Caminando por la calle

   Lo que algunos interpretan todavía hoy como piropo puede constituir para las mujeres un auténtico martirio que limita su libertad y sus movimientos. Por eso, el Ayuntamiento de Barcelona sopesa actualmente multar a aquellos que insulten o acosen por la calle a terceros motivados por diferentes cuestiones, entre otras el género y la orientación sexual.

   Un viaje en transporte público, un paseo por determinados barrios en verano, la playa o el trayecto al trabajo pueden convertirse en una auténtica pesadilla de machismo verbalizado para una mujer sola o, en menor medida, acompañada por otras.

   Ya hay quien cree que está más que demostrado que hace falta regular el acoso verbal en la calle. Existen varios países cuya legislación ya incluye esta figura: en Portugal, tras dos años de debate, se llevó o a cabo una reforma de ley a principios de 2016 que tipifica el abuso verbal callejero como un delito cuyas penas pueden ir de los 120 euros de multa hasta un año en prisión, que aumenta a dos si la persona objeto del delito es menor.

   Perú ha aprobado recientemente una ley que define el acoso como aquel acto que impacta la libertad y la dignidad de movimiento o cualquier otro derecho a la integridad física y moral de una persona, ofensas que conllevan penas de hasta 12 años de cárcel.

   Únicamente la penalización no acabará con este fenómeno en las calles, y será necesaria una labor de educación, pero considerar el acoso verbal callejero un delito no solo ayudaría a garantizar la libertad de las mujeres, sino también de otros colectivos como el LGBT y algunas minorías.

EVA DALLO, publicado en Yodona (04/02/2017) (adaptación).

¿Por qué crees que se meten con la chica del vídeo?

¿Este tipo de actitudes deberían estar penalizadas?

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