Nuevo panel de Biblioteca: «Día Internacional de la Mujer»

Celebramos en la biblioteca de nuestro centro el día 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, como uno más en el que reivindicar la igualdad en esta sociedad tan compleja en la que actualmente convivimos. Las restricciones que debemos respetar por la pandemia no nos permiten realizar las acciones que en años anteriores hemos hecho pero, nos hemos centrado en elaborar un panel en el que te invitamos a descubrir y reflexionar sobre el importante papel que la mujer tiene en la sociedad.

Mujeres en el mundo de la ciencia, de las artes, de la literatura, del deporte, de la filosofía nos acompañan en este panel. Hay muchas más mujeres e innumerables campos de actuación. Son estas un pequeño ejemplo de las metas que podemos alcanzar y nos inspiran a seguir luchando por ellas. Este año hemos elegido una representante canaria en cada uno de estos grupos y con orgullo, entre ellas, dos ex-alumnas de nuestro centro: Andrea Santana y Sara Socas.

Cada año una profesora del centro escribe un texto para reflexionar sobre el papel de la mujer en la sociedad. Este año es Ana Belén Déniz, profesora del Departamento de Química de los Ciclos Formativos. Su texto, que encontrarás en el panel y aquí publicamos, es emotivo, personal y reivindicativo. Una muestra de la importancia de la familia y del papel de las mujeres en este entorno. Su propia experiencia nos invita a reflexionar sobre estos temas y a luchar por nuestras ambiciones. Visibilidad, educación, respeto, igualdad, bienestar personal, libertad, coeducación son algunos de los términos presentes en nuestro panel donde la mujer se representa como un gran árbol con frondosa vegetación y ramas que se extienden abonadas por el conocimiento y la lectura. Ese libro que nos atrapa para ensanchar nuestros horizontes está justamente en el tronco del árbol donde enraiza con la tierra. Leer, descubrir, aprender y luchar cada día por la igualdad. Desde la Biblioteca de nuestro centro te animamos a ello.

Relato: “Ayer, hoy y¿mañana?”

Ana Belén Déniz, Profesora del Departamento de Química en los Ciclos Formativos del IES Tegueste

Mi abuela paterna no sabía leer ni escribir: nació en 1909 y a los 9 años tuvo que dejar el colegio para ponerse a trabajar, así que lo poco que pudo aprender se le olvidó. Pero siguió trabajando fuera de casa hasta que se jubiló: y cobró pensión, no solo la de viuda. Su marido, mi abuelo, tampoco sabía escribir, ni coser, sin embargo, la máquina Singer estaba a su nombre, porque en la España de 1952 a las mujeres no se les daba crédito ni se les permitía tener propiedades, aunque fueran trabajadoras con nómina, como era el caso.

Mi abuela materna tampoco sabía leer ni escribir. Nombraba mucho a su madre, que sí sabía, y me decía que aún muy mayor mi bisabuela se entretenía leyendo revistas o lo que le cayera entre las manos …. y lo decía con pena de sí misma, porque ella nunca tuvo la posibilidad de aprender. Me miraba con envidia sana cuando me ponía a leer algo delante de ella. Mi madre, de la que siempre me ha asombrado su capacidad de disección de los hechos y su franqueza, quiso aprovechar la oportunidad: una beca en Madrid para estudiar magisterio, pero mi abuelo no se lo permitió, porque “las mujeres no estudiaban”.

En cambio, el mío, desde que fui pequeña, alentó en mí el espíritu científico, motivándome a hacerme preguntas y a encontrar el porqué y el cómo de las cosas. Nos decía a mi hermana y a mí: “Ustedes estudien para que no dependan de nadie”. Siguió el ejemplo de sus padres que, aunque analfabetos ambos, eran muy lúcidos y lo tuvieron clarísimo: la única oportunidad de prosperar en la Canarias de posguerra era estudiar, así que les procuraron estudios tanto a su hija mayor como al pequeño.

Así que yo, nieta de analfabetos e hija de padres con gran espíritu crítico y de análisis, acabé estudiando ingeniería: quería averiguar para qué servían las matemáticas, la física y la química. Ingeniería: una carrera “tan poco femenina”, o “habrase visto: ¡una mujer ingeniera! ¿¡a dónde vamos a llegar!?”…. Pues ¡hasta el infinito o más allá! Porque el cielo es el límite, aunque hay un techo de cristal con el que tropezamos, pero entre tod@s tenemos que romperlo.

Por eso me indigno cuando oigo lo de las violaciones en manada, que parece que se ha vuelto una detestable moda; las noticias de mujeres muertas a manos de sus parejas; a niñas que empiezan a vivir que justifican que sus novios las controlen; la política de algunas empresas según la cual, la mujer no pueden ascender y tener un puesto superior al de su marido cuando ambos son miembros de su plantilla….Pero ¿esto qué es?¿la involución de la sociedad occidental? … ¿Y el derecho al voto femenino y a decidir sobre nuestro propio cuerpo? : ¿dónde quedarán?

Así que si esto me indigna, imaginen el sentimiento que despiertan en mi la ablación, los matrimonios infantiles, mujeres a las que no se les permite conducir, ni salir solas de casa sin compañía masculina…..

Así que me rebelo: leo porque mis abuelas no pudieron; viajo sola – por aquellas a las que no se les permite; soy independiente y vivo con un hombre al que le gusta que me gobierne sola; ejerzo mi derecho al voto porque se lo debo a aquellas y aquellos que lo tenían prohibido; fomento en mi alumnado el espíritu crítico. Y me pregunto: ¿dónde llegaríamos – como sociedad global – si las mujeres fuéramos iguales en derechos y deberes a los hombres?

Ana Belén Déniz

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