25 DE NOVIEMBRE: DÍA INTERNACIONAL DE ELIMINACIÓN DE LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER

Según la Resolución 48/104 de 20 de diciembre de 1993 Asamblea General de la ONU, la violencia contra la mujer se entiende como todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado daño o sufrimiento físico, sexual o sicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada. .
En este campo hay un gran número de términos que aún teniendo definiciones más o menos claras, se prestan a confusión: “violencia de género”, “violencia doméstica”, “violencia familiar”, “violencia machista”… Hoy queremos dejar de lado la terminología y hablar, sencillamente de la “violencia que sufren las mujeres por parte de hombres conocidos”. Está comprobado que en aquellos grupos o sociedades dominadas por ideas “masculinas” hay más casos agresiones hacia la mujer. Esta conducta violenta contra la mujer se transmite de generación en generación, y son las sociedades las que le quitan importancia e incluso la justifican. Esta violencia no es más que el fruto de las desigualdades entre hombres y mujeres y, a su vez, algunos hombres la utilizan como instrumento para mantener esta desigualdad. ¿Cómo se consigue que dominen estas ideas “masculinas”? La respuesta a esta pregunta es, a través del proceso de socialización. Proceso en el que nos vemos inmersos desde el momento de nuestro nacimiento y que favorece la aparición de relaciones de desigualdad entre hombres y mujeres.
Es a través de este proceso de socialización, por el que asumimos valores culturales, normas y patrones de conducta propios de la sociedad en la que vivimos. A través de este proceso lo que se nos enseña depende de si hemos nacido niño o niña. Los modelos de comportamiento que nos enseñan o el papel que se nos asigna en la sociedad son diferentes en función de nuestro sexo y de ellos dependen nuestro modo de ser, sentir y actuar, haciendo que se mantenga la desigualdad entre hombres y mujeres.
Así, a través de la familia, la escuela y los grupos de iguales los niños y niñas van aprendiendo (y los adultos enseñando) y asumiendo cuáles son las normas aceptadas de comportamiento.
A pesar de nacer libres de estereotipos, a partir de los tres años ya nuestros hijos e hijas empiezan a distinguir cuáles son las “cosas de niños” y cuáles las “cosas de niñas”. ¿Quién lleva vestidos? ¿Quiénes juegan al fútbol? ¿Quiénes juegan a cuidar bebés? ¿Quién quiere ser astronauta? ¿Quién es más fuerte o más valiente? Así, poco a poco, los niños y niñas aprenden que ellos deben ser activos, fuertes, inteligentes, aventureros, seguros de sí mismos, valientes, dominantes, triunfadores, independientes, etc., Mientras que ellas deben ser tranquilas, risueñas, comprensivas, vergonzosas, pacientes, amables, tolerantes, obedientes, guapas, delgadas, sensibles, cariñosas, conformistas, etc.
Pero no debemos olvidar que, cuando hablamos de esa sociedad que nos enseña a ser diferentes, en realidad estamos hablando de cada uno de nosotros y nosotras, que, muchas veces sin querer, transmitimos a nuestros niños y niñas que no son iguales, que no tienen las mismas capacidades e, incluso, que no valen lo mismo. Y lo hacemos las veinticuatro horas del día, a través del nuestro vocabulario, nuestras decisiones, el reparto de tareas domésticas en nuestro hogar, de los juguetes que les compramos, de nuestros comentarios mientras vemos la televisión o incluso a través de los programas televisivos que elegimos ¿Cuántas veces hemos oído la frase “no llores que pareces una niña”? Podríamos buscar miles de ejemplos en nuestra vida cotidiana. La mejor manera de erradicar la violencia contra la mujer es persiguiendo la verdadera igualdad de género, eliminando las “ideas masculinas” que rigen nuestro día a día y recordando que, cuando una persona te pega, te humilla, te ridiculiza, etc… no es porque “ha tenido un mal día”, “está estresado en el trabajo” o “has hecho demasiado ruido mientras descansaba”… sino porque, simplemente, no te quiere.
Hoy acompañamos este texto de dos videos que una vez más nos ofrece la red. En el primero de ellos observamos la influencia del proceso de socialización. En él, se le pide a personas adultas y en edad escolar que “corran como una niña”. Es curiosa la diferencia entre adultos y niños y niñas. En el segundo, les presentamos un cuento para la reflexión.

 

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