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«Defendámonos» en paz


Cada día vivo con ellos muchas experiencias, tenemos momentos de risas, de fiesta, de alegría pero también algunos de tristeza, llantos y peleas. Trabajamos cada día las normas de comportamiento, el compartir, el querer, el respeto, la convivencia y cuando se da algún conflicto lo intentamos solucionar mediante el diálogo. Esta es la historia de un niño que se llamaba Miguelito.

Autor: «Soraya Martín Rodríguez» descargar pdf Descargar pdf. Publicado el 22 Jun, 2011 en Experiencias (Revista III), Revista III | 0 comentarios

Como cada día a las 8.30h de la mañana me encuentro en el aula que he hecho mi pequeña casa con mis 25 alumnos de 4 años, cada uno de ellos con sus virtudes y sus defectos, pero al fin y al cabo grandes personitas que de la infancia pasarán a la niñez, a la pubertad y que en un futuro próximo llegarán a la adolescencia, ahí está nuestro trabajo, conducirlos en la vida no sólo en sus saberes sino en su camino para ser personas, tarea ardua pero gratificante.

Cada día vivo con ellos muchas experiencias, tenemos momentos de risas, de fiesta, de alegría pero también algunos de tristeza, llantos y peleas.

Trabajamos cada día las normas de comportamiento, el compartir, el querer, el respeto, la convivencia y cuando se da algún conflicto lo intentamos solucionar mediante el diálogo.

A veces y como en este momento es mi caso, nos encontramos con las barreras que nos ponen tanto la sociedad con tanta agresividad y el uso de la fuerza antes que el de la palabra, como las familias que muchas veces ven el camino fácil y como si gran hazaña fuese aconsejan a sus hijos a que se defiendan en momentos tan cotidianos como las riñas en los juegos a estas edades.

Después de verme en la tesitura de cómo tratar este tema tan importante, no con los niños porque lo hago cada día sino con los padres que velan por el bien de sus hijos, llegué a la conclusión de tratarlo en una reunión general y confeccioné un cuento para pensar.

Esta es la historia de un niño que se llamaba Miguelito.

Érase una vez un niño que se llamaba Miguelito, cuando nació era un niño precioso, su pelo, sus ojitos, sus mofletes, su sonrisa, todo destilaba ternura, era lo mejor que tenían sus padres (como no, igual que para cada familia su bebé es lo más importante).

Llegó el gran día en que Miguelito fue escolarizado en un colegio con tres años, al principio le costó un poco adaptarse pero poco a poco fue siendo acogido por su compañeros y por el calor de su maestra, todo iba sobre ruedas.

Cuando Miguelito cumplió los cuatro años siguió con los mismos compañeros pero la cosa cambió, entre ellos se peleaban por los mismos juguetes, por el material, en los juegos, la maestra cada día inculcaba a los niños que los problemas se arreglan hablando, que cada uno tiene que luchar por lo que quiere pero siempre mediante el diálogo y argumentando y explicando las cosas sin perretas, los niños lo hacían muy bien, y cada día tratábamos en clase los conflictos que se daban… la mamá habló con la maestra y le dijo que su hijo no pegaba, que era muy bueno y tranquilo. La maestra explicó a la mamá que es una etapa de la infancia y que los niños a estas edades pegan, lloran, molestan pero que aunque sea normal hay que regular esos comportamientos y que ellos deben aprender a afrontar situaciones en las que no puede ser lo que ellos quieran.

La mamá se fue convencida pero un día Miguelito llegó a casa con un arañazo en la cara y sus padres le dijeron que «debía defenderse«, que cuando un niño le pegara se defendiera. Pues eso hizo Miguelito, con cuatro años se defendió, con cinco también y con diez y con quince…, hasta que un día después de tanto defenderse, tal fue su agresividad que ni sus mismos padres pudieron controlarlo.

Miguelito terminó en la cárcel por un mal golpe que le dio a un chico en uno de aquellos tantos días en que se estaba «defendiendo«.

Una vez terminé el cuento, los padres callados se miraron unos a otros, intuí que la mayoría se sintieron aludidos, mis palabras fueron «no estoy juzgando a nadie, sólo quiero que reflexionen«, quiero que piensen en lo difícil que es inculcar a sus hijos unos valores cuando llevamos líneas de trabajo diferentes, sólo quiero que entre todos construyamos personas que aprendan a ser felices y dejen ser felices a los demás, y esa es una labor que debemos realizar conjuntamente.

«La infancia es un momento maravilloso que marca la vida de una persona»

 

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