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Espacio de expresión literaria para el alumnado

PREPARANDO LA NUEVA ENTREGA DE “THE STUDENTS CAVERN”

Nuestros alumnos se convierten en redactores. Desde Prácticas Comunicativas los alumnos de 2 ESO comienzan a redactar los nuevos textos que aparecerán en la próxima entre va de nuestra revista THE STUDENT’S CAVERN. El reto, ahora, son los microrrelatos de terror que tendrán su propio espacio en la revista después de una minuciosa selección: RELATOS DE LA CAVERNA. Jugar con las palabras es crear y eso lo saben hacer muy bien nuestros inquietos espíritus creadores y a todos ellos les recordamos que seguimos teniendo un espacio abierto en nuestro BLOG para que compartas con nosotros tus historias.

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ABRIMOS EL RINCÓN LITERARIO CON CARLOS CABRERA

Para celebrar el IV Centenario de Cervantes y El Día del Libro hemos abierto un nuevo espacio en nuestro blog para todos aquellos alumnos y profesores que no dudan en coger la “pluma” para escribir “cosas con alma”. El primer alumno en lanzarse a la piscina y que ha querido mostrar sus escritos es Carlos Betancor Cabrera  4º A. Sus juegos de palabras nos invitan a a leer y a experimentar con el arte. Son muchos los alumnos que tienen este DON así que este espacio es idóneo para todos aquellos que necesiten expresarse a través de la palabra. A partir de ahora, alumnos y profesores se unen para dar vida a este espacio. No dudes en compartir tus creaciones (relatos, poemas, letras de rap…). Nos los puedes hacer llegar al Departamento de Lengua Castellana y Literatura y desde allí serán difundidos. Anímate. Solo hay que escribir y dejarse sentir.

Águila

Remontaré el vuelo como un águila, seré certero con una flecha, atacaré como un león y me haré grande como un rascacielos. Mi meta sigue siendo ser identificado como alguien, como el hombre que fue capaz de poner las cartas sobre la mesa y hacer que animales comiencen a ser personas y personas no sean tratadas como animales. Busco la libertad, que escuches un puñado de mis letras y reflexiones. Busco que se respete a toda persona, porque al fin y al cabo todos somos carne y huesos. Quiero que cuando muera, mis cenizas vuelen con el viento y sean libres. Me gustaría posarme sobre las estrellas y tatuarles mis frases para que todos pudieseis verlas. Me gustaría retar al sol y apostarle que brillaré mas que él.

Cruel

Sé lo que es la crueldad, porque tocó a mi puerta con diez años. Sé lo que es el dolor, porque vi a mi padre llorar por primera vez en mi vida. Sé lo que es la ausencia porque mi tío me duerme todas las noches desde lo más alto. Sé lo que es la superación porque mi hermana sacó una carrera con nota teniendo que aguantarme. Sé lo que es el coraje porque mi padre hace malabarismos para llegar a fin de mes. Sé lo que es la pérdida porque sé que he perdido a mi abuelo cada vez que duermo. Sé lo que es la angustia por que mi primo tuvo cáncer con dieciséis años. Sé lo que es el valor cuando llevas a toda tu familia a cuestas y les animas a seguir adelante. Sé lo que es la libertad cuando tiemblo escribiendo estas palabras. Sé lo que es una lágrima cuando me brotan al saber todo lo que ellos han pasado. Sé lo que es amor cuando mi madre me mira a los ojos. Sé lo que es el orgullo, cuando se me llena la boca al decir que soy un Betancor. Sé lo que puedo ser cuando miro a la ventana, y no a un espejo.

Dolor.

Dicen que cuando se va una, viene otra mejor. Dicen que del dolor se aprende. Dicen que después de la tormenta viene la calma. Dicen muchas cosas. Solo las malas son ciertas, por lo menos en mi mundo. Vivo en un mundo en el que solo saben hacer daño. Vivo en un mundo en el que me hacen sufrir constantemente. Y eso, eso cansa. Y cansa porque frustra, la impotencia de ser bueno y que te jodan, la impotencia de no poder hacer nada porque tus principios lo impiden.

Nervio de hierro

Sentí frío, tenía la cara embarrada y los dedos como estalactitas. Alcé la cabeza, levantando el casco, me impedía ver al enemigo. Me levanté en la trinchera para retroceder posición y recibí una inesperada bienvenida del calibre 308. Uno de ellos acertó blanco desde 200 metros, y supe que no había salida. Para mí por lo menos no, me convertiría en un mártir más de una batalla cualquiera, me pondrían un par de rosas en mi lápida, una medalla al valor, y luego la historia se olvidaría de mí.

Pero… ¿Realmente quiero esto? ¿Quiero ser un mártir? ¿O convertirme en un héroe de guerra? No. Este no era mi final. Yo decido mi destino. Y mi destino es ser grande, no ser uno más. Abrí los ojos, vi explosiones, tierra, humo, y a mi lado uno de los nuevos reclutas de mi compañía, con un balazo en la cabeza. “Ese hijo de puta tiene puntería”, me dije a mí mismo. Levanté el brazo y me brotaba la sangre en el hombro izquierdo. ¡Ja! ¡No tiene tanta puntería! Exclamé sintiendo un atisbo de fuerza en mi pecho. Me rajé una manga de mi camisa y me apliqué un torniquete en el hombro. No había tiempo de sacarme la bala, y probablemente, si lo intentase aquí, acabaría como ese recluta de al lado. Me levanté mal herido, y con cuidado, recogí mi casco, mi Thomson, y arrastrándome salí de allí. Me encontraba en Iwo Jima, una de las islas bajo el control japonés, y probablemente una de las batallas más sangrientas que he visto en mi vida. Volví moribundo al lugar de desembarco, en el cual me atendió uno de los médicos en uno de los puestos avanzados y pude recuperarme durante un par de horas. Escuchaba el estruendo de los obuses, las armas disparando, soldados americanos agonizando, y aun así seguía sin creerme que salí vivo de aquel infierno. Cuando me recuperé, cogí mi equipo y partí hacia las primeras lineas de combate. El escuadrón Charlie estaba acorralado en una de las trincheras más cercanas a un nido de ametralladora que no hacía más que dificultar el avance, así que me tocaba actuar. Mi sargento me ordenó partir de inmediato, solo podía coger un par de cargadores del remolque y partir hacia la ubicación de Charlie. Cuando llegué no me fue difícil divisar el pelotón, pues eran los únicos en todas la playa siendo acribillados por ese nido. Habían sufrido bajas, así que no me podía entretener mucho en observar el bonito paisaje salpicado de obuses y cadáveres con armamento sin usar. Me movilicé hacia un puesto colindante al nido, que por casualidad estaba desierto. Esto me extraño bastante, dado que si estamos atacando la isla deberían de estar todos los apostamientos bajo dominio de americanos o japoneses. Conseguí flanquear el nido y atacarle desde casa, me acerqué al agujero, lancé una granada y corrí hacia uno de los surcos que había dejado un mortero. Cuando llegué me percaté de que la herida en mi hombro se había abierto, y estaba demasiado lejos como para volver a base. Me reuní con el pelotón Charlie y les dije que yo era la única ayuda. Les pregunté por el médico y me señalaron un soldado con más de veinte agujeros de bala en el pecho. Me acerqué a él le quité su chapa, me la guardé en el bolsillo y me apliqué el alivio necesario para paliar el dolor y recogí los pertrechos médicos restantes. Me asombré cuando me di cuenta de que prácticamente todos los soldados a los que había salvado tendrían la edad de ir al instituto y estar en el equipo de fútbol con el que tantos sueñan. Entre ellos había uno que destacaba al resto. No por ser más corpulento, más feo, o más viejo, destacaba por una cosa totalmente contraria. Su mirada… Era la mirada mas fría que había visto en toda la isla. No transmitía miedo como los demás, ni pena por sus compañeros muertos… No. Veía ira. Veía sed de vendetta. Les ordené saquear los cuerpos para reabastecerse y continuar la marcha.

Perdido.

Explícame qué hago ahora sin tus besos,sin tus caricias sin tus abrazos, sin tus mimos. Explícame cómo andaré por la calle sin olvidarme de mirar a los lados, o de salir de mi casa y nadie me recuerde que coja una chaqueta. Explícame para qué me saltaré entrenamientos para ver tu sonrisa. Explícame para qué me escaparé de clase para gritar que te quiero en la puerta de tu aula. Explícame para qué miraré unos ojos azules, si no son lo tuyos.

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