Las Navidades no son paparruchas

Diecinueve alumnos de 2º ESO A se suben al escenario en el festival que el Centro organizó el pasado 22  de diciembre para celebrar el final de un duro trimestre e iniciar uno de los periodos más entrañables del año, la Navidad. El que lo haya hecho alguna vez sabrá que pisar las tablas de un escenario no es fácil. Ver al público desde el otro lado, sentir clavadas la miradas de muchos pares de ojos expectantes ante lo que se ofrece, impone un respeto que no todas las personas son capaces de superar. Máxime cuando se tiene esa edad en la que está muy acusado el sentido del ridículo y el miedo a la opinión ajena. Junto a la emoción que se siente por exponer el esfuerzo y el trabajo realizado, embarga el miedo a fallar, el sudor frío que recorre el cuerpo ante lo desconocido, el temblor que impone el silencio y el respeto al público que escucha.

Sin embargo, estos diecinueve niños han sido capaces de hacerlo y con un resultado más que satisfactorio. A pesar de los pocos medios con los que se disponen, contamos con un vestuario y un atrezo que nos hicieron situarnos en la Inglaterra del siglo XIX de la mano de Charles Dickens con una adaptación teatral de su Cuento de Navidad. Saúl y Tatiana fueron los conductores de la obra, a modo de narradores, presentando personajes y escenas a la vez que  ayudaban en el escenario. Alexis, a pesar de su tendencia a la comicidad, asumió el papel huraño de Mr. Scrooge y supo transmitir que la Navidad es más que una época consumista del año y que se debe vivir con entusiasmo e intentando hacer el bien. David con su imponente a la vez que elegante figura supo captar la esencia de Marley, el socio muerto desde hacía siete años y que pretende advertir al protagonista de lo erróneo de su comportamiento. Al igual que Asier, espíritu de las pasadas, presentes y futuras navidades, que condujo perfectamente a Scrooge por su propia conciencia para producir ese cambio milagroso en su vida. Bob (Adrián) es el empleado de Scrooge que apenas tiene, debido a la usura de este, para compartir una escasa cena navideña con su familia: María, en el papel de esposa, y Daniela Acosta, Andrea y Servando, como sus hijos. Miguel representa al sobrino del protagonista que sí vive junto a su esposa Hellen, Celia, una Navidad muy entrañable, compartida al final también con Scrooge. El espíritu del pasado le recuerda lo bien que lo trataba su antiguo jefe, Mr. Fezziwig, Enrique, cuando él era joven, Samuel. Y como en toda Navidad, no pueden faltar los niños pues son los  que aportan más alegría a los hogares: Adriana, Esperanza y Mayela; junto con dos señoras que recaudan dinero para los más necesitados, que tristemente siempre los hay en cualquier sociedad: Paola y Daniela Cabrera.

En definitiva, Charles Dickens nos hace reflexionar sobre el sentido auténtico que debe imperar en estos días y que merece la pena emplear cada instante de nuestra vida en intentar hacer felices a los demás, al tiempo que lo somos nosotros. Así que afirmamos que la Navidad no tiene nada de paparruchas.

Agradecemos a la Directiva del Centro la oportunidad de poder llevar a cabo esta pequeña obra de teatro sobre un escenario, que aunque modesto, sabemos que estamos en el camino para poder seguir disfrutando la magia del teatro.

Elaine Medina y Mercedes Barrera, coordinadoras de la biblioteca y proyecto de teatro.

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