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La lectoescritura en mi praxis docente (con o sin caducidad)


“El método silábico podría valer como método base y otro u otros utilizarse cuando hay alumnos con dificultades para la diferenciación de las letras por problemas, a veces, de tipo orgánico. La discriminación fonética y los grafemas correspondientes deben ir de la mano. Más tarde, la construcción de frases y el análisis de las mismas, para una consolidación de los conocimientos adquiridos (métodos globales), pero no sin antes, trabajando la identificación de las sílabas en series de palabras de menos a más dificultad y no a la inversa, pues ralentizaría en demasía, el desarrollo de los aprendizajes.”

Autor: «Tomás Abdullah Guillén. CEO Bethencourt y Molina» descargar pdf Descargar pdf. Publicado el 6 Jun, 2011 en Experiencias (revista 17)

La lectoescritura en mi praxis docente (con o sin caducidad)

Sin entrar en un exhaustivo estudio de cuál debe ser el método más adecuado para el aprendizaje de la lectura y escritura, y sirviéndome la experiencia de varios años como fuente de respuestas a algunos interrogantes, hago los comentarios que a continuación desarrollo, respetando pero no compartiendo muchas aseveraciones de algunos docentes defensores de un método determinado, porque seguro que han utilizado, digamos sin querer, recursos tanto visuales como fonéticos propios de otros sistemas o metodologías. Sin embargo, y a pesar de todo, cada profesor elogia el método aplicado cuando los resultados, desde su punto de vista, les son favorables y éste es tanto más positivo cuanto mayor predisposición se tenga para aplicarlo. Un método menos bueno puede resultar óptimo si se suple sus deficiencias con un trabajo bien planificado y adaptado a las diferencias individuales.

De todas formas, creo que no vale un método determinado, sino la combinación de métodos, aunque siempre partiendo de un método base y los otros como coadyuvantes, de complemento. El método silábico podría valer como método base y otro u otros utilizarse cuando hay alumnos con dificultades para la diferenciación de las letras por problemas, a veces, de tipo orgánico. La discriminación fonética y los grafemas correspondientes deben ir de la mano. Más tarde, la construcción de frases y el análisis de las mismas, para una consolidación de los conocimientos adquiridos (métodos globales), pero no sin antes, trabajando la identificación de las sílabas en series de palabras de menos a más dificultad y no a la inversa, pues ralentizaría en demasía, el desarrollo de los aprendizajes.

Pienso que el proceso del aprendizaje parte siempre de lo elemental para ir pasando a lo complejo. El niño conoce el objeto pero necesita tiempo para nombrarlo según un código preestablecido, silabeando termina dándole su uso correcto. Dicho de otro modo, el lenguaje mental es instantáneo, mientras el verbal necesita tiempo aunque se domine el vocabulario. El niño, de acuerdo que tiene visión sincrética de las cosas, pero éstas tienen un nombre y para llegar a emitirlo se unen una serie de sonidos (fonemas) conjugados y que va conociendo de forma paulatina y ascendente.

El alumno después de adquirir una imprescindible coordinación óculo-manual y  orientación espacial (derecha –izquierda, arriba-abajo, derecho-revés,…) y siempre con la práctica adecuada y la claridad en las exposiciones, para evitar en lo posible el acecho prematuro de algún tipo de dislexia. La utilización de una libreta de dos rayas  podría ser la más aconsejable, hasta que por la uniformidad de las letras se deduzca el uso de otras libretas. La libreta cuadriculada, según mi opinión, frena el ritmo en la escritura y a la postre tarda más en alcanzar su propio estilo caligráfico.

Siempre, considero de gran importancia, sin tener miedo de pecar de reiterativo, insistir en el orden y la limpieza. Tanto una como la otra de esas constantes son determinantes en la consecución de una buena escritura. Los buenos hábitos y la disciplina higienizan el proceso e inducen más rápidamente a la comprensión y expresión escrita.

La lectura y la escritura deben seguir paralelamente, sin independizarse una materia de la otra. Conviene que el libro de lectura sea la libreta de escritura e ir aprendiendo a leer de inmediato, después de tomar la copia correspondiente y de la consiguiente y pertinente revisión. Esta se escribe en la pizarra, el niño la copia, luego se lee tantas veces como sea necesario, sin caer en la monotonía, para a posteriori estudiarla hasta leerla con fluidez. La poesía me sirvió de gran recurso para un dominio, in crescendo, de lo aprendido. Primero leía la misma, dándole la entonación adecuada y respetando  las pausas, para después continuar los alumnos, siguiendo un orden, en función del  dominio que, anteriormente, hubiese demostrado cada uno. Los alumnos menos capaces eran los últimos, sin importar que, de oírla tantas veces, la dijesen de memoria y no respetando el orden silábico, para no mermar su autoestima hasta que, realmente, consiguiesen los aprendizajes prefijados.

¿Qué orden se sigue en las lecciones? Sencillamente, y después de aprendidas las vocales, el alfabético, haciendo algunas salvedades, como en el caso de la “y” que se introduce en las primeras lecciones para facilitar, desde los primeros momentos la construcción de frases sencillas. Las palabras se van formando de menor a mayor complejidad con la combinación de las letras aprendidas y éstas sin rebasar el silabeo directo en una primera fase; más tarde se introducirán sílabas inversas y compuestas.

También considero importantísimo y de gran recurso didáctico el hacer todos los días pequeños dictados relacionados con las lecciones dadas, para afianzar cada vez más las letras aprendidas.

En algunas lecciones se plantean cuestiones de tipo pedagógico con el fin de que algunos alumnos superen posibles deficiencias, sobre todo en lo que a los órganos de fonación afecta, pues son numerosos los casos de que una incorrecta acomodación de ellos favorecen la difícil diferenciación fonética de ciertas letras. Luego en el plano de la escritura se manifiestan claramente tales imperfecciones orales.

Si no se corrige a tiempo el anormal funcionamiento de los órganos de fonación se adquieren hábitos difíciles de erradicar. Así hay niños que confunden la “p” y  “b”, la “g” y  “j”, la “b” y “d”, la “p” y “q”, etc.

Otro aspecto a considerar en el plano de la escritura y previendo posibles anarquías en el trazo de las letras, es el hacer hincapié sobre la verticalidad o inclinación derecha o izquierda, sobre todo de los palos consonánticos. Pronto se detecta la tendencia del niño hacia uno de los tres sentidos anteriormente citados; por ello, es necesario favorecerlo al respecto, corrigiéndole aquellas letras que se salen del general sentido inconscientemente elegido. De esta forma va gestando su propio estilo caligráfico. Hay que cuidar, en lo posible, que predomine la sencillez en el trazo y evitar ornamentos innecesarios, pues impide en algunos niños, un aprendizaje rápido y fluido; ya tendrá tiempo de ornamentar las letras a su gusto, sin caer claro está, en extremismos siempre desechables que desvirtúen la legibilidad, priorizando la estética de la escritura a la comprensión.

En mis trabajos de aula se iniciaba el estudio de las vocales y sus combinaciones, concienciando al niño que cada una de ellas tiene un enorme valor, no sólo léxico (gráfico) sino como elementos de significación completa (semantema); la “a”, “e” y “o”, principalmente, en sentido exclamativo; después la unión de ellas en “oí”, “oía”, “ea”, formando diptongos y triptongos. En definitiva, estaría preparado, desde un principio, para cerciorarse de la efectividad de unas letras, que en muchas ocasiones, como hemos visto, forman palabras.

Desde el primer momento se tendrá en cuenta la comprensión lectora. Para ello, hará ejercicios de frases incompletas, basándose en la lección correspondiente; más tarde, éstas se saldrán de su libro de texto, que no es otro que su cuaderno de escritura como he citado anteriormente.

La expresividad o entonación es imprescindible para comprender lo que lee; el alumnado va venciendo las pausas silábicas a medida que aumenta el dominio en la lectura, mientras tanto la línea tonal se altera pasando de un sentido longitudinal y discontinuo, consecuencia de la duda en el reconocimiento de los fonemas, a un sentido curvo continuo y rítmico, pues hasta le da la fuerza de voz o tilde en la sílaba correspondiente; esto, y sin darse cuenta ya que el esfuerzo es mínimo, le prepara para un posterior conocimiento de las reglas de la acentuación.

En contra de los detractores de los métodos sintéticos, que alegan, entre otras cosas, no apoyarse en bases psicológicas científicas, manteniendo su inoperatividad por no corresponder la letra o la sílaba a ideas inteligibles y, a la postre posponer  la inteligencia a la mecanización, creo que ésta lo que hace es codificar -ordenar- unos esquemas bases que el niño va a tener presente y que no es sino sencillamente una forma de estructurar el pensamiento; luego la inteligencia, abonado ya el campo, se encarga de lo demás.

Posdata.-El anterior artículo se escribió a principios de los años ochenta. De modo alguno se hace público como ejemplo a seguir, sólo fue mi experiencia y mi opinión vertida, en aquellos años, sobre aspectos metodológicos. Así que, ni por asomo, quiero que sirva de motivo para la polémica.