Reflexiones sobre el concepto filosófico del tiempo (y III)

Terminamos esta serie que reflexiona sobre el concepto Tiempo con dos disertaciones de alumnos de 1.º de Bachillerato:

  • El tiempo. ¿Qué es el tiempo? ¿Para qué sirve? El tiempo no es más que el cambio de las cosas, muchos alegan a él para explicar el universo. Si lo miramos desde una perspectiva más ordinaria se podría decir que el tiempo es una magnitud que sirve para medir el transcurso de eventos. Asimismo el tiempo es lo más valioso después de la vida, ya que al acabarse la vida se termina nuestro tiempo, por lo menos dentro de lo que conocemos.
    En esta breve introducción he separado el tiempo en dos tipos, uno que se sitúa en un espacio más generalizado y otro centrado en cada uno de los seres humanos como individuos.
    En el primer de los casos, el tiempo es un componente más, al igual que las cuatro fuerzas que formaron el universo que hoy en día conocemos. Aquí el tiempo actúa camuflado como el cambio de las cosas. Desde el principio de los principios este factor, ha sido el principal para que todo se desarrolle y evolucione, todo en este universo está formado por tiempo. Constantemente recreamos viajes tanto al pasado, ¿hace cuánto que todo comenzó?, como al futuro ¿cuándo acabará?, y es que aunque nos cueste admitirlo el tiempo se agota y habrá un momento en el que todo lo que conocemos termine y quizás comience algo nuevo o quizás no. Sin embargo esta idea es extremadamente difícil de asimilar, puesto que no somos capaces de imaginar “la nada», donde ni siquiera el tiempo tiene influencia.
    En la segunda opción planteada vemos un tiempo al que le damos mucho valor, del que tratamos de sacar el máximo provecho. Muchas frases célebres escriben sobre ello, por ejemplo, “La gente vulgar solo piensa en pasar el tiempo, el que tiene talento… en aprovecharlo», esta idea pertenece a Arthur Schopenhauer. Es totalmente cierta, ¿qué sería de nosotros si no aprovecháramos ese valioso tiempo? Nos arrepentiríamos cuando ya fuera tarde de no haber utilizado correctamente o de otro modo la oportunidad que se nos presentó, ¿y por qué ese arrepentimiento? Porque como anteriormente nombré el tiempo es limitado, por lo menos el nuestro lo es. Y es por eso, que es tan valioso, tanto, que somos capaces de cambiar nuestros poderosos billetes por conseguir unos días más de vida que nos aporte un poco más de tiempo. Como débil e ignorante y humana que soy, yo también daría todo por un poco más de el preciado tiempo. Creo que no hay mejor modo de terminar esta reflexión sino diciendo “Carpe Diem».
    Lucía González Hernández 1.°Bachillerato

  • Pitágoras, cuando era preguntado sobre qué era el tiempo, respondía que era el alma de este mundo”, Plutarco

Tal y como lo entendemos hoy en día, el tiempo es una magnitud (t), la cual puede ser medida de forma precisa (segundos, minutos, horas, etc.) mediante relojes atómicos. Además, se entiende a esta magnitud como una dimensión más entrelazada con las otras tres dimensiones espaciales que ya conocemos (x, y, z), las cuales pueden ser entendidas como tres vectores. El tema se pone interesante cuando nos damos cuenta que, ya que el espacio está representado con tres vectores (dado que son tres dimensiones), el tiempo únicamente se encuentra representado por un vector, el cual tiene su dirección y sentido, y quizás no es una locura pensar qué ocurriría si en lugar de un único vector, hubiese dos vectores representando el tiempo, o tres, o los que sea, tal y como ocurre con el espacio.
Lamentablemente, yo no puedo dar nada parecido a una respuesta a la pregunta formulada ya que mi conocimiento acerca del tema es muy reducido. Simplemente quería mostrar la cara más mecanicista y científica que pude encontrarle al tiempo.

Si nos vamos al terreno más misticista o esencialista podemos enfocar el tema de mil formas diferentes y pueden darse cientos de interpretaciones a los cientos de preguntas posibles. Zenón de Elea aportó una famosa paradoja con el tiempo de protagonista que decía así: si la unidad mínima de tiempo es un instante (y estos no duran nada) y el tiempo está compuesto de ellos, el tiempo no duraría nada, es decir, el tiempo no existe. Esto obviamente surge al discretizar el tiempo y no entenderlo como un continuo (que es la versión más comúnmente aceptada). Pero todavía existen más enfoques que pueden dársele al tiempo, incluso algunos de ellos con toques románticos: “¿Qué puedo contar yo acerca del tiempo?, si hasta al abrir este documento de texto para empezar a redactar mi reflexión me
tomó más de dos horas tan siquiera escribir la primera palabra. Vemos el tiempo pasar por delante nuestra y se nos escapa, no hay nada que podamos hacer para evitarlo.” La gente normal suele a enfocar al tiempo como un ente que todo lo puede. El tiempo te da experiencias, enseñanzas, cicatrices, te muestra la verdad, qué es real y qué no, lo que te conviene y lo que te perjudica… en definitiva, tenemos al tiempo como un ente que debe ser respetada y apreciada. Y es por esto que se ha creado tanta cultura, especulación y preguntas alrededor del mismo, ¿cuántas veces hemos dicho “no tengo tiempo”? o “Eso es un desperdicio de tiempo” o algo similar. El tiempo aparece adherido en nuestra rutina casi como de forma implícita en la vida, y es por esto que se le da tanto valor: mientras los niños pierden tiempo jugando con la consola, los abuelos dicen “estás malgastando tu infancia, y es lo más preciado que tienes…”. Si bien es cierto que cada individuo puede hacer lo que desee con su tiempo, parece que una vez que tenemos consciencia de lo efímero que es el mismo, intentamos aprovechar cada momento.

Nuno Cerviño Luridiana. 1.º de Bachillerato.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *