Julen: las dos caras de su adiós

La realidad siempre es poliédrica, presenta muchas caras y muchas verdades. Además, se puede analizar desde múltiples puntos de vista. La muerte del pequeño Julen ha conmocionado y estremecido a todo el país. Todos hemos sufrido las lentas horas de excavación y hemos sentido cada revés de la montaña que parecía empeñada en querer seguir albergando en sus entrañas al niño. Del dolor repetido de los padres es inútil hablar porque seguramente es imposible ni siquiera intuirlo. Sí comentaré dos caras opuestas de este país ante esta desgracia.

Por una parte, la mezquindad de las personas que sin recato, ni empatía, ni conmiseración se convirtieron en altavoces de mentes perversas que idearon todo tipo de bulos y juicios previos, desquiciados… que se realizaron en torno al infortunio que rodeó a la desaparición del niño. Es fácil reenviar un whatsApp que nos llega con todo tipo de elucubraciones porque parece que cuanto más escabroso es un asunto, más nos llama la atención. El papel de la prensa ha sido decisivo para la propagación de la noticia, pero quizás tampoco hubiera sido necesario entrevistar, por ejemplo, a la chica que les sirvió un día el desayuno a los mineros, o al ferretero que les vendió herramientas que necesitaban, y, mucho menos, estar preguntándoles continuamente cómo se sentían.

Por otro lado, es fácil que se nos agüen los ojos y se nos anude la garganta al ver la colaboración denodada de todos los equipos que participaron en el rescate. Saber que varias empresas españolas, y otras tantas extranjeras se ofrecieron, pusieron sus maquinarias al servicio de esta labor de forma rápida y efectiva. Los habitantes del tristemente famoso pueblo de Totalán colaboraron con todo lo que estaba en sus manos para apoyar a los participantes en el rescate o para arropar a la familia de Julen. Estos días hemos escuchado el lema de los mineros asturianos, considerados por muchos como héroes, mientras ellos comentaban que solo realizaban su trabajo, Ningún minero se queda en la mina y como ellos consideraban al pequeño como uno más, trabajaron con ahínco para rescatarlo y devolver su cuerpo a sus padres para el último adiós.

Aprendamos de esta última cara a ser prudentes en nuestras opiniones, reenviemos por redes sociales aquello de lo que estemos seguros que sea cierto, sintamos conmiseración con los sentimientos del prójimo, respetemos la labor de investigadores y policías… Sepamos, en fin, ponernos en la piel del otro, en la seguridad de que la piel de los padres de Julen hoy está muy triste.

Mercedes Barrera Tabares

Esta entrada fue publicada en General, Opinión. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.