Salud, dinero y amor

Ya lo decía aquella viejuna canción: Tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor… Sin embargo, gran parte de nuestra existencia la pasamos buscando denodadamente el amor y, sobre todo, el dinero. La salud la damos por supuesta, hasta que por algún avatar de nuestro cuerpo la vemos amenazada; entonces se convierte en la prioridad indiscutible. No digamos cuando intuimos que de esa enfermedad puede derivar el vacío absoluto, para los no creyentes, esto es, la muerte.

En los albores de este año 2020, comenzamos situando en el mapa de este mundo globalizado una ciudad llamada Wuhan. Supimos que es la capital de la provincia de Hubei y la urbe más poblada en la zona central de la República Popular China. Y nos empezó a retumbar en nuestros oídos el nombre de una enfermedad: coronavirus o covid-19. Nos parecía aquella ciudad un lugar remoto y hasta cierto punto exótico, casi todo lo oriental nos lo parece o parecía porque ya estamos todos muy uniformados. El virus, y con él el miedo, se ha ido acercando cada vez más a nosotros, hasta que en nuestra isla vecina de La Gomera apareció un primer caso en un señor extranjero que había viajado a China. Casos muy salpicados en un principio, que poco a poco se han ido convirtiendo en cada vez más numerosos. Ya no es solo China el país temido, sino que también lo es Italia por la gran cantidad de casos de contagios y muertes que se han producido en este país cercano. Se han prohibido o desaconsejado viajes a él, se han celebrado encuentros deportivos a puertas cerradas y, últimamente, se han suspendidos clases en colegios y universidades. En nuestro país también los casos son cada vez más numerosos.

¿Estamos realmente ante un caso de pandemia que puede poner en peligro nuestras vidas? ¿Es una simple gripe cuyo índice de mortalidad no es mayor que la de una común? Si atendemos a lo que circula por redes sociales, el péndulo oscila hacia los extremos: que si el hambre mata a más personas en el mundo (¡lo que seguramente es cierto!) y para la que no hay mascarillas que valgan; que si las farmacéuticas se van a forrar (¡o a seguir haciéndolo!) cuando salga la vacuna que evite la enfermedad; que si los gobiernos se pasan tomando medidas; que si los gobiernos no llegan con las medidas que deberían tomar; que si estamos sobreinformados; que si se está ocultando la verdad sobre este virus…

¿En qué quedará todo esto? No lo sabemos. Sí sabemos que la salud está influyendo en el dinero, pues la economía mundial se está resintiendo, e incluso en al amor, puesto que se está a punto de prohibir besos y abrazos como saludos habituales. Tenemos además la certeza de que cuando nuestra vida, tal y como la conocemos, con un horizonte amplio y diáfano, se pone en entredicho, todo lo demás se tambalea.

Mercedes Barrera Tabares

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