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La lectura en tiempos de la tablet


Resumen Una experiencia de lectura colectiva para 1º de ESO de la novela” Charlie y la fábrica de chocolate”, del británico Roald Dahl y su interacción, una vez terminada la lectura, con la película del mismo nombre del director Tim Burton. Los resultados, además del provecho pedagógico, consisten en el deleite estético del cine tras […]

Autor: «Roberto Martín Merino» descargar pdf Descargar pdf. Publicado el 19 Nov, 2014 en Experiencias (revista 20), Revista 20

Resumen

Una experiencia de lectura colectiva para 1º de ESO de la novela” Charlie y la fábrica de chocolate”, del británico Roald Dahl y su interacción, una vez terminada la lectura, con la película del mismo nombre del director Tim Burton. Los resultados, además del provecho pedagógico, consisten en el deleite estético del cine tras una lectura pormenorizada y colectiva de la novela.

Una vez terminada la última página, cuando cerraron el libro, sintieron como nunca antes en su vida la sublime sensación de cerrar las tapas por última vez, sin necesidad de marcapáginas. La lectura, si bien ligera para un lector avezado, resultaba ideal para un grupo de chavales de entre 12 y 15 años, muchos de los cuales se jactaban diariamente de que a ellos no les gusta leer. Su imaginación se despertaba, cada mañana de cada viernes, en la hora de lectura colectiva. Habían llegado a sentirse ellos también los protagonistas de aquella magnífica historia, en la piel de un niño con pocos recursos, que vive con sus padres y abuelos, malnutrido y de una dulzura exquisita. Los profesores les ayudaron a colorear los paisajes que las palabras que cada capítulo ofrecía les desentrañaban algunas argucias del escritor, y les intentaron guiar en su camino a la abstracción literaria, que es lo mismo que decir en el camino hacia la libertad individual. Cuando a uno de esos renacuajos le tocaba leer, el resto seguía la lectura en silencio, con el único sonido de sus ojos mientras saltaban líneas. Así comenzaron a respetarse los unos a los otros, sin discursos inoperativos del maestro, que de nada le habían servido durante el curso. Se ganaron el respeto los unos a los otros porque todos compartían el placer por seguir escudriñando los rincones de aquella bendita fábrica llena de sorpresas.

Así, cuando uno de aquellos niños leyó el último párrafo del último capítulo y todos cerraron su libro, hubo unos instantes de silencio, o eso les pareció a los profesores, que pudieron contemplar admirados la reacción de aquellos pequeños lectores. Alguna miraba la ilustración de la portada, como deseando que ese libro estuviera otra vez virgen a sus ojos, otro palpaba sus tapas distraído. Había quien revolvía entre las tripas del libro para reencontrarse con las ilustraciones de su interior; no faltaban aquellos que perdieron su mirada entre la espesura del aula, en un acto de inercia, aún enfrascados en el negro sobre blanco. Una vez superado el nirvana, siempre tan efímero, las miradas se clavaron en los profesores, se esperaba que ellos pudieran continuar el viaje magnífico que cada mañana de cada viernes habían recorrido juntos. Pero un profesor no es más que un lazarillo, alguien que muestra puertas para que otro pueda hacer lo que quiera con ellas. Y así año tras año, como gotitas de agua que se derraman de un grifo mal cerrado.

Por suerte, alguien decidió hacer cine de aquella novela, y también la pudieron ver en grupo, como camaradas que tienen algo que compartir. Era de una belleza superior contemplar aquellas caras. La película estaba en el rostro de esos formidables niños. Lo que su imaginación había dibujado, ahora se materializaba en forma de imagen y sonido. Había momentos en que la viveza de las escenas impactó tanto al alumnado, que algunos ensanchaban las aletas de su nariz, como para oler a chocolate caliente. Otros se miraban, entre cómplices y socarrones, cuando una escena no se resolvía como su imaginación había comprendido.

Y así, con la praxis, comprendieron qué es eso de disfrutar de una película tras la lectura del libro. Aprendieron a interpretar cine, con análisis y crítica, e interiorizaron que toda satisfacción viene precedida de un ejercicio de esfuerzo para alcanzar cotas de placer ilustrado e irracional. Por eso ahora están esperando con fruición que un nuevo libro caiga en sus manos, para volver a sentir el deleite inenarrable que supone cerrar la última de sus páginas.

La experiencia que hemos descrito se ha llevado a cabo en un grupo que cuenta con varios alumnos de NEAE. Si se nombra a los profesores en ciertas ocasiones del artículo, es porque se contó con el apoyo de una pareja educativa en el aula en determinadas ocasiones, acogiéndose al programa actual de parejas educativas existente en el centro. La experiencia no sólo fue positiva, sino que se está repitiendo con la novela Manolito Gafotas, de Elvira Lindo.

BIBLIOGRAFÍA:

  • Dahl, Roald. Charlie y la fábrica de chocolate, 1964. Editorial Alfaguara.
  • Burton, Tim. Charlie y la fábrica de chocolate, 2005 (película)