. Es por tanto un buen complemento que nos acerca aspectos culturales de otros pueblos, lejanos muchas veces, pero también elementos de nuestra propia cultura, como podría ser el caso de la música tradicional. ¿Tiene nuestro alumnado la posibilidad de acceder a un verseador, a un tocador de un instrumento tradicional, o a las danzas que se realizan, por ejemplo, en Fuerteventura?

 

ALUMNADO

El alumnado que tenemos en clase, nacido en un mundo digital, ¿Puede desarrollar la competencia cultural y artística sólo a través de la red? O mejor  ¿nuestros adolescentes digitales solamente acceden a la cultura y al arte a través  de ella? Yo pienso que no, puesto que siguen asistiendo a conciertos, participando en grupos musicales, realizando fotografías, o pintando graffitis entre otras cosas. La diferencia está en que hoy además de tocar con los amigos pueden también, por ejemplo, realizar secuencias e intercambiarlas con los compañeros para que las enriquezcan o varíen, a su vez, estos se las reenvían para ser de nuevo modificadas, y así hasta que el consenso diga que ya están concluidas.  Estas actuaciones digitales no eliminan las formas anteriores de crear arte y, por tanto, podría darse el caso de que después de apagar su ordenador nuestro alumno fuera a bailar al parque con otros que comparten sus inquietudes.

Con los medios de que disponemos ahora la perspectiva se puede ver enriquecida por otras vivencias que, aunque lejanas en el espacio y a veces en el tiempo, nutren el campo de las experiencias vividas ampliando las miras de nuestros discentes. Como sucede en educación, lo digital no ha venido a suplantar lo anterior sino a complementarlo y enriquecerlo, a darle en algunas ocasiones otro punto de vista a la obra artística.

 

ARTE Y ENTORNOS VIRTUALES

Y esto nos ha llevado al planteamiento de si se puede crear arte en entornos virtuales. ¿Es válido sólo para la observación o también para la creación? Desde el punto de vista musical, ¿puedo crear en ese mundo no tangible? Si pensamos en la esencia de la música caeremos en la cuenta que ella en sí misma participa también de esa intangibilidad porque existe en el momento en que alguien (o algo) la genera, para después volver a no existir salvo en nuestros recuerdos. Es por tanto un material que se presta a ser generado en un entorno no físico en el que  nuestro alumnado aprovecha las posibilidades que se ofrecen para manipular el sonido y colaborar con compañeros en la gestión de ellos con una intención estética y con el fin de transmitir sentimientos, percepciones o cualquier otro aspecto. Lógicamente, no debemos comparar música interpretada en vivo con música generada virtualmente, no hay por qué hacerlo, son dos maneras distintas y a la vez complementarias de disfrutar del sonido. Donde hay un buen piano… puede que haya pensado en ese momento una voz dentro de la cabeza de alguien que lee este texto. Y es verdad, un instrumento bien interpretado es uno de los placeres que hace que la gente calle, se pare, o diga… siempre me quedé con las ganas de hacer eso. No estamos contraponiendo lo real y lo virtual, no es necesario, es más, creo que no tiene sentido. Cada uno de estos dos mundos tienen su marco de actuación que se cruzan (cada vez más) para complementarse y enriquecer nuestro mundo sensitivo y el de nuestros discentes.

EL DOCENTE

Llevado esto al aula, los docentes, incluidos los de música, nos encontramos en la tesitura de afrontar las clases  con dinámicas que muchas veces no estuvieron en la practica educativa que la que nos formamos. Procedemos de la cultura del papel, en la que nos ceñíamos muchas veces a un libro de texto e íbamos a las bibliotecas a buscar el saber que necesitábamos. Seguramente muchos recordaremos el olor de los libros almacenados en estanterías, el trámite de coger el volumen e ir al mostrador con el carnet (porque en aquella época no se decía carné) para llevárnoslo y con él, una parte del saber se venía con nosotros. Muchas veces, más tarde, la realidad nos hacía darnos cuenta de que lo que habíamos encontrado no era exactamente lo que necesitábamos, o que ya teníamos que volver a renovar el material tomado en préstamo y había que volver a repetir el trámite. Esta vivencia anecdótica y dicha a modo de muestra se acumuló junto con  otras muchas durante años y se han quedado en el bagaje de la cultura escrita.  Las características de la cultura impresa: manera lineal con la que accedemos a la información contenida en un libro, la supuesta autoridad del que transmite, el acceso a una cantidad limitada de libros…pueden influir en nuestra reacción ante la cantidad de información a la que podemos acceder de forma casi inmediata. Con la irrupción de la tecnología digital en la enseñanza en algunos docentes nos hemos podido encontrar dos reacciones antagónicas: por un lado el rechazo hacia las nuevas herramientas y por otro, el encantamiento de las nuevas tecnologías, que hacen pensar que con ellas todo está solucionado. Se hace en este punto necesario una información clara sobre las posibilidades y limitaciones de las TIC que eviten estas posturas extremas y que nos puedan permitir una visión más fría y desapasionada de los usos educativos de estos medios.

La formación del profesorado es por tanto crucial si se quiere que las prácticas en el aula cambien. No se trata sólo de que se dote materialmente a los centros, aspecto también muy importante (¿quién no se ha visto en el aula con veinticinco alumnos y ordenadores que no responden, con los adolescentes diciendo en voz alta que aquello va lento, que se cuelga, que esto es…? ), sino también de que el docente, que es quien dinamizará el trabajo en el aula, conozca las herramientas, sea capaz de generar contenidos, de localizarlo en la red, de realizar dinámicas en la clase que haga que el alumnado se implique, opine, cree materiales, organice y asimile la información que encuentra, interactúe con compañeros y profesorado, etc. No se trata pues de llevar a los “veinticinco” al aula de informática para ponerlos delante de un ordenador-televisor  que expone una información que es recibida pasivamente, mientras toman nota o navegan por la página que hemos seleccionado a la vez que intentan tener abierto por debajo el “Tuenti”. Esta actividad en sí (lógicamente no me refiero ahora al Tuenti) no es que la consideremos negativa (observan un vídeo o una página que les proporcionan información), lo que consideramos quizás inadecuado es que se convierta la actividad estrella y nos quedemos en eso. El profesorado debe formarse por tanto también para dinamizar la actividad en la red y para diseñar momentos  de intercambio y de colaboración,  para ello debe cambiar su actitud hacia el medio, habituarse a participar en redes, a actualizar un blog, a manipular las fotos que hizo en las vacaciones,  a crear una web, a hacer un montaje de vídeo con las imágenes tomadas en ese viaje que tanto le gustó, en fin, a “vivir digitalmente”.

Con esta perspectiva podemos trabajar para que el alumnado vea un espacio donde la expresión artística, y en concreto la musical, tiene también su lugar. YouTube ya les ha mostrado el aspecto expositivo de trabajos musicales, ahora se trata de conseguir que ellos también generen materiales, que expresen sus vivencias tanto de forma individual como colectiva empleando para ello las TIC.

 

EL VALOR DEL ARTE EN EL MUNDO DIGITAL

Llegados a este punto, en el que creemos que la cultura y el arte no sólo es accesible a través de la virtualidad sino que también es posible su creación ¿estamos preparados para aceptarlo? ¿Valoramos por ejemplo una obra de arte si la percibimos en un entorno de inmersión? Durante los últimos años hemos experimentado con actividades culturales en el entorno virtual de Second Life. En un espacio llamado “Casa de Canarias”[1]  se han realizado exposiciones y actividades relacionadas con la cultura de las islas. Para su montaje se ha contado con especialistas  y ha sido necesario, pues, contactar con ellos. La reacción ha sido desde el interés y la colaboración hasta la desconfianza en el medio y a su no valoración como espacio adecuado. Creemos que todavía nos falta camino por andar, pero que en ello incidirá favorablemente la continua e irrefrenable  omnipresencia de la “digitalidad” como forma de percibir  el mundo y como espacio complementario de la “realidad”. Creemos que según mejoren los medios técnicos y se generen obras y materiales pensados en estos entornos virtuales, en los que podríamos incluir tanto los espacios tridimensionales como los que no lo son, “arte virtual” y “arte real” podrán convivir. En todo ello contribuirán la mejora en los medios técnicos para acceder, el conocimiento y el hábito en la sociedad, y la generación de espacios, medios y muestras culturales y artísticas a través de la red, de la misma forma que en educación la enseñanza y el aprendizaje virtual convive con la enseñanza y el aprendizaje presencial.

Si creemos que la creación es posible en el espacio digital ¿tienes límite esta creatividad realizada en entornos virtuales?  El límite puede que lo pongamos nosotros y por supuesto el avance tecnológico. ¿Puedo interactuar con otras personas? ¿Qué sentidos  podrán intervenir en estos medios para que participen en la transmisión de sentimientos y sensaciones? ¿Sólo la vista y el oído? El tacto y el olfato realizan ya sus incursiones en este mundo ¿hasta dónde se llegará? Si hace unos años nos hubieran dicho que puedo tener una radio on-line a la carta y que emite en el otro lado del mundo, que puedo compartir un corto cinematográfico con toda la humanidad conectada, si nos hubieran dicho… en fin, que tenemos que recurrir al dicho de “no se pueden poner puertas al campo”.


[1] Su blog es www.casadecanarias.net

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