Final de curso

Llegados a este punto del curso es buen momento para recordar aquellas palabras con las que dábamos la bienvenida al nuevo curso escolar y nos despedíamos del verano y sus cálidas tardes de felicidad. En aquel momento apelábamos al entusiasmo y ahora lo hacemos al esfuerzo para poder coronarlo con éxito.

Generalmente, nada que dé satisfacción conseguir se hace sin trabajo, en algunos casos desmedido. Esperar que nos regalen lo que es necesario conseguir con esfuerzo supone una pretensión que muchas veces es perjudicial y se vuelve en nuestra contra. Debemos pensar que en muy pocas ocasiones en la vida nos obsequian, si exceptuamos esos pequeños detalles que recibimos con felicidad en nuestro cumpleaños o allá por el 6 de enero, o quizá en alguna otra fecha especial o simplemente porque sí que son los que más dicha nos proporcionan.

Estudiar requiere un ejercicio de sacrificio y concentración que nadie puede hacer por nosotros. Pero, una vez que tenemos inoculado el deseo de aprender, cualquier nuevo conocimiento adquirido nos conducirá al deseo de seguir consiguiendo otros. Solamente las personas ignorantes se permiten despreciar la cultura y la formación y creen que el tiempo que se pasa delante de un libro, ya sea por aprender o por puro placer, es una pérdida de él. No hay nada que mejor defina a una sociedad que su grado de preparación y cultura, y no poseerlas la convierte en una anodina y vulgar. Luchemos para que la nuestra sea digna merecedora de estar en el primer mundo, no solo por el empuje económico sino también por el nivel intelectual y avance científico. Son ustedes, los jóvenes, los que tienen en sus manos y en sus neuronas la capacidad transformadora y de renovación del mundo en el que vivimos, y eso solo se consigue dominando los distintos ámbitos del saber.

Dejemos que el sol vuelva a dorar nuestra piel en estas próximas vacaciones, pero sabiendo que hemos hecho bien las cosas. Permitamos durante ellas, además, que los libros, los que leemos por placer, sigan llenando nuestra imaginación de historias que nos ayuden a entender otros mundos y otras vidas.

¡Feliz verano!

Mercedes Barrera Tabares.

Niños en la playa, de Joaquín Sorolla

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