11 comentarios sobre “Reciclando en Navidad”

  1. Hola , somos Clari y Pino, ¿ Qué pasa ? no voy a conocer el colegio cuando vuelva. No se puede una ir un par de dias sin que le cambien todo. está precioso, por lo menos así se ve en el ordenador.A ver si en vivo resulta igual de bonito.
    No se ve el portal de Belén, con lo que nos costó hacerlo.
    Saludos

  2. “La Navidad”. ¡Preparando la Navidad! Cada año renace algo dentro de nosotros por estas fechas ¿Qué será? Y ¿por qué será?
    En Navidad hay para todos, para unos, es tristeza, para otros; la alegría. Para los primeros es tristezas por tantas cosas: por seres perdidos, por los lejanos e incluso tristezas por el propio tiempo de lluvias… simplemente por algo; por las comprar interminables (consumir, más consumir y, consumir por consumir), por tantas cosas vacías y carentes de sentido, unas mas complicadas y otras menos. Otros por inercia o costumbre montan árboles de navidad, Papá Noel colgando de los balcones, adornos…compitiendo por el mejor que lo hace, se dejan llevar por lo de todos los años… sin saber qué y por qué lo hacen. Pero parece acrecentarse esos sentimientos en alza y en baja pero al fin y al cabo; de “alegría o tristeza” Aunque como no es nuestro caso y aprovechando estos momentos de preparativos navideños, decoración de nuestra querida casa del saber,”colegio”; con todos nuestros mejores adornos de todo tipo de colores, formas, estilos mejores galas de purpurina y brillos… Sabiendo desde luego lo que hacemos. Es una invitación a la alegría. Claro que esa alegría no se debe a que llega el turrón y los regalos, sino a que Dios es Emmanuel (Dios con nosotros). Esa alegría, en el AT, está basada siempre en la salvación que va a llegar. Hoy estamos en condiciones de dar un paso más y descubrir que la salvación ha llegado ya porque Dios ya ha llegado, y con su venida a cada uno de nosotros, nos ha comunicado todo lo que Él mismo es. No tenemos que estar alegres porque Dios está cerca, sino porque Dios está ya en nosotros.
    En estos momentos quiero daros un regalo por Navidad y son las palabras (síntesis) enviadas por mi muy querida amiga, Ana María Betancort (maestra jubilada y teóloga en activo).

  3. “La Navidad”. ¡Preparando la Navidad! Cada año renace algo dentro de nosotros por estas fechas ¿Qué será? Y ¿por qué será?
    En Navidad hay para todos, para unos, es tristeza, para otros; la alegría. Para los primeros es tristezas por tantas cosas: por seres perdidos, por los lejanos e incluso tristezas por el propio tiempo de lluvias… simplemente por algo; por las comprar interminables (consumir, más consumir y, consumir por consumir), por tantas cosas vacías y carentes de sentido, unas mas complicadas y otras menos. Otros por inercia o costumbre montan árboles de navidad, Papá Noel colgando de los balcones, adornos…compitiendo por el mejor que lo hace, se dejan llevar por lo de todos los años… sin saber qué y por qué lo hacen. Pero parece acrecentarse esos sentimientos en alza y en baja pero al fin y al cabo; de “alegría o tristeza” Aunque como no es nuestro caso y aprovechando estos momentos de preparativos navideños, decoración de nuestra querida casa del saber,”colegio”; con todos nuestros mejores adornos de todo tipo de colores, formas, estilos mejores galas de purpurina y brillos… Sabiendo desde luego lo que hacemos. Es una invitación a la alegría. Claro que esa alegría no se debe a que llega el turrón y los regalos, sino a que Dios es Emmanuel (Dios con nosotros). Esa alegría, en el AT, está basada siempre en la salvación que va a llegar. Hoy estamos en condiciones de dar un paso más y descubrir que la salvación ha llegado ya porque Dios ya ha llegado, y con su venida a cada uno de nosotros, nos ha comunicado todo lo que Él mismo es. No tenemos que estar alegres porque Dios está cerca, sino porque Dios está ya en nosotros.
    En estos momentos quiero daros un regalo por Navidad y son las palabras (síntesis) enviadas por mi muy querida amiga, Ana María Betancort (maestra jubilada y teóloga en activo).

  4. “La Navidad”. ¡Preparando la Navidad! Cada año renace algo dentro de nosotros por estas fechas ¿Qué será? Y ¿por qué será?
    En Navidad hay para todos, para unos, es tristeza, para otros; la alegría. Para los primeros es tristezas por tantas cosas: por seres perdidos, por los lejanos e incluso tristezas por el propio tiempo de lluvias… simplemente por algo; por las comprar interminables (consumir, más consumir y, consumir por consumir), por tantas cosas vacías y carentes de sentido, unas mas complicadas y otras menos. Otros por inercia o costumbre montan árboles de navidad, Papá Noel colgando de los balcones, adornos…compitiendo por el mejor que lo hace, se dejan llevar por lo de todos los años… sin saber qué y por qué lo hacen. Pero parece acrecentarse esos sentimientos en alza y en baja pero al fin y al cabo; de “alegría o tristeza” Aunque como no es nuestro caso y aprovechando estos momentos de preparativos navideños, decoración de nuestra querida casa del saber,”colegio”; con todos nuestros mejores adornos de todo tipo de colores, formas, estilos mejores galas de purpurina y brillos… Sabiendo desde luego lo que hacemos. Es una invitación a la alegría. Claro que esa alegría no se debe a que llega el turrón y los regalos, sino a que Dios es Emmanuel (Dios con nosotros). Esa alegría, en el AT, está basada siempre en la salvación que va a llegar. Hoy estamos en condiciones de dar un paso más y descubrir que la salvación ha llegado ya porque Dios ya ha llegado, y con su venida a cada uno de nosotros, nos ha comunicado todo lo que Él mismo es. No tenemos que estar alegres porque Dios está cerca, sino porque Dios está ya en nosotros.
    En estos momentos quiero daros un regalo por Navidad y son las palabras (síntesis) enviadas por mi muy querida amiga, Ana María Betancort (maestra jubilada y teóloga en activo).

  5. “La Navidad”. ¡Preparando la Navidad! Cada año renace algo dentro de nosotros por estas fechas ¿Qué será? Y ¿por qué será?
    En Navidad hay para todos, para unos, es tristeza, para otros; la alegría. Para los primeros es tristezas por tantas cosas: por seres perdidos, por los lejanos e incluso tristezas por el propio tiempo de lluvias… simplemente por algo; por las comprar interminables (consumir, más consumir y, consumir por consumir), por tantas cosas vacías y carentes de sentido, unas mas complicadas y otras menos. Otros por inercia o costumbre montan árboles de navidad, Papá Noel colgando de los balcones, adornos…compitiendo por el mejor que lo hace, se dejan llevar por lo de todos los años… sin saber qué y por qué lo hacen. Pero parece acrecentarse esos sentimientos en alza y en baja pero al fin y al cabo; de “alegría o tristeza” Aunque como no es nuestro caso y aprovechando estos momentos de preparativos navideños, decoración de nuestra querida casa del saber,”colegio”; con todos nuestros mejores adornos de todo tipo de colores, formas, estilos mejores galas de purpurina y brillos… Sabiendo desde luego lo que hacemos. Es una invitación a la alegría. Claro que esa alegría no se debe a que llega el turrón y los regalos, sino a que Dios es Emmanuel (Dios con nosotros). Esa alegría, en el AT, está basada siempre en la salvación que va a llegar. Hoy estamos en condiciones de dar un paso más y descubrir que la salvación ha llegado ya porque Dios ya ha llegado, y con su venida a cada uno de nosotros, nos ha comunicado todo lo que Él mismo es. No tenemos que estar alegres porque Dios está cerca, sino porque Dios está ya en nosotros.
    En estos momentos quiero daros un regalo por Navidad y son las palabras (síntesis) enviadas por mi muy querida amiga, Ana María Betancort (maestra jubilada y teóloga en activo).

  6. “La Navidad”. ¡Preparando la Navidad! Cada año renace algo dentro de nosotros por estas fechas ¿Qué será? Y ¿por qué será?
    En Navidad hay para todos, para unos, es tristeza, para otros; la alegría. Para los primeros es tristezas por tantas cosas: por seres perdidos, por los lejanos e incluso tristezas por el propio tiempo de lluvias… simplemente por algo; por las comprar interminables (consumir, más consumir y, consumir por consumir), por tantas cosas vacías y carentes de sentido, unas mas complicadas y otras menos. Otros por inercia o costumbre montan árboles de navidad, Papá Noel colgando de los balcones, adornos…compitiendo por el mejor que lo hace, se dejan llevar por lo de todos los años… sin saber qué y por qué lo hacen. Pero parece acrecentarse esos sentimientos en alza y en baja pero al fin y al cabo; de “alegría o tristeza” Aunque como no es nuestro caso y aprovechando estos momentos de preparativos navideños, decoración de nuestra querida casa del saber,”colegio”; con todos nuestros mejores adornos de todo tipo de colores, formas, estilos mejores galas de purpurina y brillos… Sabiendo desde luego lo que hacemos. Es una invitación a la alegría. Claro que esa alegría no se debe a que llega el turrón y los regalos, sino a que Dios es Emmanuel (Dios con nosotros). Esa alegría, en el AT, está basada siempre en la salvación que va a llegar. Hoy estamos en condiciones de dar un paso más y descubrir que la salvación ha llegado ya porque Dios ya ha llegado, y con su venida a cada uno de nosotros, nos ha comunicado todo lo que Él mismo es. No tenemos que estar alegres porque Dios está cerca, sino porque Dios está ya en nosotros.
    En estos momentos quiero daros un regalo por Navidad y son las palabras (síntesis) enviadas por mi muy querida amiga, Ana María Betancort (maestra jubilada y teóloga en activo).

  7. La alegría es como el agua de una fuente, la vemos sólo cuando aparece en la superficie, pero antes ha recorrido un largo camino que nadie puede conocer, a través de las entrañas de la tierra. La alegría es la consecuencia de un estado de ánimo que se alcanza después de un proceso. Ese proceso empieza por el conocimiento, es decir una toma de conciencia de nuestro verdadero ser. Si descubrimos que Dios forma parte de nuestro ser, encontraremos la absoluta seguridad dentro de nosotros. Las realidades que vienen de fuera, se presentarán como secundarias, frente a la realidad divina presente en lo hondo de nuestro ser.
    Ésta tenía que ser la causa de nuestra alegría. Lo tenemos ya todo. No tenemos que alcanzar nada. No tenemos que cambiar nada de nuestro verdadero ser. Tenemos que descubrirlo y vivirlo. Nuestro falso ser se iría desvaneciendo y nuestra manera de actuar cambiaría. En Jesús lo hemos visto claro. Debemos descubrirlo también en nosotros.
    Satisfacer las exigencias de los sentidos, los apetitos, las pasiones nos proporcionará placer, pero eso nada tiene que ver con la felicidad. En cuanto dejemos de dar al cuerpo lo que nos pide, responderá con dolor y nos hundirá en la miseria.
    El reconocimiento de Dios, del que hablamos, no es racional ni discursivo, sino vivencial y de experiencia. Ésta es la mayor dificultad que encontramos en nuestro camino hacia la plenitud. Nuestra estructura mental cartesiana, no nos permite valorar otros modos de conocimiento. Estamos aprisionados, y nos impide llegar al verdadero conocimiento de nosotros mismos. Así permanecemos engañados creyendo que somos lo que no somos.
    La alegría de la que estamos hablando, no tiene nada que ver con la ausencia de problemas o con el placer que me puede dar la satisfacción de los sentidos. La alegría no es lo contrario al dolor o al sufrimiento. Si fundamentamos nuestra alegría en que todo me salga a pedir de boca, estamos entrando en un callejón sin salida. Cuando el dolor produce tristeza es que no lo estamos asumiendo desde la perspectiva de Jesús.
    ¿Qué debemos hacer?, es muy simple: Compartir. ¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? Tenemos que adivinarlo nosotros mismos. No se trata de hacer esto o dejar de hacer lo otro, sino de fortalecer una actitud que nos lleve en cada momento a responder a la necesidad concreta del otro que nos necesita. Se trata de que desde el centro de nuestro ser, que es lo verdaderamente humano, fluya humanidad en todas las direcciones. Que todo nuestro ser se mueva desde la perspectiva del amor.
    La salvación, hoy como ayer, consiste en un convencimiento vivencial de lo que significa ser humano. No alcanzaré mayor grado de humanidad por ponerme nuevos capisayos (obras buenas, oraciones…), sino por dejar que fluya, desde dentro, mi verdadero ser. No tenemos que entrar en la dinámica de una programación para llegar a ser. Tenemos que descubrir lo que somos para actuar como lo que realmente somos. Sólo sacando fuera lo que tenemos dentro iremos alcanzando paso a paso, mayores cotas de humanidad. Lo que hacemos tiene que ser una exigencia de lo que somos. El obrar sigue al ser, no al revés.

    Por eso la Navidad a la que estamos preparándonos pide un cambio de mentalidad.

    No será posible la ALEGRÍA de la que habla Jesús al cual festejamos en estas Navidades, si no hay un cambio. Hay demasiada gente llorando…

    “Él se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo como en día de fiesta”

    Se nos invita a ser humanos, que el Dios que nos habita pueda hacer su obra en nosotros. Amén.

    DÉJENSE BENDECIR.

  8. La alegría es como el agua de una fuente, la vemos sólo cuando aparece en la superficie, pero antes ha recorrido un largo camino que nadie puede conocer, a través de las entrañas de la tierra. La alegría es la consecuencia de un estado de ánimo que se alcanza después de un proceso. Ese proceso empieza por el conocimiento, es decir una toma de conciencia de nuestro verdadero ser. Si descubrimos que Dios forma parte de nuestro ser, encontraremos la absoluta seguridad dentro de nosotros. Las realidades que vienen de fuera, se presentarán como secundarias, frente a la realidad divina presente en lo hondo de nuestro ser.
    Ésta tenía que ser la causa de nuestra alegría. Lo tenemos ya todo. No tenemos que alcanzar nada. No tenemos que cambiar nada de nuestro verdadero ser. Tenemos que descubrirlo y vivirlo. Nuestro falso ser se iría desvaneciendo y nuestra manera de actuar cambiaría. En Jesús lo hemos visto claro. Debemos descubrirlo también en nosotros.
    Satisfacer las exigencias de los sentidos, los apetitos, las pasiones nos proporcionará placer, pero eso nada tiene que ver con la felicidad. En cuanto dejemos de dar al cuerpo lo que nos pide, responderá con dolor y nos hundirá en la miseria.
    El reconocimiento de Dios, del que hablamos, no es racional ni discursivo, sino vivencial y de experiencia. Ésta es la mayor dificultad que encontramos en nuestro camino hacia la plenitud. Nuestra estructura mental cartesiana, no nos permite valorar otros modos de conocimiento. Estamos aprisionados, y nos impide llegar al verdadero conocimiento de nosotros mismos. Así permanecemos engañados creyendo que somos lo que no somos.
    La alegría de la que estamos hablando, no tiene nada que ver con la ausencia de problemas o con el placer que me puede dar la satisfacción de los sentidos. La alegría no es lo contrario al dolor o al sufrimiento. Si fundamentamos nuestra alegría en que todo me salga a pedir de boca, estamos entrando en un callejón sin salida. Cuando el dolor produce tristeza es que no lo estamos asumiendo desde la perspectiva de Jesús.
    ¿Qué debemos hacer?, es muy simple: Compartir. ¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? Tenemos que adivinarlo nosotros mismos. No se trata de hacer esto o dejar de hacer lo otro, sino de fortalecer una actitud que nos lleve en cada momento a responder a la necesidad concreta del otro que nos necesita. Se trata de que desde el centro de nuestro ser, que es lo verdaderamente humano, fluya humanidad en todas las direcciones. Que todo nuestro ser se mueva desde la perspectiva del amor.
    La salvación, hoy como ayer, consiste en un convencimiento vivencial de lo que significa ser humano. No alcanzaré mayor grado de humanidad por ponerme nuevos capisayos (obras buenas, oraciones…), sino por dejar que fluya, desde dentro, mi verdadero ser. No tenemos que entrar en la dinámica de una programación para llegar a ser. Tenemos que descubrir lo que somos para actuar como lo que realmente somos. Sólo sacando fuera lo que tenemos dentro iremos alcanzando paso a paso, mayores cotas de humanidad. Lo que hacemos tiene que ser una exigencia de lo que somos. El obrar sigue al ser, no al revés.

    Por eso la Navidad a la que estamos preparándonos pide un cambio de mentalidad.

    No será posible la ALEGRÍA de la que habla Jesús al cual festejamos en estas Navidades, si no hay un cambio. Hay demasiada gente llorando…

    “Él se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo como en día de fiesta”

    Se nos invita a ser humanos, que el Dios que nos habita pueda hacer su obra en nosotros. Amén.

    DÉJENSE BENDECIR.

  9. La alegría es como el agua de una fuente, la vemos sólo cuando aparece en la superficie, pero antes ha recorrido un largo camino que nadie puede conocer, a través de las entrañas de la tierra. La alegría es la consecuencia de un estado de ánimo que se alcanza después de un proceso. Ese proceso empieza por el conocimiento, es decir una toma de conciencia de nuestro verdadero ser. Si descubrimos que Dios forma parte de nuestro ser, encontraremos la absoluta seguridad dentro de nosotros. Las realidades que vienen de fuera, se presentarán como secundarias, frente a la realidad divina presente en lo hondo de nuestro ser.
    Ésta tenía que ser la causa de nuestra alegría. Lo tenemos ya todo. No tenemos que alcanzar nada. No tenemos que cambiar nada de nuestro verdadero ser. Tenemos que descubrirlo y vivirlo. Nuestro falso ser se iría desvaneciendo y nuestra manera de actuar cambiaría. En Jesús lo hemos visto claro. Debemos descubrirlo también en nosotros.
    Satisfacer las exigencias de los sentidos, los apetitos, las pasiones nos proporcionará placer, pero eso nada tiene que ver con la felicidad. En cuanto dejemos de dar al cuerpo lo que nos pide, responderá con dolor y nos hundirá en la miseria.
    El reconocimiento de Dios, del que hablamos, no es racional ni discursivo, sino vivencial y de experiencia. Ésta es la mayor dificultad que encontramos en nuestro camino hacia la plenitud. Nuestra estructura mental cartesiana, no nos permite valorar otros modos de conocimiento. Estamos aprisionados, y nos impide llegar al verdadero conocimiento de nosotros mismos. Así permanecemos engañados creyendo que somos lo que no somos.
    La alegría de la que estamos hablando, no tiene nada que ver con la ausencia de problemas o con el placer que me puede dar la satisfacción de los sentidos. La alegría no es lo contrario al dolor o al sufrimiento. Si fundamentamos nuestra alegría en que todo me salga a pedir de boca, estamos entrando en un callejón sin salida. Cuando el dolor produce tristeza es que no lo estamos asumiendo desde la perspectiva de Jesús.
    ¿Qué debemos hacer?, es muy simple: Compartir. ¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? Tenemos que adivinarlo nosotros mismos. No se trata de hacer esto o dejar de hacer lo otro, sino de fortalecer una actitud que nos lleve en cada momento a responder a la necesidad concreta del otro que nos necesita. Se trata de que desde el centro de nuestro ser, que es lo verdaderamente humano, fluya humanidad en todas las direcciones. Que todo nuestro ser se mueva desde la perspectiva del amor.
    La salvación, hoy como ayer, consiste en un convencimiento vivencial de lo que significa ser humano. No alcanzaré mayor grado de humanidad por ponerme nuevos capisayos (obras buenas, oraciones…), sino por dejar que fluya, desde dentro, mi verdadero ser. No tenemos que entrar en la dinámica de una programación para llegar a ser. Tenemos que descubrir lo que somos para actuar como lo que realmente somos. Sólo sacando fuera lo que tenemos dentro iremos alcanzando paso a paso, mayores cotas de humanidad. Lo que hacemos tiene que ser una exigencia de lo que somos. El obrar sigue al ser, no al revés.

    Por eso la Navidad a la que estamos preparándonos pide un cambio de mentalidad.

    No será posible la ALEGRÍA de la que habla Jesús al cual festejamos en estas Navidades, si no hay un cambio. Hay demasiada gente llorando…

    “Él se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo como en día de fiesta”

    Se nos invita a ser humanos, que el Dios que nos habita pueda hacer su obra en nosotros. Amén.

    DÉJENSE BENDECIR.

  10. La alegría es como el agua de una fuente, la vemos sólo cuando aparece en la superficie, pero antes ha recorrido un largo camino que nadie puede conocer, a través de las entrañas de la tierra. La alegría es la consecuencia de un estado de ánimo que se alcanza después de un proceso. Ese proceso empieza por el conocimiento, es decir una toma de conciencia de nuestro verdadero ser. Si descubrimos que Dios forma parte de nuestro ser, encontraremos la absoluta seguridad dentro de nosotros. Las realidades que vienen de fuera, se presentarán como secundarias, frente a la realidad divina presente en lo hondo de nuestro ser.
    Ésta tenía que ser la causa de nuestra alegría. Lo tenemos ya todo. No tenemos que alcanzar nada. No tenemos que cambiar nada de nuestro verdadero ser. Tenemos que descubrirlo y vivirlo. Nuestro falso ser se iría desvaneciendo y nuestra manera de actuar cambiaría. En Jesús lo hemos visto claro. Debemos descubrirlo también en nosotros.
    Satisfacer las exigencias de los sentidos, los apetitos, las pasiones nos proporcionará placer, pero eso nada tiene que ver con la felicidad. En cuanto dejemos de dar al cuerpo lo que nos pide, responderá con dolor y nos hundirá en la miseria.
    El reconocimiento de Dios, del que hablamos, no es racional ni discursivo, sino vivencial y de experiencia. Ésta es la mayor dificultad que encontramos en nuestro camino hacia la plenitud. Nuestra estructura mental cartesiana, no nos permite valorar otros modos de conocimiento. Estamos aprisionados, y nos impide llegar al verdadero conocimiento de nosotros mismos. Así permanecemos engañados creyendo que somos lo que no somos.
    La alegría de la que estamos hablando, no tiene nada que ver con la ausencia de problemas o con el placer que me puede dar la satisfacción de los sentidos. La alegría no es lo contrario al dolor o al sufrimiento. Si fundamentamos nuestra alegría en que todo me salga a pedir de boca, estamos entrando en un callejón sin salida. Cuando el dolor produce tristeza es que no lo estamos asumiendo desde la perspectiva de Jesús.
    ¿Qué debemos hacer?, es muy simple: Compartir. ¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? Tenemos que adivinarlo nosotros mismos. No se trata de hacer esto o dejar de hacer lo otro, sino de fortalecer una actitud que nos lleve en cada momento a responder a la necesidad concreta del otro que nos necesita. Se trata de que desde el centro de nuestro ser, que es lo verdaderamente humano, fluya humanidad en todas las direcciones. Que todo nuestro ser se mueva desde la perspectiva del amor.
    La salvación, hoy como ayer, consiste en un convencimiento vivencial de lo que significa ser humano. No alcanzaré mayor grado de humanidad por ponerme nuevos capisayos (obras buenas, oraciones…), sino por dejar que fluya, desde dentro, mi verdadero ser. No tenemos que entrar en la dinámica de una programación para llegar a ser. Tenemos que descubrir lo que somos para actuar como lo que realmente somos. Sólo sacando fuera lo que tenemos dentro iremos alcanzando paso a paso, mayores cotas de humanidad. Lo que hacemos tiene que ser una exigencia de lo que somos. El obrar sigue al ser, no al revés.

    Por eso la Navidad a la que estamos preparándonos pide un cambio de mentalidad.

    No será posible la ALEGRÍA de la que habla Jesús al cual festejamos en estas Navidades, si no hay un cambio. Hay demasiada gente llorando…

    “Él se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo como en día de fiesta”

    Se nos invita a ser humanos, que el Dios que nos habita pueda hacer su obra en nosotros. Amén.

    DÉJENSE BENDECIR.

  11. La alegría es como el agua de una fuente, la vemos sólo cuando aparece en la superficie, pero antes ha recorrido un largo camino que nadie puede conocer, a través de las entrañas de la tierra. La alegría es la consecuencia de un estado de ánimo que se alcanza después de un proceso. Ese proceso empieza por el conocimiento, es decir una toma de conciencia de nuestro verdadero ser. Si descubrimos que Dios forma parte de nuestro ser, encontraremos la absoluta seguridad dentro de nosotros. Las realidades que vienen de fuera, se presentarán como secundarias, frente a la realidad divina presente en lo hondo de nuestro ser.
    Ésta tenía que ser la causa de nuestra alegría. Lo tenemos ya todo. No tenemos que alcanzar nada. No tenemos que cambiar nada de nuestro verdadero ser. Tenemos que descubrirlo y vivirlo. Nuestro falso ser se iría desvaneciendo y nuestra manera de actuar cambiaría. En Jesús lo hemos visto claro. Debemos descubrirlo también en nosotros.
    Satisfacer las exigencias de los sentidos, los apetitos, las pasiones nos proporcionará placer, pero eso nada tiene que ver con la felicidad. En cuanto dejemos de dar al cuerpo lo que nos pide, responderá con dolor y nos hundirá en la miseria.
    El reconocimiento de Dios, del que hablamos, no es racional ni discursivo, sino vivencial y de experiencia. Ésta es la mayor dificultad que encontramos en nuestro camino hacia la plenitud. Nuestra estructura mental cartesiana, no nos permite valorar otros modos de conocimiento. Estamos aprisionados, y nos impide llegar al verdadero conocimiento de nosotros mismos. Así permanecemos engañados creyendo que somos lo que no somos.
    La alegría de la que estamos hablando, no tiene nada que ver con la ausencia de problemas o con el placer que me puede dar la satisfacción de los sentidos. La alegría no es lo contrario al dolor o al sufrimiento. Si fundamentamos nuestra alegría en que todo me salga a pedir de boca, estamos entrando en un callejón sin salida. Cuando el dolor produce tristeza es que no lo estamos asumiendo desde la perspectiva de Jesús.
    ¿Qué debemos hacer?, es muy simple: Compartir. ¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? Tenemos que adivinarlo nosotros mismos. No se trata de hacer esto o dejar de hacer lo otro, sino de fortalecer una actitud que nos lleve en cada momento a responder a la necesidad concreta del otro que nos necesita. Se trata de que desde el centro de nuestro ser, que es lo verdaderamente humano, fluya humanidad en todas las direcciones. Que todo nuestro ser se mueva desde la perspectiva del amor.
    La salvación, hoy como ayer, consiste en un convencimiento vivencial de lo que significa ser humano. No alcanzaré mayor grado de humanidad por ponerme nuevos capisayos (obras buenas, oraciones…), sino por dejar que fluya, desde dentro, mi verdadero ser. No tenemos que entrar en la dinámica de una programación para llegar a ser. Tenemos que descubrir lo que somos para actuar como lo que realmente somos. Sólo sacando fuera lo que tenemos dentro iremos alcanzando paso a paso, mayores cotas de humanidad. Lo que hacemos tiene que ser una exigencia de lo que somos. El obrar sigue al ser, no al revés.

    Por eso la Navidad a la que estamos preparándonos pide un cambio de mentalidad.

    No será posible la ALEGRÍA de la que habla Jesús al cual festejamos en estas Navidades, si no hay un cambio. Hay demasiada gente llorando…

    “Él se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo como en día de fiesta”

    Se nos invita a ser humanos, que el Dios que nos habita pueda hacer su obra en nosotros. Amén.

    DÉJENSE BENDECIR.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.