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Caminar de la mano


Son múltiples y diversas las acciones que se pueden desarrollar desde el ámbito educativo para incentivar el acercamiento de las familias a la escuela, y mejorar la calidad de las interacciones. Por ejemplo, desde los centros educativos se podrían proponer espacios de reflexión-acción del profesorado sobre los estilos de relación que se establecen con la familia, explicitando sus expectativas y temores al respecto.

Autor: «Lucía Rodríguez Barrios, Carmen Rosa Marrero Amador, Daida Rodríguez Barrios y Noelia Delgado Hernández» descargar pdf Descargar pdf. Publicado el 14 Jun, 2012 en Orientación y Tutoría (Revista IV), Revista IV | 0 comentarios

Se puede afirmar, que el aprendizaje como seres humanos, está íntimamente relacionado con el tipo de relaciones, que establecemos en los contextos más importantes en los que participamos: familiar, escolar, social, más allá de aspectos biológicos.

En este sentido, familia y escuela son, por este orden, los dos ámbitos de socialización más importantes del ser humano y ambas deberían caminar de la mano.

Es ampliamente aceptado que diversos cambios sociales que se han producido en las últimas décadas han modificado la estructura familiar y el papel de los centros escolares; así como la relación que se establece entre estas instituciones.

De este modo, la escuela ve depositada en ella muchas de las responsabilidades que tradicionalmente había ejercido la familia. Además, en ocasiones, se siente incapaz de atender a la diversidad cultural y social con la que se encuentra, y transmitir conocimientos, lo que en principio puede parecer su función principal.

En realidad, las familias y los centros escolares tienen un mismo objetivo: el desarrollo integral (físico, afectivo, intelectual, social,…) de sus hijos/as o alumnos/as. Sin embargo, se oye con frecuencia que tanto las familias como el profesorado sienten poca comprensión, apoyo o que son desautorizados por los otros. Es llamativo tanto desencuentro cuando las metas son tan afines.

Sin embargo, las familias y el profesorado mantienen una implicación diferente en relación a la educación de los/as niños/as, algo que, en principio, es necesario que sea así. No obstante, las diferencias en cuanto a estructura jerárquica, creencias, normas, aspectos culturales… influye en la aparición de conflictos entre ambos sistemas.

En el ámbito educativo asociamos colaboración entre la familia y la escuela con la participación. En este sentido, entendemos que si no incluimos dentro de los procesos de enseñanza aprendizaje del alumnado a sus familias, no podemos hablar de colaboración.

Pero ¿qué entendemos por participación? En el lenguaje de los centros, es un término que se utiliza para describir conductas de las familias que van desde la asistencia a una reunión informativa, participar en las fiestas del colegio, asistir a entrevistas individuales, pertenecer a la asociación de padres, etc. Además, de aquellas acciones que se realizan en casa relacionadas con el ámbito educativo.

El gran reto es conseguir que colaboración entre la familia y escuela se base en la optimización de recursos y capacidades de uno y otro: los educadores pueden «aprender» de las familias y las familias pueden, a su vez, «aprender» de los educadores y educadoras. Es muy importante reconocer y partir de la base de una igualdad, devolviendo a las familias la idea de que son muy capaces e importantes dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje de sus hijos e hijas.

Son múltiples y diversas las acciones que se pueden desarrollar desde el ámbito educativo para incentivar el acercamiento de las familias a la escuela, y mejorar la calidad de las interacciones. Por ejemplo, desde los centros educativos se podrían proponer espacios de reflexión-acción del profesorado sobre los estilos de relación que se establecen con la familia, explicitando sus expectativas y temores al respecto. A partir de aquí se podrán proponer acciones que faciliten el acercamiento: cómo hacer reuniones atractivas para las familias, cómo redactar las comunicaciones escritas, en qué actividades de la escuela podrían participar las familias, cómo enfrentar demandas urgentes, qué hacer con las familias que nunca acuden a la escuela, cómo abrir el aula a la participación de las familias (protagonista,…), organizar encuentros y jornadas donde se creen espacios informativos y formativos de interés,…

Además, desde la escuela debemos ser capaces de escuchar a las familias, evitando emitir juicios de valor y, al mismo tiempo, solicitar su colaboración. Por último, no podemos olvidar otorgarles el reconocimiento de su papel en los avances de sus hijos e hijas.

HACE FALTA TODA UNA ALDEA PARA EDUCAR A UN NIÑO


Autoras:
Lucía Rodríguez Barrios, Carmen Rosa Marrero Amador, Daida Rodríguez Barrios y Noelia Delgado Hernández

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