Cuando los hijos no nos gustan.

Cuando los hijos no nos gustan

“Devolver a los hijos al remitente es un impulso que alguna vez les ha venido a todos los padres. Difícilmente quieren admitirlo y, sin embargo, muchos padres, con cierta frecuencia, se sienten desilusionados por sus hijos y exasperados por su conducta.

Antes de empezar a imaginar que se ha engendrado a un mal sujeto, los padres deberían preguntarse si ciertos comportamientos no son una fase normal del desarrollo. Cada fase del desarrollo de un niño requiere nuevos aprendizajes y correcciones. Algunas resultan más difíciles que otras. De ese modo no se sucumbe al pánico, porque se acepta que el problema es temporal.

Las dificultades que se experimentan con los hijos nacen frecuentemente de expectativas no realistas. Por eso, los padres que se irritan cuando su hijo de dos años no quiere estar sentado, pretenden sencillamente lo imposible.

Muchos padres detestan en sus hijos lo que detestan en sí mismos. Ven en los hijos sus mismos errores y podrían alarmarse al ver esos rasgos reproducidos en sus hijos.

Es peligroso pensar que un hijo nos recuerda a algún otro. Podemos sentir malestar si parece que manifiestan tendencias que asociamos a algún miembro de la familia, especialmente si se trata de uno al que no apreciamos mucho: “¡Es igual que su tío Pepe!” o “Es testarudo como  su abuelo”, son mensajes que culpabilizan injustamente. Cada hijo es una persona única y si proyectamos sobre él los sentimientos que nutrimos hacia otro, le negamos su identidad personal.

Está absolutamente prohibido etiquetar negativamente a los hijos. Será casi imposible librarse después de ello. La etiqueta puede convertirse en una descripción que después ellos realizan. Cuando los hijos saben que los padres los consideran desobedientes, perezosos, etc, empiezan a pensar que son así y actúan en consecuencia. “¿Sabes? Yo soy el patoso de la familia…”.

Es importante subrayar el lado bueno de los hijos. Podemos caer en el error de ver sólo sus defectos. Cuando somos constantemente críticos tenemos que hacer un esfuerzo para invertir la tendencia. Una observación positiva tiene un doble efecto. Nos da el placer de decirles algo cariñoso  a los hijos; los hace sentirse mejor y más dispuestos a colaborar con nosotros.

Un ejercicio útil es parase a observar a los hijos mientras están durmiendo. Es difícil tener sentimientos negativos hacia un niño que está durmiendo tranquilamente. Y mientras tanto, pensar en su vida: qué los motiva y qué los hace sentirse mejor y felices y qué, en cambio, los hace sentirse frustrados y los turba. Y que es posible hacer mejor la vida de cada día para toda la familia.”

Artículo de Bruno Ferrero.

familia feliz

Esta entrada fue publicada en Familias, Padres. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *