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Viaje a otra galaxia


Todo empezó una tarde charlando con José, sí, ese marido mío que me dice siempre lo que ya conoce mi pensamiento. El comentario giraba alrededor del esfuerzo emocional de enseñar. Y ¿qué es eso?, preguntarán algunos. El profesor es dibujado muchas veces de forma idealizada: desempeña una profesión apasionante,  de entrega y compromiso hacia los […]

Autor: «Cristina Marcos Pérez» descargar pdf Descargar pdf. Publicado el 29 Jun, 2011 en Colaboraciones (Revista I), Revista I | 0 comentarios

Todo empezó una tarde charlando con José, sí, ese marido mío que me dice siempre lo que ya conoce mi pensamiento. El comentario giraba alrededor del esfuerzo emocional de enseñar. Y ¿qué es eso?, preguntarán algunos. El profesor es dibujado muchas veces de forma idealizada: desempeña una profesión apasionante,  de entrega y compromiso hacia los demás… No obstante, no todo son emociones positivas en ese paraíso imaginario. Muchas veces existe toda una escala de emociones negativas, ¿de verdad quieres saber lo que es una excursión galáctica? le decía, porque eso es lo que parecen a veces mis alumnos/as, unos aliens de otras galaxias.

Él, estudiante de psicología, me decía que el esfuerzo emocional que supone formar puede desembocar en una situación de desgaste, estrés y malestar muy intenso y que nosotros, los docentes, experimentamos el “burnout”. Y ¿eso qué es?, le pregunté. Porque a mí, eso me sonaba más a un plato francés que a algo relacionado con la docencia. En este punto de la charla me mostró su libro, en cuyas páginas describía como en un primer momento, los profesores nos incorporamos a la profesión con altas expectativas, con un objetivo claro de educar a los adolescentes “mis aliens”,  pero que después diversas fuentes de estrés van disminuyendo esa expectativa inicial. Las condiciones laborales, la falta de recursos, la presión temporal se convierten en obstáculos, muchas veces insalvables, que pueden hundir este entusiasmo. Este malestar docente no es inevitable, según seguía describiendo el libro, pues diferentes estudios han demostrado que es posible minimizar sus efectos mediante programas de entrenamiento en habilidades socioemocionales.

Así que, ya saben, si algún docente experimenta el “burnout”, recuerden que no es ningún plato francés.

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