El elegido de los dioses, final de la historia

Queridos alumnos y compañeros,

Concluye el Plan lector del curso 2019/2020. En época de confinamiento y con el afán de que todos puedan saber cómo termina la historia de Añaterve, les mostramos la tercera y última entrega del pastor tigalatero, “El elegido de los Dioses”.

¿Será Añaterve capaz de controlar su colesterol? ¿Su esposa Dácil o el curandero lo meterán por vereda? ¿O el portugués lo seguirá llevando por mal camino? Aquí les dejamos la historia.

Calor que raja las piedras, calima que no deja ver la cumbre, no sudaba, su frente era un manantial. Pero continuaba subiendo, un paso más, y otro, otro más siempre apoyándose en su lanza para seguir avanzando. La subida en estas condiciones era dura, como duro había sido su despertar tiritando y empapado en sudores fríos a pesar del intenso calor de aquella mañana. El curandero, la daga, el velete, las escarpadas laderas de El Cabrito… Había vuelto a tener la misma pesadilla. Las imágenes se mezclaban confusas en sus sueños. El curandero permanece inmóvil en la cima, de pronto suelta un grito ininteligible, entonces un inmenso torrente de velete brota desde la daga que sostiene en su mano arrasándolo todo ladera abajo. Añaterve puede sentir cómo el velete arranca de sus manos su preciada lanza, vital en laderas como esta, siente su cuerpo arrastrado mientras el velete se va tiñendo del rojo de su sangre, sangre por todas partes, cada vez más rojo. Siente cómo su cuerpo va chocando y desarmándose contra brezos, pinos, codesos, retamas, vinagreras, tabaibas y salados hasta caer al mar. Medio muerto, consigue mantenerse a flote y recuperar su lanza, misteriosamente intacta. Ayudándose de ella logra trepar por los acantilados y volver a subir hasta lo más alto de la montaña. Cuando apenas le faltaban unos pasos para llegar a la cima, aparecía de nuevo el curandero impasible mientras el torrente de velete lo volvía a arrastrar y todo se repetía una y otra vez. Era agotador. La pesadilla se repetía cada tres o cuatro días. Después de semejante sueño sus piernas le temblaban y no conseguía reponerse hasta la puesta de sol.

Aunque nunca tuvo la intención de contarlas, calculaba que habría subido El Cabrito unas trescientas veces en las últimas diez lunas. Al principio lo hacía sin ganas, subía lento y bajaba con temor a marafustar, pero ahora subía rápido y bajaba ágilmente buscando los mayores desniveles para saltarlos a regatón muerto. Sufría con el esfuerzo de la subida, pero disfrutaba de la bajada, especialmente desde que el pequeño Bentacaise cumplió cinco años y Dácil permitía que lo acompañara en el tramo final del descenso. Añaterve lo miraba orgulloso mientras el niño se deslizaba por su pequeña lanza con la seguridad de un cabrero experimentado.

El curandero le había dicho: “No es necesario que sigas subiendo cada día, puedes cambiarlo de cuando en cuando por bailar “Sirinoque”. Pero Añaterve no era hombre de mucho bailoteo. Prefería seguir subiendo, especialmente ahora que podía llevarse a Bentacaise cada día un poco más lejos. Y así lo hizo hasta que Dácil le puso freno: “Mañana vamos a bailar” No hubo discusión. El curandero ya había confirmado que el elegido de los dioses, el primer canario con colesterol, estaba curado, y además se había convertido en el primero en correr como loco por las montañas por puro placer, probablemente el primer transvulcánico.

Texto de David Hernández Díaz.

Y para celebrar “El Día de Canarias” como lo haría Añaterve, les proponemos cantar y bailar un Sirinoque en familia, grupo de clase o de amigos (reunión virtual), grabar un vídeo y compartirlo con nosotros.

Pueden compartirlo en la siguiente dirección: anaterve@iesvillademazo.es

Les dejamos una muestra de “Sirinoque de La Palma”, interpretado por la agrupación «Echentive» de Fuencaliente.

Sin más, reciban un cordial saludo del equipo de trabajo de la Red BIBESCAN del IES Villa de Mazo.

Les deseamos una feliz lectura y un feliz día de Canarias.

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