eco escuela 2.0 | Acceder

Mamayaya


Según Mamayaya, las brujas ponían a los padres unas “dormideras” en las orejas para que estos no pudieran oír al crío; mientras ellas le chupaban la sangre. En esta ocasión no tuvieron éxito en su malvado plan, pero nuestra narradora nos cuenta que una vez encontraron a otro bebé tirado en una tajea totalmente mordisqueado y asegura que fue obra de las brujas.

Autor: «Juana Cabrera» descargar pdf Descargar pdf. Publicado el 29 Jun, 2011 en Colaboraciones (Revista I), Revista I | 0 comentarios

Mamayaya

Queridos todos:

Hace algún tiempo comencé a interesarme por la literatura oral canaria. El tema de los cuentos que rescaté gira en torno al misterio; a hechos y seres fantásticos ocurridos en nuestras Islas.

Mientras Doña Candelaria Martín Domínguez, conocida por todos sus seres queridos como Mamayaya, trajinaba en la cocina, preparándome una tacita de agua; me contaba sus historias que yo atesoré en mi arcón de grabaciones.

Me hice con esta fortuna en el año 1992, pero hasta poco tiempo antes de su muerte (agosto de 2007) las estuvo rememorando.

Pude haber utilizado este diamante en bruto que me llegó porque sí, para usarlo como base de un cuento escrito más elaborado, pero eso sería faltar a la intención con la que comencé; es decir la de echar un cabo a la literatura oral acaecida en las Islas Canarias.

En memoria a nuestra “viejita”, en memoria a Mamayaya, cuyo mayor galardón en la vida fue el de ser madre, abuela y bisabuela; quiero presentarles una de sus joyas que ella misma acompaña de dichos o cantares.

Mientras, entre mis manos, portaba un cacito mellado de agüita caliente, escuchaba la voz de la anciana que me transportaba al pueblo de Los Silos; a la casa de una niña recién nacida que acababan de bautizar.

Un ser indefenso al que había que proteger de brujas y brujos. Por tanto, entre los preparativos de la ceremonia, los familiares de la bautizada bordearon la casa con mostaza.

Después del bautizo se hizo una gran fiesta que se prolongó hasta la noche. Un grupo de parranderos fueron a buscar a Juan, el padrino de la criatura. Lo invitaban a que se uniera a la juerga que tenían montada.

Las carcajadas, la música entonada por aquellos instrumentos, el vino… todo parecía predisponerse para el disfrute de un buen ratito; así que Juan se unió a los parranderos.

Casi toda la noche estuvieron canturreando en la plazoleta del pueblo, pero decidieron continuar con la fiesta fuera de él. A la salida de Los Silos, en el cruce que va hacia La Palma Daute, existe una cruz a la que Juan saludó por costumbre; y “ansina” entonó este cantar:

“Salúdote Cruz bendita
árbol de los mil dolores;
donde clavaron a Cristo
por salvar a los pecadores”.

Cuando nombró a la cruz y al Cristo, Juan se quedó solo, todos los que lo acompañaban desaparecieron en el acto. (La narradora explica que eran brujas y brujos que por alguna razón querían sacarlo del pueblo).

Esa noche la recién nacida durmió entre sus padres, en la cama de estos. Cuando todos descansaban, la niña comenzó a llorar, pero sus progenitores parecían no oírla.

La abuela de la niña, a la que todos llamaban “Cho Mariquito” comenzó a dar voces para que atendieran a su nieta.
Con el griterío, por fin, se despiertan los padres que observaban que su hija no está con ellos en la cama. Desesperados buscan al bebé por todos lados; al que encuentran debajo de la cama.

Según Mamayaya, las brujas ponían a los padres unas “dormideras” en las orejas para que estos no pudieran oír al crío; mientras ellas le chupaban la sangre. En esta ocasión no tuvieron éxito en su malvado plan, pero nuestra narradora nos cuenta que una vez encontraron a otro bebé tirado en una tajea totalmente mordisqueado y asegura que fue obra de las brujas.

Estos seres se reunían siempre de noche en un lugar llamado Los Llanos, La Caleta. Bailaban y cantaban alrededor de una hoguera e invocaban a todos los brujos y brujas para que acudieran a la reunión.

Me contó que una vez faltó una de ellas a dicha cita por lo que, esa noche, repitieron varias veces este cantar:

“Cientos venimos,
cientos balilamos,
falta Josefa
la de Los Llanos”.

También, pude recoger este otro:

“De la Tierra del Trigo, el trigo,
de la Cuesta la cebada,
de La Caleta las brujas
que se ajuntan a manadas”

Cantar que aprovecho como broche final para cerrar lo que en su día me contó esta señora, símbolo de un pedacito de nuestra realidad canaria. Me enorgullezco de haber sido partícipe y vía de transmisión de esta riqueza.

Un saludo

Posdata: Sólo espero que, lo aquí contado, no sea sacado de contexto y que sea respetado, porque lo he hecho con la ternura que ella se merecía.

Deja tu comentario