ENTREVISTA A MARÍA TERESA LOZANO GALLEGO

María Teresa Lozano Gallego, profesora del Departamento de Matemáticas protagoniza la entrevista de este número. Durante muchos años ha formado parte del Claustro, tanto como profesora como directora del Saulo Torón y es una gran conocedora del funcionamiento de los Centros educativos.

En su extensa trayectoria ha trabajado con una gran variedad de alumnado, no solo por los cambios en las leyes de educación sino por su actividad en los diferentes turnos de mañana y noche. La versatilidad en la explicación de una  materia tan complicada ha sido una de sus señas de identidad como profesora.

Sin embargo, como ocurre con casi todos, conocemos muy poco de su trayectoria fuera del Centro. Esta es nuestra oportunidad de ponernos al día.

  1. Queremos iniciar la entrevista haciendo referencia a tu infancia. ¿Qué recuerdos destacarías de esos primeros años?

Nací en Madrid a finales de 1951, cuando todavía la postguerra estaba muy presente. Escaseaba todo y, a pesar de la dificultad de encontrar vivienda, eran muchas las familias numerosas. Yo soy la mayor de una familia de trece hermanos. Mi madre era maestra, pero cuando nació el tercer hijo tuvo que dejar la escuela para atendernos. Mi padre trabajaba en tres sitios distintos. Sólo así podíamos comer tanta gente. Vivimos durante muchos años en un piso con tres dormitorios y un baño. De día era una casa normal pero de noche de los muebles empezaban a aparecer literas. Había literas hasta de cunas. Los alumnos de hoy no pueden ni imaginar cómo se vivía: seis, siete, ocho,  nueve o diez niños que tenían que salir al colegio por la mañana y otros dos o tres que quedaban en casa porque aún no tenían edad para ello. Hoy resulta milagroso que saliéramos con la cara y las manos limpias y habiendo desayunado. El milagro lo obraban la madre y las dos hermanas mayores, que teníamos que ocuparnos de todo antes de ir, nosotras también, primero al colegio, después al instituto y a la universidad.

Lo que más me ha marcado de mi infancia  es la exigencia constante de mis padres. “Eres la mayor y tienes que dar ejemplo”

  1. ¿Cuándo comenzó a formarse tu vocación docente? ¿Influyó en ello alguien en especial?

Soy hija, nieta y sobrina de maestras. En casa no sólo mis padres enseñaban. Los mayores enseñábamos a los pequeños. De hecho, de los trece hermanos, cuatro nos dedicamos a la enseñanza.

  1. Es inevitable la pregunta sobre tu llegada a Canarias. ¿Qué motivo te indujo a establecerte en las Islas?

Cuando yo era joven las madres temían que sus hijos hicieran la “mili” en Canarias. Se decía que las mujeres canarias tenían tal atractivo que muchos soldados se enamoraban y se quedaban a vivir aquí. En mi caso fue al contrario. Un canarión fue a trabajar y estudiar a Madrid y … aquí sigo, con cuatro hijos que presumen de canarios y catorce años después de morir mi marido.

  1. ¿En qué Institutos has trabajado?

Empecé trabajando en Madrid, en el Instituto “Cardenal Herrera Oria” y, ya en Gran Canaria, dos años en La Aldea, Gáldar (un año), Guía, vuelta dos años a Madrid, dos años en Las Palmas y desde entonces, de nuevo en Gáldar.

  1. Con familia numerosa es todo un reto la conciliación entre vida doméstica y laboral. ¿Cómo lo has conseguido?

Cuando me casé, muy joven, ya tenía mucha experiencia tanto en criar niños como en compaginar esa labor con los estudios. Además, siempre estuvo a mi lado mi marido. Era un hombre único como profesor (sus alumnos lo adoraban y lo admiraban) y también como esposo y padre. Yo me ocupaba de la logística: compras, comidas, ropas, etc  y él de educar con su enorme sensibilidad a nuestros cuatro hijos y de mediar cuando surgía cualquier problema. Muchas veces, también, de suavizar la rigidez de mi carácter que, fruto de una infancia muy exigente, ha sido y sigue siendo mi principal defecto.

  1. Durante la época del BUP el horario lectivo del alumnado constaba de 29 horas. Uno de tus logros como directora del Centro fue conseguir el término de las clases de los viernes a las 13 horas, y sin la ayuda del Calcplan. ¿El trabajo burocrático se ha complicado desde entonces?

Todo, no solamente el trabajo burocrático se ha complicado desde entonces. La enseñanza ha dejado de ser básicamente la transmisión de conocimientos y valores que ayudan a los jóvenes a encontrar y ocupar su lugar en la sociedad. Y digo la enseñanza porque entiendo que  educar, que es guiar o conducir, es algo que se hace desde el nacimiento y son los padres los mayores responsables. El problema es que en la sociedad actual el terreno de juego de la educación y la enseñanza no se queda en la familia y la escuela. Primero las mujeres, a quienes desde siempre correspondía la educación y el cuidado de los hijos, nos fuimos incorporando cada vez más al mundo del trabajo. Después, y día a día con mayor fuerza, han irrumpido los ordenadores, los dispositivos móviles, las redes sociales… y la sociedad no consigue hacer la digestión de tantos cambios. Ni los padres ni los maestros hemos sido capaces de encontrar nuestro papel y ya no está claro quién ni cómo se encarga de guiar y conducir a las nuevas generaciones. A mí no me parece que programar mucho nuestro trabajo y rellenar muchos papeles vaya a formar parte de la solución.   

  1. ¿Has percibido cambios entre el alumnado del BUP y el de la ESO?

Por supuesto. Los alumnos, la escuela y toda la sociedad han cambiado en los últimos quince o veinte años. Un estudiante de BUP tenía claro que unos años de esfuerzo estudiando le conducían a un puesto en la sociedad que llevaba a una vida mejor. Hoy no veo nada claro que niños que, en su mayoría desde la cuna lo han tenido todo sin  el menor esfuerzo por su parte, al crecer vean la necesidad de estudiar con ahínco. Además, la misma sociedad  que les demanda más y más formación, les ofrece cada vez menos oportunidades de futuro. Y nosotros, padres y maestros, no veo que estemos encontrando la manera de ayudar a los jóvenes a cambiar a mejor este mundo que les dejamos en herencia o, al menos, a adaptarse a él sin sufrir demasiado. 

  1. A lo largo de tantos años dedicada a la enseñanza habrás vivido situaciones curiosas. ¿Nos podrías contar algunas de las anécdotas propias de tu actividad docente?

No es propiamente una anécdota. En mi época de profesora en La Aldea fui un día a comprar carne y encontré a la hija del carnicero, que era una de mis alumnas atendiendo la carnicería y haciendo ejercicios de  Matemáticas en el papel de estraza que utilizaba para envolver la carne. Yo creo que aquello influyó mucho en mi modo de valorar el trabajo de mis alumnos: Todo el cariño y el apoyo para los que se esfuerzan por aprender, a veces con muchas dificultades; pero tolerancia cero para los que, teniéndolo todo, desperdician las oportunidades que sus padres, sus profesores y la sociedad en su conjunto ponen a su alcance. Está claro que esta visión no me ha hecho muy popular entre algunos alumnos.

  1. Una carrera como la nuestra da a veces muchas satisfacciones, pero en ocasiones nos vemos inmersos en alguna que otra decepción. ¿Podrías hacernos un balance de tus vivencias, tanto positivas como negativas de esta nuestra profesión?

Uf! ¿Cómo hacer balance de cuarenta y tres años dedicados a una profesión como la nuestra, donde hemos tenido la oportunidad de influir en la vida de miles de jóvenes?

Lo más positivo, el aprecio de muchos alumnos que encuentras y te recuerdan con cariño, aunque tú, en muchos casos, hayas olvidado su nombre. Lo más negativo, la conciencia de que muchos otros pensarán  que no has sabido ayudarles, y probablemente con razón.

  1. La agricultura no está reñida con las matemáticas. De hecho, el mundo rural es a menudo la inspiración de los temidos problemas. ¿Nos podrías hablar de tu interés por esa actividad?

Si. Está el divertido problema de la patata que pueden leer en este enlace: http://www.elotrolado.net/hilo_el-problema-de-la-patata_1420618

El trabajo del agricultor, para un profesor, es un modelo. Tienes que sembrar en la época adecuada y alimentar y cuidar de cerca lo sembrado para que, dentro de un tiempo, puedas recoger una buena cosecha. Y no valen las prisas. El premio no es inmediato ni se consigue sin esfuerzo. Y el resultado puede malograrse  por muchos motivos, a pesar de tus cuidados: El terreno puede ser pobre,  y habría que haberlo enriquecido antes de sembrar; no hemos elegido el cultivo adecuado para nuestro terreno; la sequía hace disminuir la cosecha,  pero el exceso de lluvia la arruinará, etc

Cuando murió mi marido, compré una casita con un  cachito de tierra en el campo e intenté cultivar. No he pasado de ser una agricultora muy mediocre…

  1. Hablando de matemáticas… ¿Por qué crees que suele ser la asignatura con mayor dificultad para el alumnado?

La humanidad ha evolucionado a lo largo de cientos de miles de años y sólo en los últimos milenios, pocas mentes privilegiadas, con capacidad de abstracción, han aprendido a escribir, a contar y a calcular. Hoy la enseñanza es obligatoria hasta los 16 años pero el aprendizaje requiere capacidad de razonar y, sobre todo, esfuerzo y constancia. Para los niños y los jóvenes de hoy, no creo que deba ser más difícil aprender Matemáticas que a escribir bien o a hablar inglés, por ejemplo. Cuestión distinta es que nos planteemos  por qué muchos de nuestros alumnos salen del instituto con grandes déficits en estas materias.

  1. ¿Qué recomendaciones harías para los futuros profesores?

 En nuestra profesión no caben recomendaciones.  Pero puedo decir lo que yo he aprendido: Sólo puedes esperar ser útil a tus alumnos  si disfrutas con tu trabajo y eres capaz de transmitirles tu entusiasmo. Y serán muchos los días en que, aún así,  salgas del aula muy consciente de que  no has estado a la altura, aunque no siempre sepas el porqué.

Al final, nada compensa más que oír, después de una o dos horas seguidas de clase, que los alumnos te dicen que se les ha ido el tiempo sin darse cuenta. Y esa satisfacción no se paga con dinero.

  1. Ahora que comienzas una nueva etapa con más tiempo libre, ¿has pensado en otras ocupaciones?

Todavía tengo que pasar el duelo. Me va a costar.

La Redacción

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