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TDAH: Implicación Familia – Escuela


Usualmente, la familia empieza a tomar conciencia de que existe un problema cuando los comportamientos de su hijo o hija les generan circunstancias incómodas a nivel social y familiar (comparación con otros niños de la familia, por ejemplo.), todas aquellas situaciones en las que empiezan a sentirse cuestionados como padres y madres y sentir frustración ante estos hechos.

Autor: «Noelia Delgado Hernández. EOEP ISORA. (Adeje)» descargar pdf Descargar pdf. Publicado el 14 Jun, 2012 en Orientación y Tutoría (Revista IV), Revista IV | 0 comentarios

Cada día en nuestros centros tenemos más casos de alumnado con diagnostico de trastorno por déficit de atención con/sin hiperactividad (TDAH). A este respecto, una de las cuestiones que desde el Sistema Educativo hay que tener en cuenta es cómo afecta el entorno y el medio en el que se desarrolla el niño o la niña con TDAH.

Primero debemos conocer que cuando se utiliza el término TDAH hacemos referencia a un trastorno crónico que se inicia en la infancia y se caracteriza, principalmente, por dificultades para mantener la atención, hiperactividad o exceso de movimiento e impulsividad o dificultades en el control de los impulsos.

Desde los centros debemos acompañar a las familias en el proceso de identificación y aceptación que supone el tener un hijo o hija con TDAH.

Usualmente, la familia empieza a tomar conciencia de que existe un problema cuando los comportamientos de su hijo o hija les generan circunstancias incómodas a nivel social y familiar (comparación con otros niños de la familia, por ejemplo.), todas aquellas situaciones en las que empiezan a sentirse cuestionados como padres y madres y sentir frustración ante estos hechos.

    Nadie puede dudar que educar es una tarea difícil y complicada, pero como dice R. A. Barkley, Catedrático en Medicina y unos de los especialistas en TDAH con más reconocimiento a nivel internacional: «Educar a un hijo con TDAH es una tarea compleja. Las familias se ven obligadas a buscar profesionales y recursos sociales. En fin supone superar un reto más para educar a su hijo»

    Para las familias es difícil entender y comprender un trastorno de este tipo. Además, en muchas ocasiones, si analizamos el entorno, nos encontramos con las típicas justificaciones del tipo: «el padre era igualito», «tiene un tío al que le pasaba igual», «cuando crezca se le quita», etc. Es decir, normalmente en las primeras etapas de la vida los niños y las niñas con TDAH muestran una serie de exigencias hacia la familia que, analizadas a posteriori, indican las primeras señales del trastorno, aunque, lógicamente, en ese momento no suelen identificarse como tales. Sólo cuando se incorporan a grupos de iguales (escuelas infantiles, reuniones familiares,…) comienza la auténtica preocupación de la familia al tener la referencia de otros niños o niñas.

Una vez que las familias ya conocen el diagnóstico de TDAH y se inicia el contacto con los distintos profesionales que intervienen con su hijo o hija, una de las cuestiones a valorar es su reacción ante la situación que se les presenta, ya que esta toma de conciencia puede resultar determinante para la posterior evolución del niño o la niña con TDAH.

Según, la doctora en Ciencias de la Educación, Isabel Orjales, si las familias son capaces de entender la problemática en estos momentos, «facilitará su adecuado desarrollo evolutivo e integración en los diferentes contextos sociales».

    Por nuestra parte, desde la escuela, debemos formarnos para reconocer los síntomas en nuestro alumnado y, así, si fuera necesario, comenzar acciones orientadas hacia ellos y hacia sus familias.

    En cuanto a las familias tendremos que guiar y ayudarlas a enfrentarse a las situaciones que el trastorno de su hijo o hija les va a exigir, en la mayoría de los casos las familias necesitan ayuda y pautas para resolver los problemas que esta situación les genera.

En definitiva, y citando una vez más a Barkley, desde la escuela en la intervención con las familias del alumnado con TDAH, deberíamos plantearnos, como mínimo, el apoyo a la aceptación del diagnostico y las implicaciones del trastorno; ayudarles a restablecer la capacidad de manejo sobre los comportamientos del niño o la niña y apoyarles en el control de sus propias emociones.

Es decir, familia y escuela debemos colaborar juntos en este proceso. Son contextos necesarios para que este alumnado alcance un desarrollo adecuado tanto a nivel cognitivo, social y competencial, al igual que el resto de sus compañeros y compañeras.


BIBLIOGRAFÍA:

Barkley, R.(1999) Niños hiperactivos. Cómo comprender y atender sus necesidades especiales. Barcelona: Paidos.

García, M.(2003) Mitos, errores y realidades sobre la hiperactividad. Bilbao: COHS Consultores.

Miranda, A., Amado, L. Jarque, S. (2001)Trastornos por déficit de atención con hiperactividad. Una guía práctica. Málaga: Aljibe

Moreno, I(2005) El niño hiperactivo. Ed . Madrid: Pirámide

        Orjales, I. (2005), Déficit de atención con hiperactividad. Manual para padres y educadores. Madrid: CEPE.

AUTORA:

Noelia Delgado Hernández. EOEP ISORA. (Adeje) Abril de 2012

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